A principios de los años 90, llegar al fútbol profesional no era nada fácil. José Manuel García Payá, conocido como Chema, empezó jugando de niño en Aspe, su pueblo natal. Con solo 20 años cumplió el sueño de debutar en Segunda División con el Elche frente al Deportivo de La Coruña. Para un chaval de la cantera, ganarse un sitio en el once titular fue el gran salto de su vida. El conjunto ilicitano, fue el comienzo de su larga carrera, en la que llegó a jugar en multitud de equipos españoles como el Mallorca, Almería, Mérida, Levante, Ourense y Compostela, destacando siempre por su liderazgo y carácter en el centro de la defensa.
Pero no todo fue un camino de rosas. A Chema le tocó vivir una de las etapas más duras del club franjiverde: un descenso muy doloroso a Segunda B, lesiones graves y una crisis económica tan grande que la plantilla llegó a ponerse en huelga. En esta entrevista, echa la vista atrás con total sinceridad para recordar los buenos momentos como su debut, explicar lo difícil que fue aquella época y hablar de su cariño hacia el Elche.
- Chema, nació en Aspe, ¿cómo recuerda sus inicios en el fútbol base de la provincia hasta dar el salto al primer nivel?
Nací en mi pueblo, en Aspe, soy de los antiguos. Empecé aquí, en mi pueblo, en el extinto Aspense. Ahora ese club ya no existe; hay varios equipos más pequeños. El Aspense estuvo toda la vida y llegó a competir en Tercera División a un buen nivel. Empecé a jugar allí en categoría infantil, porque antes solo había infantiles y juveniles. En mi último año de juvenil fue cuando me fui al Elche.
El año anterior intenté irme al Hércules, pero, por problemas entre las directivas, que no eran afines al Hércules, no me dejaron marcharme. El presidente del Aspense, curiosamente, era directivo del Elche y me dijo que al Hércules no me iba a ir de ninguna manera, fue así tal cual. Ese año pude quedarme y jugué en Preferente con el primer equipo del Aspense, aunque todavía era juvenil.
Al año siguiente me fui al Elche, al equipo juvenil, que estaba en División de Honor. En aquella época, la División de Honor tenía un nivel muy bueno, porque antiguamente solo había un grupo. Era como una Primera División juvenil, a diferencia de ahora, que hay siete grupos. La verdad es que el equipo juvenil del Elche tenía un buen nivel y allí estuve. Fiché y aquel fue mi primer año en el club. Ahí empecé.
- Llega al Elche CF a finales de los años 80 y principios de los 90, en una época de transición y exigencia. ¿Cómo se gestó su fichaje por el club franjiverde y qué recuerdos guarda de las negociaciones para recalar en el club?
Cuando empiezas a jugar al fútbol, ves que la gente dice que destacas y que vas para adelante. Ya digo, debuté muy joven en el primer equipo del Aspense y jugué mucho tiempo. Aquel año jugué prácticamente todos los partidos. Después me fui a jugar a División de Honor, que era un lujo, porque solo había un grupo. Jugar contra el Athletic de Bilbao, el Barcelona o el Madrid era un lujo.
Era una alegría ir a un club como aquel. En esa época las cosas eran totalmente distintas: no había los medios ni el dinero que hay ahora, pero sí que me cuidaban mucho. Venían a recogerme y me llevaban a entrenar hasta que me saqué el carné de conducir. Me llevaban y me traían, y cuidaban muy bien todos los detalles. Yo tenía la ilusión de seguir adelante, que es lo que, por suerte, terminó ocurriendo.
Estuve allí un tiempo y después llegó el Ilicitano, que sigue existiendo. Luego llegó el Elche. Fue una época que, en términos generales, no fue buena para el club, pero mi etapa juvenil sí supuso un espaldarazo y un escaparate. Me permitió tener claro que en el futuro podía dedicarme al fútbol como profesional. Así fue.
- ¿Cómo recuerda el día de su debut oficial con la elástica franjiverde y la sensación de saltar por primera vez al césped del Martínez Valero ante su afición?
