Hay paseos que terminan convirtiéndose en historia. Caminando junto al Vinalopó, bajo el Pont de la Generalitat, el acueducto de Riegos de Levante vuelve a imponerse con esa mezcla de discreción y grandeza tan propia de Elche. No hace ruido, no se anuncia, pero sigue ahí, sosteniendo agua, paisaje y memoria. Hoy cumple 103 años.
Entre las antiguas estructuras de canalización para el riego que aún se conservan en la ciudad, este acueducto destaca por su singularidad y belleza. Conocido popularmente como el Puente de los Gitanos, forma parte del entramado de acequias y sifones de Riegos de Levante y se sitúa en la quinta elevación del tercer canal transversal, siendo considerada la obra viva más representativa de todo el proyecto hidráulico original.
El acueducto fue proyectado en 1917 por el ingeniero José María Serra Alonso del Real, dentro de un ambicioso plan de elevación y suministro de aguas que marcaría un antes y un después en el desarrollo agrícola y económico del territorio. Las obras se prolongaron durante varios años hasta su finalización en 1923, año en el que fue inaugurado oficialmente por Alfonso XIII el 31 de enero, una fecha que hoy se conmemora.
Estas infraestructuras pertenecen a la compañía Riegos de Levante, creada específicamente para hacer realidad el proyecto, junto con la Sociedad Eléctrica de Almadenes, que permitió dotar al sistema de la energía necesaria para la elevación del agua. La financiación corrió a cargo de la banca francesa, encabezada por Charles Louis Dreyffus, figura clave en la materialización de la obra y nombrado hijo predilecto de la ciudad de Elche.
Más allá de los datos técnicos y las fechas, el acueducto forma parte del paisaje emocional ilicitano. Bajo sus arcos conviven el paseo diario, el deporte, la charla improvisada y la fotografía, atraída por el contraste entre la piedra centenaria del Pont dels Gitanos y el perfil contemporáneo del Pont de la Generalitat. Dos épocas distintas compartiendo cauce y mirada.
En los últimos meses, las labores de limpieza y puesta en orden del entorno han permitido volver a fijarse en esta infraestructura histórica y recordar la importancia de cuidar y conservar un patrimonio que sigue cumpliendo su función original. El acueducto se integra, además, en una visión más amplia del patrimonio hidráulico de Elche, junto al Pantano, el futuro Museo del Agua y el Azud de la Argamasa.
Mientras lo observo desde el cauce, resulta fácil entender que este acueducto no es solo una obra de ingeniería. A sus 103 años, sigue siendo una pieza esencial del relato de Elche: una ciudad construida con agua, esfuerzo y tiempo. Cuidarlo es, en el fondo, una manera de seguir reconociéndonos en nuestra propia historia.
Fotografía del acueducto de Riegos de Levante en obras (1923).
Fuente: Salvador Brotons






Juan Sempere Albert












