ARTÍCULO

IMPRESIONES DE UN PASADO (LXIV)


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Pepe Ruiz Torres
30 de agosto de 2026 - 00:40

Entre los siglos VIII y IX d. C. los antiguos ilicitanos abandonaron su asentamiento en La Alcudia para poblar nuestro actual municipio…. concretamente la Vila Murada. En el siglo X y coincidiendo con los Reinos de Taifas, la Medina Islámica ya estaba en pleno rendimiento … y fue conocida como ILS.

Nuestros antepasados desarrollaron la agricultura y el sistema de regadío de nuestro frondoso palmeral, es allí donde perfeccionaron nuestras acequias, norias, albercas, aljibes o minas de agua.

Si les interesa aquella época les recomiendo el estudio del historiador José Hinojosa Montalvo, “La Morería de Elche en la Edad Media”.

El año 1265 marcó un antes y un después con los moros de Elche, el rey Jaime I los obligó a salir de la muralla y se ubicaron extramuros en el Arrabal o Raval de San Juan. Allí siguieron prosperando y trabajando, manteniendo su fe y sus creencias islámicas. Es en este último periodo musulmán en Al-Andalus, conocido como Reino Granadino o Nazarí, cuando sufrieron sus mayores dificultades y persecuciones.

Es en este momento cuando empezaron a pagar tributos para mantener su fe o permiso de residencia en una España que ya estaba convirtiéndose mayoritariamente en cristiana. Estos impuestos eran la pecha de mudéjares, la fonsadera o las famosas parias.

Más adelante vendrían los años 1492, con la caída del reino nazarí, y el año 1609, con la expulsión definitiva si no había conversión.

Algunos se convertirían de buena fe ante el decreto de expulsión de Felipe III pero la mayoría fueron los falsos conversos, conocidos como moriscos o marranos. Estos intentaron cualquier artimaña para permanecer en la que era su patria, su tierra.

El sueño de los Reyes Católicos se había conseguido. La ansiada unificación política, territorial y también religiosa. Atrás quedaron esos ocho siglos de presencia musulmana en la península.

Más allá de los conatos que tuvimos con el reino alauita a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la conocida cuestión marroquí, Monte Arruit, el Barranco del Lobo, el Desastre de Annual o el famoso desembarco de Alhucemas, las relaciones hispano-marroquíes fueron más o menos fluidas.

Es cierto que tuvimos el problema del Sáhara y la Marcha Verde de Hassan II, pero llegamos a finales del siglo XX con una relación casi familiar entre la monarquía de Juan Carlos I y la de Mohammed VI.

Más adelante llegaría el conflicto por el islote de Perejil, una provocación del reino vecino al ordenamiento territorial español.

Los alauitas no reconocen que Ceuta y Melilla sean ciudades españolas desde hace ya más de quinientos años, incluso antes que existiera Marruecos.

España fue durante muchas centurias un territorio multicultural, donde convivían como podían los cristianos, judíos y los musulmanes. Con la globalización del siglo XXI las distancias se han acortado y estos flujos migratorios vuelven a aparecer por situaciones de pobreza extrema o de conflicto armado, no solo en España sino en el resto de Europa.

Hay personas que hablan de islamización de Occidente, que estos magrebíes vuelven a la tierra de sus antepasados a imponer su cultura y su fe. Existe también otro grupo de personas que lo ven como mano de obra necesaria, una apertura a la multiculturalidad y un necesario incremento demográfico para los países o regiones receptoras. Vivimos tiempos convulsos, con guerras y provocaciones constantes.

Salidas de tono y humillaciones de gobernantes a otros pueblos, algunos con aires de grandeza como si fueran el último tirano déspota de occidente.

Preferimos imponer a que nos sometan, preferimos golpear primero y nos consideramos el ombligo del mundo.

Pensamos que nuestra cultura es la mejor y que se debe asentar como mayoritaria.

Creo que somos y hemos sido un país acogedor, que abre sus puertas a quienes vienen a casa. Un país que recuerda y no olvida ese pasado pero también un país muy justo y tolerante que da a cada uno aquello que le corresponde según su esfuerzo y necesidad.