Estuve un año en juveniles y dos en el Ilicitano. Tuve la suerte de que, a veces, cuando estás en un equipo con dificultades, la necesidad hace que el propio club tire más de la cantera que otros equipos, como podría ocurrir ahora. En aquella época hicimos una muy buena temporada en Tercera División con el Ilicitano. Creo que quedamos segundos o terceros. Tuve la suerte de que Lico, que fue mi entrenador el último año, me subiera al primer equipo. Tuve muy buenos entrenadores, como Lezcano, y después Lico, que se hizo cargo del primer equipo del Elche en la temporada 1990-1991 y me dio la oportunidad.
Guardo un recuerdo muy bueno porque la pretemporada fue muy bonita. Era la primera vez que salía fuera a entrenar. Antes hacíamos la pretemporada en Biescas. Además, debuté en un campo muy bonito, el de Riazor, contra el Deportivo de La Coruña. Mi primer partido fue contra el Super Dépor. Aquel año creo que ascendió. Estuvo peleando hasta última hora con el Murcia, y fue cuando ascendió y se convirtió verdaderamente en el Super Dépor. Mi debut fue en septiembre de 1990, con 20 años, en Segunda División, contra el Deportivo de La Coruña.
Mi debut en el Martínez Valero no me acuerdo contra qué equipo fue, pero sí recuerdo que fue una emoción muy grande, porque jugar en un campo tan grande era especial. Ya jugábamos allí, porque antes era mucho más habitual que ahora que nos dejaran jugar en el Martínez Valero. Jugábamos muchísimo en ese estadio. Era costumbre jugar después del primer equipo para que se quedara más gente, una tradición que se ha perdido. Si el primer equipo jugaba a las cuatro, nosotros jugábamos a las seis. Así se quedaba mucha gente a vernos y para nosotros era más ilusionante jugar allí.
No recuerdo contra quién fue aquel partido, pero sí que fue muy emocionante porque estuvo toda mi familia. Fue mi padre, que siempre me animó a jugar al fútbol y me llevó de aquí para allá. Cuando estuve probando con el Madrid, también me llevaba. Éramos muy aficionados del Athletic, de hecho, ahora soy el presidente de la peña del Athletic aquí en Aspe. Mi padre me llevaba a Murcia, al campo del Hércules, al del Elche y a ver a todos los equipos. Fue una emoción muy grande que mi padre estuviera allí escuchándome debutar en Segunda División. También sentí la ilusión de poder jugar y, como decíamos antes, de dedicarme al fútbol en el futuro, como finalmente ocurrió.
- ¿Cómo vivió la primera temporada en el club en la que se terminó descendiendo a Segunda B? ¿Qué ocurrió aquel año y cómo recuerda aquel partido en especial a vida o muerte ante el Bilbao Athletic?
Lo recuerdo con tristeza, porque además fue en un campo al que tengo mucho cariño, San Mamés, el antiguo San Mamés. Perdimos 3-0, si no recuerdo mal. Con Gustavo Silva, durante todo el año tuvimos dificultades. La verdad es que, pese a tener un buen equipo, las cosas no funcionaban. Tuvimos muchos entrenadores y hubo problemas económicos.
La experiencia me ha enseñado, también por lo que me pasó después en el Levante, que puedes tener un muy buen equipo, pero cuando las cosas no funcionan, hay gente de muchos sitios, empiezan a cambiar los entrenadores, aparecen problemas económicos y hay malos rollos, al final todo va hacia abajo.
Es verdad que descendimos empatados a puntos, o con un punto menos que Las Palmas, si no me equivoco. La clasificación estuvo muy ajustada, pero también es cierto que se veía venir. Al final, el desencadenante fue el partido contra el Bilbao Athletic en San Mamés, que nos condenó a Segunda B.
Después llegaron los problemas económicos que tuvimos al año siguiente, que casi hicieron desaparecer al club, con todas las dificultades que sabemos que ocurrieron, sobre todo durante aquella temporada.
