Hay algo fascinante, casi hipnótico, en observar la política ilicitana. Es como ver un partido de tenis de mesa entre dos jugadores que han olvidado que el objetivo es que la pelota pase la red, y han decidido que es mucho más divertido lanzarse las raquetas a la cabeza. El último episodio de esta comedia de enredos, que para los ciudadanos tiene tintes de tragedia, es la gestión del acceso a la vivienda.
El reciente análisis sobre la última «metedura de pata» institucional pone de relieve una realidad sangrante: en Elche, el PP y el PSOE son incapaces de acordar siquiera qué hora es, a menos que sea la hora de culpar al otro. La vivienda, ese derecho constitucional convertido hoy en artículo de lujo para los jóvenes de nuestra ciudad, se ha transformado en el arma arrojadiza favorita de un bipartidismo que parece vivir en una realidad paralela de despachos y notas de prensa incendiarias.
Mientras los precios del alquiler suben como la espuma y la vivienda pública brilla por su ausencia, nuestros representantes se dedican al noble arte del «y tú más». El PP, ahora en el gobierno local, parece haber descubierto que la herencia recibida es un colchón muy cómodo sobre el que echarse a dormir. Por su parte, el PSOE, con la memoria convenientemente amnésica sobre sus propios años de gestión, se rasga las vestiduras desde la oposición como si acabara de aterrizar de Marte y no tuviera nada que ver con el erial actual.
Es una incapacidad patológica para el consenso. La vivienda debería ser un pacto de ciudad, un eje estratégico que sobreviviera a los vaivenes de las urnas. Pero no. En Elche, si el PP propone una parcela, el PSOE dirá que esa no; si el PSOE plantea una subvención, el PP dirá que es un insulto. Y así, entre mofas en los plenos y descalificaciones en redes sociales, el contador de viviendas construidas sigue en niveles que rozan la humillación pública.
Resulta agotador ver cómo se pierden oportunidades, fondos europeos o planes de actuación porque la prioridad no es que un ilicitano pueda emanciparse, sino que el rival político no se cuelgue una medalla. Se comportan como dos niños peleándose por un juguete que ninguno de los dos sabe cómo usar, con la diferencia de que el juguete es el futuro de miles de familias.
Señores del PP, señores del PSOE: bajen a la realidad. Dejen de tirarse los trastos a la cabeza y empiecen a poner ladrillos, o al menos, dejen de estorbarse los unos a los otros. Elche no necesita más tribunos expertos en el reproche; necesita políticos que entiendan que su sueldo sale del bolsillo de gente que, a este paso, va a tener que vivir en un contenedor porque ustedes están demasiado ocupados ensayando su próximo zasca.
Si la política es el arte de lo posible, en Elche la han convertido en el arte de lo imposible por pura cabezonería partidista. Menos teatro y más planos, que la paciencia de la ciudad no es, precisamente, un bien de protección oficial.





