Luis Alfonso del Barrio Michelena, a pesar de disputar tan solo tres temporadas, dejó su huella en el Elche CF tras ser una pieza clave en el inolvidable ascenso de 1988 en Granada. El centrocampista vasco, que defendió la franjiverde en 76 partidos oficiales anotando tres goles repartidos entre Segunda y Primera División, vivió en el Martínez Valero la cara y la cruz del fútbol: el éxtasis de devolver al club a la élite y la amargura de un descenso en la siguiente temporada.
Su trayectoria es la de un trotamundos del fútbol con un ADN forjado en el norte y consolidado en el sureste español. Formado en la cantera de Lezama, dio sus primeros pasos profesionales en el Bilbao Athletic antes de endurecer su carácter en el Sestao River. Su salto al fútbol profesional definitivo llegó con el Linares, un trampolín que le permitió brillar en el Real Murcia, donde saboreó las mieles del éxito antes de recalar en el Elche CF para convertirse en el mariscal de Felipe Mesones. Tras su etapa en el Martínez Valero, Alfonso cerró el círculo regresando al Sestao para poner fin a una carrera ejemplar que lo define como un incansable trabajador del balón.
Hoy, echa la vista atrás con una profunda nostalgia, confesando que se sigue sintiendo parte de una «familia franjiverde» que le caló hondo tanto en lo profesional como en lo personal, recordando con especial cariño su estancia en la ciudad ilicitana.
- ¿Cómo recuerda sus primeros pasos en el fútbol hasta llegar a debutar con el filial del Athletic Club?
Como la mayoría de los chavales de aquella época. Empecé en un pueblo cercano, a dos kilómetros, jugando en el infantil del Abanto, porque en mi pueblo no había equipo en esa categoría. Después pasé directamente al juvenil y allí tuve un entrenador, José Ángel Rojo, que me subió rápidamente al Abanto Mayor. Desde ese momento el Athletic se fijó en mí para su fútbol base. Llegué al Bilbao Athletic y, a partir de ahí, comencé mi trayectoria en otros equipos.
- Tras esa temporada en el Bilbao Athletic, pasa por varios equipos vascos, ¿cómo vivió aquellas etapas?
Fue, sobre todo, la etapa final de mi formación. En Lezama se vivía muy bien, igual que ahora. Teníamos todos los medios a nuestro alcance, buenas instalaciones para entrenar y un entorno muy protegido, con infraestructuras muy modernas para la época. Cuando sales de allí y fichas por el Sestao River, te encuentras con la realidad del fútbol: entrenamientos en peores condiciones y con menos recursos. Aquello también te forja el carácter, te enseña a apretar los puños, a seguir adelante y a progresar en tu carrera como futbolista.
- Después de ese paso por equipos vascos, está varias temporadas en equipos cómo el Linares y el Murcia, ¿cómo fueron aquellas temporada donde logró ganar dos ligas de Segunda División con el conjunto murciano?
Guardo un gran recuerdo. Tengo que agradecer al Linares por que apostara por mí cuando existía el derecho de retención. Yo estaba en el Sestao, en Segunda B, y en el mercado de invierno el Linares, que militaba en Segunda A, pagó una cantidad al Sestao para ficharme. Aquello me abrió las puertas del fútbol profesional. Estuve allí año y medio y me salieron muy bien las cosas.
Después, el Murcia pagó al Linares para incorporarme a su plantilla en Segunda A. En Murcia había mayores posibilidades económicas. El primer año logramos el ascenso a Primera División, donde debuté en la categoría. Al año siguiente descendimos, pero volvimos a ascender después. Fue una etapa muy especial, porque ya vivía exclusivamente del fútbol y cumplí el sueño de niño de jugar en estadios como el Manzanares, el Santiago Bernabéu, el Nou Camp o los campos de Valencia, Sevilla o el Betis, lugares que antes solo veía por televisión y luego ves cumplido tu sueño de jugar en ese tipo de estadios.
- ¿Cómo se produce su llegada al Elche?
El Elche estaba en Segunda División A y no estaba siendo un equipo especialmente brillante. Yo venía del Murcia, además saliendo de una lesión, y el traspaso se produjo mediante un acuerdo entre ambos clubes. Esa primera temporada jugué los dos o tres últimos meses con el Elche. Al curso siguiente, ya con Felipe Mesones en el banquillo, conseguimos el ascenso a Primera División.
- ¿Cómo fue su adaptación a Elche, tanto a la ciudad como al vestuario, y dónde vivió durante su etapa como franjiverde?