- ¿Cómo fue la segunda temporada, en la que el equipo estuvo cerca de ascender en los playoffs?
Fue una temporada bastante complicada para mí, en general. Primero, por los problemas económicos y, segundo, porque encadené las dos lesiones más graves que he tenido en mi carrera deportiva. A finales de la segunda temporada ya estaba sufriendo muchos problemas de pubis, como les ocurrió a muchos compañeros. Era algo habitual por la forma en la que se entrenaba entonces. Las lesiones de pubis eran muy comunes y, como estaba jugando de titular con 20 años, tuve que medicarme y recibir infiltraciones para poder aguantar la temporada.
Cuando terminó la temporada, tuve que estar tres meses parado por el pubis. Justo cuando empezaba a jugar de nuevo, en un partido de Copa contra el Hércules, en el que el Hércules nos eliminó de la competición, me rompí la rodilla. La situación se complicó. Estuve diez o doce partidos sin jugar desde la primera vuelta, prácticamente hasta que empezó la segunda. Después volvimos a jugar. Teníamos un buen equipo para aquella segunda temporada y nos clasificamos con cierta solvencia para el play-off. Sin embargo, no pudimos ascender. Nos tocaron equipos muy buenos; creo que eran el Sant Andreu, el Extremadura y el Lugo. Si no me equivoco, fue el Lugo el que subió. Nosotros no pudimos conseguir el ascenso.
A partir de ahí se desencadenó la locura económica. No nos pagaban, el club iba a desaparecer y el presidente que había entonces no podía sacarlo adelante. Una de las soluciones que se buscó fue que yo saliera del club. Se cerró un traspaso por mí al Mallorca. Recuerdo que estábamos en Cocentaina, durante la pretemporada, cuando el club estaba a punto de desaparecer. El Mallorca hizo una oferta por mí y me marché.
El club se reestructuró y, entre los empresarios, el director y la Junta Directiva, consiguieron sacarlo adelante. Es verdad que, antiguamente, quienes querían hacerse cargo del club eran de Elche, y entre todos pudieron salvarlo. Así se llegó a la situación que tiene hoy el club. Si no recuerdo mal, aquella fue una de las épocas de mayores dificultades económicas que ha vivido el Elche en los últimos años. Nos dejaron dinero a deber y yo tuve que perdonar todo lo que se me debía para poder marcharme.
Después me fui al Mallorca y estuve dando vueltas por ahí hasta que regresé como entrenador de los equipos de fútbol base y trabajador del club. A partir de entonces trabajé casi diez u once años más.
- ¿Cuál fue el momento más especial a nivel personal y colectivo que recuerda en la entidad ilicitana? Y por contra, ¿el más duro o doloroso?
El momento más importante fue mi debut con el primer equipo. Lo más triste también pudo ser el descenso, porque cuando debutas con 20 años tienes la ilusión de estar en un club y de seguir creciendo, pero de repente te ves metido otra vez en Segunda B. Además, teníamos problemas económicos y el club podía desaparecer. Cuando acabas de empezar tu carrera deportiva, temes que todo se venga abajo porque todavía no tienes la continuidad, el prestigio ni el reconocimiento que puede tener la gente que lleva más tiempo.
Fue un año muy malo. A las dificultades deportivas se sumaron después las lesiones, así que, la verdad, fue una época bastante complicada y bastante negra. Durante aquella temporada, al debutar tan joven, surgieron varias ofertas por mí. Creo que me quería el Zaragoza y también el Tenerife, pero el club no me dejó salir. Después te ves metido en Segunda B y con problemas económicos. Si hubieras podido marcharte antes, quizá la situación habría sido distinta, pero estas cosas ocurren y nunca sabes qué va a pasar.
- ¿Cómo afronta un jugador tan joven esas lesiones tan duras?