Creo que la mayoría de españoles no ven con malos ojos que vengan personas a trabajar, a prosperar, a labrarse un futuro más prometedor que el del país de origen.

Más allá de los extremos, que en todas las ideologías los hay, que si prioridad nacional o el famoso papeles para todos y el efecto llamada, se debe garantizar que el que pise nuestro suelo no tenga delitos, venga con una oferta de empleo y esté dispuesto a integrarse en la sociedad que lo recibe. Tan sencillo como si cualquiera de ustedes fuera a vivir a otra región del planeta, harían lo que fuera necesario para aceptar la cultura que los recibe y convivir con unas normas de convivencia.

Y a esto no se le puede llamar ni xenofobia, ni fascismo ni extrema derecha.

La semana próxima Elche tendrá una sesión de plenos extraordinaria en el Ayuntamiento para tratar el tema de Ceuta.

¿Invasión o entrada controlada?
¿Inmigrantes o migrantes?
¿Gente que viene a trabajar o a delinquir?
¿Permisividad del Gobierno de la Nación o colapso total de nuestras instituciones y del Estado de Derecho?

Esa misma semana en nuestra población habrá una concentración en apoyo a los caballa, en apoyo a los ceutíes.

Dicha concentración se dará en un sinfín de municipios españoles … espero sea el pueblo y no PP-Vox quienes lleven el manejo y los tiempos de dicha manifestación.

Donde solo pueden aparecer banderas de Ceuta y de España.

Hace unas semanas entraron en España y a nado, más de setenta mil personas, la mayoría jóvenes y varones. Cruzaron la frontera con una parsimonia y naturalidad pasmosa, no hubo ningún tipo de contención por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sabremos algún día si recibieron órdenes de no intervención.

En Ceuta viven 80.000 personas, de distinta creencia y ha sido siempre un municipio solidario y tolerante.

Para nada son racistas ni xenófobos pero está claro que no pueden asumir a un grupo poblacional tan amplio como el comentado con anterioridad.

Las noticias que nos llegan e incluso las que no quieren que nos lleguen, son alarmantes y preocupantes.

El ceutí no vive seguro tras esta llegada de inmigrantes, comentan que no salen a la calle, que hay robos, violaciones, intimidaciones e intentos de okupación. La sanidad está colapsada, faltan militares y una hoja de ruta. Hay un desfile constante de ministros que llegan tarde y mal y apenas están unas horas en la ciudad autónoma y que no escuchan al pueblo ceutí.

El caballa no sabe hasta cuándo durará este asedio, no entiende de colores ni de ideologías, solo quiere que sus calles vuelvan a ser seguras y que sus hijas puedas salir a la calle sin tener ningún tipo de miedo.

El ceutí, ¿paga los mismos impuestos que un ilicitano?

Ergo tendrá que tener los mismos derechos y servicios garantizados…. Se llama sentido común, no es ideología.

Ante tanta inseguridad, ¿dónde está el Ministerio de Igualdad, dónde se encuentran las del “no es no”?

¿Actúa el gobierno central o se queda de manos cruzadas?

¿Las ONG asisten o incentivan esta llegada masiva?

Se habla de gas pimienta, hay vídeos colgados en las redes sociales …

Todo esto, ¿es normal?
¿Está usted informado?

El Ministerio de Interior, el de Asuntos Exteriores, ¿actúa?

¿Se está haciendo algo? ¿Hay dimisiones, se reconocen errores, dónde están los servicios de inteligencia y por qué no informaron de esta llegada masiva?

El habitante de Ceuta, ya sea cristiano, ateo, musulmán, judío o hindú, necesita respuestas, quiere sentirse protegido por su patria, son el sur de Europa y se sienten solos y olvidados, como suena… la última mierda de este país.

Su Majestad Felipe VI…. ¿dará un paso al frente, haciendo caso omiso a las indicaciones del psicópata narcisista?

Y Su Sanchidad … ¿tanto le debe a la dictadura marroquí? Por no hablar de las regularizaciones masivas que provocan un efecto llamada. Resulta que se puede entrar a un país a nado sin necesidad de trepar una valla.

