FIESTAS

La emoción vence a las gotas: Elche celebra un Domingo de Resurrección cargado de júbilo, color y tradición

La procesión de las Aleluyas, marcada por un cielo incierto y el recuerdo de la suspensión del año pasado, volvió a llenar las calles de Elche de papel, fe y fiesta
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Daniel Ruiz Perona
20 de abril de 2025 - 16:05

Estaba escrita en el cielo. Desde bien temprano, la amenaza de lluvia se asomaba sobre Elche, pero ni el gris ni las primeras gotas pudieron empañar la cita más luminosa de la Semana Santa ilicitana: el Domingo de las Aleluyas. Pasadas las once, la ciudad se preparaba para vivir ese instante mágico en que el luto cede paso al blanco, la solemnidad se funde con la fiesta, y el silencio del Viernes Santo se rompe con tracas, cohetes y una lluvia de papel.

La procesión, que tuvo que acelerar el paso por la amenaza de lluvia justo en el momento más esperado —el encuentro entre la Virgen de la Asunción y Jesús Resucitado en la confluencia de Reina Victoria con Jorge Juan—, se desarrolló sin sobresaltos graves, a diferencia de lo ocurrido en 2024, cuando las inclemencias obligaron a suspenderla y la emoción se quedó encerrada en la basílica.

Pero este 2025 fue distinto. El encuentro fue real, en la calle, bajo un cielo caprichoso pero respetuoso. La suelta de palomas, la explosión de aleluyas desde balcones, terrazas y ventanas, y los aplausos de una ciudad entera hicieron vibrar el casco antiguo. Era imposible no mirar arriba y dejarse envolver por el remolino de papel de colores, muchos con mensajes, nombres o símbolos religiosos, que caían como bendiciones improvisadas.

Este año, la procesión sumó detalles únicos: el palio del Misteri d’Elx acompañó por primera vez a la Virgen de la Asunción, y la comitiva estuvo repleta de rostros ilustres. Desde la corporación municipal hasta cofrades, damas de la Tripleta —Gemma María Sevilla, Elisa Isabel Molina y el trencaor Antonio Andreu—, pasando por figuras destacadas como el pregonero Fran Sabater, el presidente de la Fundación Conciénciate, Gorka Chazarra, o el comisario Pedro Montore, todos caminaban con estampados florales, lejos del negro riguroso del luto reciente.

Porque Elche no solo celebró una tradición: la vivió. La ciudad entera se tiñó de vida, papel y alegría. Y aunque el cielo estuvo a punto de aguárselo, esta vez, la devoción ganó la partida.

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