Es complicado, sobre todo porque me pillaron en una época muy mala. La primera lesión era algo que, en cierto modo, se veía venir. Aguanté en muy malas condiciones hasta el final porque estaba jugando, estaba contento y quería continuar. Con 20 años disputé casi 40 partidos entre Liga y Copa y quería aguantar hasta el final. Además, existía la posibilidad de marcharme a otro sitio si descendíamos, como finalmente ocurrió. Puede que una de las razones por las que acabé lesionándome fuera precisamente esa situación. Durante la temporada tuve la oportunidad de marcharme en Navidad, pero el club no me dejó salir.
Después llega una lesión y, cuando parece que vas a recuperarte, ves que, aunque no sea una lesión de larga duración, resulta muy complicada. Y justo en el primer partido que juegas, antes de empezar la Liga, en la Copa del Rey, te lesionas también de la rodilla. La verdad es que es complicado, porque ves que el futuro que te habías imaginado puede irse al traste. Si las lesiones ya son difíciles hoy en día, hace treinta y tantos años, cuando los tratamientos no estaban tan avanzados, lo eran todavía más. No sabías cómo ibas a quedar después de una lesión.
- ¿Cómo fue su carrera hasta su retirada?
Después me traspasaron al Mallorca, no sin cierta polémica, porque surgieron problemas económicos y, sobre todo, cuestiones relacionadas con el contrato y con las condiciones en las que querían llevarme allí. El acuerdo entre el Elche y el Mallorca se enquistó un poco. Yo ya estaba en Barcelona, en un hotel, firmando con el club, en la época de los Juegos Olímpicos. Firmé con el Mallorca para marcharme desde allí a Font-Romeu.
Me fui con un directivo, Conesa, en su coche, para que me llevara. Surgieron un par de problemas económicos, tanto con la cantidad que pagaban por mí como con lo que me iban a pagar a mí. Pero, entre unas cosas y otras, los problemas económicos del club y mis ganas de marcharme, al final la situación se resolvió.
Me fui al Mallorca y estuve allí dos años y algo. Después, por el servicio militar y otras circunstancias, me marché al Mérida, donde estuve dos años más.
En el Mérida, que competía en Segunda División, tuve la suerte de que ascendimos a Primera y empecé la temporada en esa categoría. Sin embargo, el entrenador, D’ Alessandro, que fue con el que ascendimos aunque ya habíamos casi conseguido el ascenso antes de que llegara, ya me había explicado cuál era la situación y qué papel iba a tener en el equipo. No llegué a debutar en Primera. D’ Alessandro no me engañó nunca. Se trajo a jugadores veteranos de Primera División que conocía como Pablo Alfaro.
Después me fui al Levante, y volvió a ocurrir algo parecido a lo que te comentaba antes. Teníamos un equipazo y mucho dinero para jugar, pero acabamos bajando a Segunda B. Son cosas que pasan. Estaban Lauren, Paniagua y José María, aquel delantero. Teníamos un equipo extraordinario, pero hubo problemas y llegamos a tener cinco entrenadores en una temporada.
Después me marché al Ourense, donde estuve dos años en Segunda División. De allí pasé al Compostela, donde jugué cuatro años.
Finalmente, regresé a esta zona y jugué una temporada en Tercera División con el Pilar de la Horadada, que entonces estaba fuerte en la categoría y pagaba bien. El año anterior había disputado la fase de ascenso a Segunda B. Jugué una temporada y después me retiré.
A partir de ahí empecé a entrenar y continué trabajando en el fútbol, tanto como entrenador como en la secretaría técnica y en otras funciones. Hasta hace dos o tres años estuve trabajando como segundo entrenador y he seguido ligado al fútbol.
- Para los más jóvenes que no le vieron jugar, ¿cómo era Chema en el campo?
Era un central, no era muy alto para lo que se lleva ahora: medía alrededor de 1,82 metros. Sin embargo, era muy expeditivo e iba muy bien de cabeza. A pesar de la altura y de las limitaciones que eso podía suponer en el salto, anticipaba bien. Técnicamente tampoco era malo y me manejaba bien, sobre todo en el desplazamiento largo del balón.