Ahora mismo no recuerdo la calle exacta. Muchas veces bajaba caminando hasta el Martínez Valero, atravesando el polígono de pabellones que había por allí. La adaptación fue rápida porque ya conocía a muchos jugadores. El vestuario tenía un ambiente muy sano y no había problemas. En cuanto a la ciudad, el clima era muy parecido al de Murcia. En casa siempre decíamos que incluso mejoramos, porque somos muy de mar y tener el Mediterráneo tan cerca, en Santa Pola, fue algo que disfrutamos mucho y nos vino fenomenal.
- ¿Qué significaba para usted defender la camiseta del Elche CF y sentir el respaldo de la afición del Martínez Valero cada fin de semana?
Era una gran responsabilidad, pero también una enorme ilusión. Desde pequeños muchos somos aficionados del Athletic y uno de mis primeros recuerdos futbolísticos fue una final de Copa entre el Athletic y el Elche que ganó el Athletic por 1-0. Siempre tuve presente la camiseta blanca con la franja verde y el recuerdo de jugadores míticos que llegaron a ser internacionales: Llompart, a Esteban, que era portero y lo conocí personalmente… El Elche era un club histórico que había disputado una final de Copa y, si no recuerdo mal, también alcanzó unas semifinales años antes. Era un equipo con prestigio en Primera División. Incluso recuerdo que fue el único equipo que derrotó al Real Madrid en una temporada en la que el equipo blanco permaneció invicto salvo por un 1-0 en Altabix.
- Usted fue pieza clave en el centro del campo de aquel Elche que ascendió a Primera División con Felipe Mesones. ¿Qué tenía aquel vestuario para lograr conectar tanto con la ciudad y conseguir el objetivo?
Con la perspectiva del tiempo y tras haber ejercido también como entrenador en Segunda B y en Segunda A con el Recreativo de Huelva, creo que la directiva y Felipe Mesones fueron muy inteligentes al confeccionar la plantilla. Se mezcló un grupo de jugadores veteranos, que rondábamos los 29 o 30 años, con gente joven como Claudio, que venía del Levante y realizó una temporada extraordinaria.
También había futbolistas con mucha experiencia que sabían interpretar cada partido según el momento. Conseguimos formar un bloque muy sólido y el ambiente del vestuario era magnífico. Empezamos muy bien la temporada y todo fue rodado. Firmamos una gran campaña y logramos el ascenso con un gol de Robi en Granada, en una jugada ensayada en la que participamos varios jugadores. Ese tanto supuso el ascenso y una alegría enorme.
- Tras el ascenso, llegó a disputar 23 partidos en Primera División en la temporada 1988-89. ¿Cómo recuerda aquel Elche en la máxima categoría del fútbol español?
No fue un año sencillo. Hubo muchos cambios en el banquillo, creo recordar que hasta tres entrenadores. El equipo no comenzó bien la temporada; perdimos el primer partido en Valladolid y, aunque tuvimos alguna racha positiva, el curso fue complicado. Creo que notamos mucho el salto de categoría y el cambio tan temprano de entrenador no diría que nos desestabilizó por completo, pero sí nos hizo perder confianza.
También se diluyó la fuerza de grupo que habíamos tenido el año anterior en Segunda División, cuando éramos un bloque muy compacto. Se produjeron bastantes cambios y esa fuerza de grupo se rompió. Teniendo en cuenta la dificultad que suponía mantenerse en Primera, creo que mantener la base de aquel grupo habría aumentado nuestras opciones de lograr la permanencia.
- ¿Qué diferencias notaba entre competir en Primera División y hacerlo en otras categorías a lo largo de su carrera?
Tuve la experiencia también de disputar tres temporadas en Primera con el Murcia y la principal diferencia estaba en el ritmo. En Segunda División, cuando iniciabas la presión para recuperar el balón, tenías más opciones de lograrlo. En Primera todo era más rápido: la circulación del balón, la calidad de los jugadores y la capacidad para superar la presión. Además, cuando tú tenías la pelota, la perdías con mayor facilidad. En Segunda siempre contabas con un segundo más para pensar; en Primera había que tomar decisiones con mucha rapidez y contar con un nivel físico muy alto para soportar la intensidad de los partidos.
- ¿Cuál fue el partido más especial que disputó con la camiseta del Elche CF y por qué lo guarda con tanto cariño?
El partido de Granada que nos dio el ascenso es algo que se queda en la cabeza. Supuso una alegría enorme. Para mí era el tercer ascenso de Segunda a Primera, después de los dos que conseguí con el Murcia. En Murcia también se celebraron con alegría, pero no con la euforia y la pasión que se vivió en Elche. Recuerdo que regresamos de Granada de madrugada y el autobús no pudo acceder al centro de la ciudad por la cantidad de gente que había para recibirnos. Fue un momento muy bonito y una imagen que se queda para toda la vida.