Los menores que llegan a un país… este país receptor, ¿tiene la obligación de acogerlos?

¿Sí, no? ¿Cuánto tiempo?

Se reparten esos supuestos menas por otras regiones españolas, ¿tienen la obligación moral y legal de acogerlos?

¿Y si los centros de menores están saturados y ya no cabe un alma más?

Es una situación muy compleja, policías llorando, policías agredidos, ceutíes rabiosos y gritando ante los medios. Testimonios desgarradores, la verdad.

Periodistas o contertulios opinando del asunto sin pisar Ceuta, sentados en un plató con el aire acondicionado, pudiendo llevar a sus hijos a bañarse a la playa y haciendo una vida normal.

La España solidaria ha despertado de su letargo, de su atolondramiento, ya no va a parar… deberíamos ir a pasar lo que quede de vacaciones a la población hermana, deben sentirse queridos y respaldados por los suyos, nunca olvidados. Entre los indignados vemos a mujeres ceutíes con velo, esto no va de discriminación racial o religiosa.

Parece ser que somos todos racistas o de extrema derecha, que estamos en el punto de mira de este gobierno corrupto, mentiroso y vendido. Somos hijos de emigrantes, de inmigrantes, tenemos familias de otras creencias y colores de piel.

La misma Europa se queda estupefacta ante esta inacción gubernamental. La propia Italia, que tiene más de democracia que Marruecos, nos pone ya a los españoles impedimentos de circulación.

La población musulmana está a punto de superar los tres millones de personas en nuestro país. El 11% de los bebés nacidos en España en 2024 tuvo, al menos, un progenitor musulmán. Se estima que el 65% de la población inmigrante que reside en España procede del reino marroquí.

También podemos pensar que en el imaginario del yihadismo irredentista, el pasado de Al-Andalus resulta muy atractivo y no renunciarán a él, no lo olviden. Tampoco olviden que Marruecos reclama de forma poco amistosa los territorios españoles de Ceuta y Melilla.

Lo piden sus ministros, esta reivindicación aparece en los mapas políticos y en los libros de texto del país vecino. En fin, poca broma.

El otro día escuché a un padre indignado, no creo que fuera de Ceuta pero hablaba del tema del verano y de cómo muchos árabes venían a imponer más que a proponer y a integrarse.

Venía a decir que no entendía por qué en la escuela de su hijo no se podía comer jamón, cerdo ni embutidos.

No comprendía como en las aulas ya no se celebraba el día del padre o de la madre y menos aún como no se decoraban los colegios con motivos navideños cuando llegaba la Navidad. Este señor indignado, comentó que estamos a punto de perder nuestra identidad como occidentales, no ya como cristianos, y que le daba lástima ver a una España rota, dividida y sin sentimiento de pertenencia.

Una España en la que nos tendríamos que adaptar a las costumbres árabes y no ellos a las nuestras, que es, creo, como debería de ser.

Este próximo miércoles nos han convocado para apoyar al pueblo ceutí, no es una concentración contra los inmigrantes ni siquiera contra Marruecos o Pedro Sánchez. Es para que los caballa se sientan respaldados por la mayoría de sus compatriotas.

A veces esto no va de ideologías sino de sentido común y justicia.

En nuestra población, y concretamente en la barriada de Carrús, vive gran cantidad de población magrebí y estoy convencido que la mayoría son personas honradas y con un contrato de trabajo con el que ganarse el pan de cada día.

Es más, conviven con sus vecinos con total naturalidad y son gente humilde y trabajadora.

Eso no resta que haya gente conflictiva, que delinque y no trabaja. Es por ello que se decidió poner un retén de la Policía Local.

Al final solo hay buenas o malas personas, no debería importar el color de piel o la ideología de cada uno.

Pero está claro que el que viene se debe adaptar al país y ser una persona de provecho, y si no es así… se debería proceder a la expulsión del territorio nacional como ocurre en casi todos los países.

O nos plantamos ante el tirano marroquí que exprime a su pueblo, o la España que conocemos, desaparecerá.

Ilicitanos, ya queda menos para las Elecciones Generales. Los ilicitanos y el resto de españoles ni somos racistas ni xenófobos.

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