En la mayoría de los equipos en los que jugué destacaba también por la voz de mando y el liderazgo. Estuve en ocho o nueve equipos y, en seis o siete de ellos, al final de la primera o la segunda temporada ya era capitán o uno de los jugadores de referencia. No sé si sería por mi carácter, pero así ocurrió.
Mis principales características eran la anticipación y el juego aéreo. Tanto en las acciones ofensivas como en las defensivas, dominaba bastante bien el juego de cabeza.
- ¿Cómo fue su etapa como entrenador, sobre todo en el filial franjiverde?
Bien. He desempeñado muchas funciones. He sido director de captación y he trabajado en la secretaría técnica, ayudando a diferentes directores deportivos: a Horta, a Planes…
También he entrenado a equipos cadetes y juveniles, incluido el Juvenil Nacional. Además, entrené al filial durante un año, cuando estaba en Preferente. Jugamos el play-off de ascenso a Tercera División, pero no conseguimos subir.
Entre unas cosas y otras, aparte de los cinco años que estuve como jugador, uno en juveniles, dos en el Ilicitano y dos en el primer equipo, trabajé otros diez u once años en diferentes áreas del club.
- ¿A qué se dedica actualmente?
Dejé de trabajar en el fútbol, aunque no porque quisiera. He seguido buscando oportunidades y, últimamente, he trabajado como scouting para distintos equipos. He estado vinculado al Deportivo Alavés y al UCAM. Además, fui segundo entrenador en el Alcoyano hasta hace dos años y también trabajé en la secretaría técnica.
Desde hace dos años y medio, por desgracia, no he encontrado nada que pueda compatibilizar con mi trabajo actual. Trabajo en la Universidad de Alicante como auxiliar.
- ¿Le gustaría volver a estar relacionado con el mundo del fútbol en algún momento?
Sí, por supuesto. No es que lo esté buscando desesperadamente, porque no lo necesito ni por dinero ni por trabajo, pero sí me gustaría encontrar algo compatible con mi empleo actual, como ocurría en los últimos años. El día a día de un entrenador sería complicado de compaginar con mi trabajo, pero sí me gustaría volver a desempeñar funciones como las que he tenido en el Alavés, en otros equipos y en el Alcoy, dentro de una secretaría técnica o en tareas de scouting. Si pudiera trabajar los fines de semana y mantener esa compatibilidad, me gustaría volver. No te voy a engañar: echo de menos el fútbol en directo.
- Usted ha sido colaborador durante estos años de Elche Capital, compartiendo su opinión semana tras semana del Elche CF, ¿cómo ve al equipo esta temporada?
No lo veo mal, pero tampoco lo veo bien. Ya digo, es un equipo que, igual que el año pasado, estaba capacitado para hacer ese tipo de juego. Después de mantenerlo durante más de un año y repetirlo la temporada siguiente, los jugadores se acostumbran y se adaptan a esa forma de jugar. Este año, tanto por los jugadores como por el estilo de juego y por cómo está el fútbol en Primera División, creo que no es la forma más adecuada de jugar si quieres tener garantías de mantenerte en la categoría. Ya se está viendo: el equipo recibe muchos goles y concede demasiadas ventajas al rival.
Además, se ha debilitado mucho en la parte de arriba, aunque hemos tenido la suerte de que Fernando Niño está atravesando una buena racha goleadora en las últimas jornadas, algo que nadie esperaba. Hay que ser realistas, Fernando Niño es un jugador que ha dado buenos resultados tanto en Primera Federación como en Segunda División, aunque no sea un goleador nato. Aquí también está dando buenos resultados y está marcando más goles que en otras categorías. Está compensando, en cierto modo, los goles que el año pasado se repartían entre tres delanteros. Ahora está concentrando buena parte de esa producción goleadora.
Sin embargo, defensivamente el equipo se ha debilitado mucho con la marcha de Affengruber, Bigas ya no es el que era y los otros centrales, a mi juicio, no tienen el nivel de Primera División que tenían aquellos jugadores. No son malos futbolistas, pero sus debilidades, unidas a la forma de jugar, los comprometen. Está claro que no pueden jugar metidos atrás y replegados todo el tiempo, pero jugar a campo abierto, como hacen muchas veces presionando arriba, también los expone. Incluso a un jugador de calidad lo comprometes cuando lo obligas a defender en situaciones de peligro constante.