- ¿Y el momento más duro o complicado que le tocó vivir durante su etapa como jugador franjiverde?
El descenso de Primera División. Yo ya tenía 30 o 31 años y, cuando estás en la máxima categoría, quieres mantenerte en ella, además en un estadio precioso como el Martínez Valero. Los cambios de entrenador nos afectaron, sin culpar a nadie, porque cada técnico tiene su metodología. Entre que llegaban y conocían en profundidad a la plantilla pasaba un tiempo en el que se probaban sistemas y jugadores, y eso como futbolista resulta complicado. Pasaban las jornadas y el equipo no reaccionaba. Cuando te gusta tanto el fútbol y tratas de entender lo que ocurre, intentas encontrar soluciones, pero lo pasas mal. Llegabas a casa con una gran responsabilidad y con tristeza al ver que no éramos capaces de salvar la categoría.
- ¿Quién fue el mejor jugador con el que compartió vestuario en el Elche CF?
Había futbolistas de mucha calidad y formamos un grupo muy sólido. Podría mencionar a Pedro Pablo, Robi o Miguel, entre otros. Guardo un recuerdo especial de Claudio Barragán, que era uno de los más jóvenes. Tenía unas condiciones extraordinarias. Para un centrocampista era un jugador que siempre ofrecía soluciones: se desmarcaba, venía a recibir y generaba espacios. Ya se le veía el potencial que después demostró en equipos como el Mallorca o el Deportivo.
- A lo largo de su trayectoria, ¿cuál ha sido el mejor futbolista que ha visto nunca sobre un terreno de juego, ya fuera compañero o rival?
Como rival, sin ninguna duda, Maradona. Era un fútbol diferente, con más permisividad arbitral y peores condiciones en los terrenos de juego, lo que hacía el juego más duro. Maradona recibía muchas patadas, pero aun así maravillaba sobre el campo. Muchas veces lo comento en casa con mis hijos y con algún nieto, independientemente de la opinión que cada uno tenga sobre su vida personal, futbolísticamente era impresionante.
También me marcaron jugadores como Mario Alberto Kempes en el Valencia o Bernd Schuster, con quien me emparejé en el centro del campo y ahí te das cuenta de su enorme calidad y de la precisión con la que golpeaba el balón. Como rematador destacaría también a Hugo Sánchez, con quien coincidí jugando contra él en el Atlético de Madrid y luego en el Real Madrid, era un auténtico fenómeno en el área. Eran jugadores que en aquella época el verlos de cerca y jugar contra ellos supuso una gran aegría.
- ¿Qué entrenador fue el que más le marcó en su carrera y qué aprendió de él durante su etapa en el Elche?
Siempre digo que de todos los entrenadores se aprende algo. En el Murcia me marcó mucho Eusebio Ríos por su seriedad y por su forma de afrontar tanto los partidos como los entrenamientos. Era un técnico muy riguroso. En el Elche también me influyó mucho Felipe Mesones, a quien considero un entrenador muy inteligente, con una gran capacidad para sacar rendimiento a la plantilla que tenía. Probablemente fueron los dos técnicos que más me marcaron, aunque es cierto que ese recuerdo también puede estar condicionado porque con ambos logramos ascender a Primera División, que eso siempre deja un buen recuerdo.
- Tras dejar el Elche, puso fin a su trayectoria como futbolista en el Sestao. ¿Cómo vivió el final de su carrera como profesional?
Regresé al Sestao en Segunda División A en una etapa muy diferente. Llegas como veterano y debes asumir mucha más responsabilidad. En el Elche, aunque también tenía experiencia, el peso del vestuario se repartía entre varios jugadores. En el Sestao, en cambio, era un equipo que apostaba mucho por la juventud y contaba con tres o cuatro veteranos para equilibrar el grupo.
Allí tuve que asumir un papel importante, tanto dentro del campo, marcando el ritmo de los partidos o gestionando situaciones con árbitros y rivales, como fuera de él, transmitiendo valores y recordando a los más jóvenes que estaban en el fútbol profesional y debían mejorar tanto individual como colectivamente muchas cosas. Era un vestuario muy noble, que aceptaba bien los consejos que podíamos aportar desde la experiencia.
- ¿Mantiene relación con antiguos compañeros del Elche y sigue sintiéndose parte de la familia franjiverde?
Sí me siento parte de la familia franjiverde, aunque reconozco que soy bastante desastre con el móvil. Mis hijos incluso me echan la bronca porque aprendí hace poco a usar WhatsApp y soy un poco dejado en ese sentido. Es una pena, porque con el paso del tiempo se pierde el contacto con muchos compañeros. Ahora que estoy jubilado y tengo más tiempo, me gustaría volver a ponerme en contacto con ellos, porque formamos un grupo extraordinario y, más allá del nivel futbolístico de cada uno, el recuerdo humano es imborrable y me gustaría tener un contacto más fluido.
Por supuesto que me siento partícipe de la familia franjiverde. Siempre sigo los resultados de los equipos en los que he jugado y el Elche es uno de los primeros que miro cada fin de semana. Además, felicitar la buena primera vuelta que ha realizado el equipo en Primera División, aunque ahora se estén complicando un poco las cosas, pero confío en que logre mantener la categoría, que es un logro muy importante.
- ¿Cómo ha vivido desde la distancia los ascensos recientes del Elche CF y los momentos importantes del club en los últimos años?
Los he vivido con mucha alegría y también con cierta nostalgia, porque me recordaban a la temporada tan buena en la que nosotros logramos el ascenso. Desde fuera, al ver las imágenes del Martínez Valero, me llamó especialmente la atención la presencia de mucha gente joven. Eso me produce una gran satisfacción, porque en España el fútbol suele dividirse entre Madrid y Barcelona, y ver ese sentimiento de pertenencia hacia el club local es muy importante. Ese arraigo, que aquí en Bilbao se mantiene con el Athletic, también lo percibí en Elche durante los últimos ascensos. Ver el estadio lleno, la gente con las camisetas del Elche y la ilusión que se ha generado en la ciudad es motivo de orgullo, y creo que el club debe cuidar y mantener esa conexión con la afición.
- Desde su experiencia, ¿cree que hoy es más difícil consolidarse en Primera División con el Elche que en su época?
Siempre habrá dificultades para mantenerse en Primera, pero el trabajo realizado el año pasado en Segunda permitió formar un bloque sólido. A nivel individual hay jugadores con buen nivel. Es cierto que la permanencia siempre es complicada, pero creo que el equipo está en el camino adecuado y que tanto los futbolistas como el cuerpo técnico están gestionando bastante sabiduría. Hay que ser prudentes, porque los últimos meses de competición suelen ser decisivos, y ahí es donde realmente se juegan los objetivos de la temporada.
- Mirando atrás, ¿hay algo que le hubiera gustado conseguir con el Elche CF y que se quedara pendiente?
Recuerdo especialmente una eliminatoria de Copa del Rey contra el Atlético de Madrid, que perdimos en los penaltis en el Calderón. El Atlético tenía entonces a jugadores como Futre y Schuster, cuando solo se permitían dos extranjeros por equipo. Estuvimos muy cerca de superar la eliminatoria y habría sido muy bonito lograrlo.
También me habría gustado mantener al equipo en Primera División. En Murcia sí conseguimos la permanencia el primer año y fue una gran satisfacción. Para un club ascensor como el Elche en aquel momento, habría sido un logro muy importante, sobre todo a nivel individual.
- ¿Qué valoración hace de su paso por el Elche y qué ha significado el club para usted?
Mi valoración es muy positiva. Siempre relaciono el aspecto profesional con el humano. Mi mujer y mis dos hijos se adaptaron muy rápido. Formamos un grupo muy unido, también entre las familias de los jugadores nos llevabamos bien. Recuerdo, entre otros, a Benito Sánchez, que antes se me ha olvidado mencionarlo, aunque podría mencionar a todo el equipo.
Tanto a nivel profesional como personal estuvimos muy a gusto. Elche fue para nosotros un lugar ideal para vivir. Teníamos Santa Pola muy cerca y solíamos todas las semanas mínimo una vez, veíamos la llegada de los barcos a la lonja o simplemente disfrutar del ambiente. Llevábamos una vida muy normal, pero muy feliz.
- Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría mandar a la afición del Elche CF y cómo le gustaría que Del Barrio fuera recordado en la historia del club?
A la afición le diría que continúe apoyando al equipo. Suelo ver todos los partidos y ver el Martínez Valero lleno es una enorme satisfacción. Es fundamental que sigan en ese camino. Como decimos en Bilbao con el Athletic, las críticas deben hacerse cuando termina el partido si no estamos contentos con su actuación, pero durante el encuentro hay que empujar todos en la misma dirección. Dividir fuerzas solo debilita al equipo; en cambio, la unión fortalece al grupo y facilita alcanzar los objetivos.
A nivel individual me gustaría ser recordado por mi forma de ser, simplemente como un jugador que estuvo encantado de defender esta camiseta, un futbolista trabajador que siempre dio todo lo que tenía, tanto a nivel de comportamiento, que considero fundamental, como en el esfuerzo profesional, un hombre trabajador por la camiseta que estaba defendiendo.




Iván Hurtado