- ¿Mantiene relación con antiguos compañeros del Elche?
Sí que la mantenemos. A veces la relación es más continua y otras veces menos, pero como mínimo hacemos una comida al año. Antes organizábamos más cenas que comidas, pero al menos una vez al año nos reunimos. Tenemos como dos grupos: uno de jugadores de la cantera y otro de veteranos del Elche.
Después, una o incluso dos veces al año, los que no estamos en el grupo de veteranos del Elche, pero tenemos una relación más cercana con el club, nos juntamos para comer y ponernos al día.
Los jugadores de la cantera y los que vivimos cerca, que hemos pasado por el Elche en distintas épocas, solemos reunirnos. También vienen personas que han trabajado muchos años con nosotros, como el médico Paulino, César, el podólogo y el masajista Emilio, que lleva toda la vida vinculado al club. Nos tienen mucho cariño y nosotros también a ellos. Como mínimo, una vez al año nos juntamos.
- ¿Quién fue el mejor jugador con el que compartió vestuario en el Elche CF?
En el Elche he tenido muchísimos compañeros. Por la época que nos tocó vivir, como decía antes, estábamos en una situación muy complicada y había muchos jugadores de cantera. El primer año no tantos, pero el segundo éramos aproximadamente un 90 % de jugadores de la cantera. En el primero también rondábamos el 50 %. Les tengo mucho cariño a muchos y no voy a nombrarlos porque tendría que mencionar prácticamente a todos.
Fuera del club también he hecho amistad con muchísimos jugadores, como Robi, Pedro Pablo y Murúa. En cuanto a calidad futbolística, hemos tenido jugadores de muchísimo nivel. Por ejemplo, el propio Crespín, que sigue viniendo porque pasa buena parte del año por aquí, entre Elche y Santa Pola. En aquella época tuvimos futbolistas de mucha calidad. Como te decía, teníamos un buen equipo y los canteranos también tenían un nivel alto. Por desgracia, pese a tener un equipo tan bueno, no conseguimos subir a Segunda División.
- ¿Quién fue el mejor entrenador que tuvo en sus años en el Elche?
Le tengo mucho cariño a Lico, por cómo era como entrenador y por la confianza que depositó en mí. Fue quien me subió al primer equipo después de haberme tenido un año en el Ilicitano.
También le tengo muchísimo cariño a Lezcano porque, como persona, no he tenido ningún entrenador que se le parezca. Además, le guardo un afecto especial porque, durante mi segundo año, me trató muy bien y confió mucho en mí, a pesar de las dos lesiones que sufrí. Fue una de las personas más importantes de aquella etapa, aunque se le menciona poco. Después se marchó al Mallorca como segundo entrenador de Serra Ferrer y fue quien tiró de mí para que me fuera allí. Fue una de las personas que más influyó en mi llegada al Mallorca. Posteriormente, durante mi primer año allí, estuvo como segundo entrenador de Serra Ferrer y, al año siguiente, pasó a desempeñar otras funciones dentro del cuerpo técnico.
- ¿Qué valoración hace de su etapa en el Elche CF y que ha significado para usted vestir la camiseta franjiverde?
Para mí lo significó todo, porque fue el comienzo de mi carrera como jugador y me dio la oportunidad de engancharme al fútbol profesional. Es algo con lo que sueñas cuando eres un chaval, aunque al principio ni te lo imaginas. Cuando empiezas a jugar al fútbol en categoría infantil, con 13 o 14 años, como empecé yo, simplemente piensas en jugar con tus amigos. Ahora se empieza mucho antes, pero entonces no era así. Todos soñamos cuando compramos cromos o vemos fútbol por televisión, pero al empezar no te imaginas que algún día vas a llegar a ese nivel.
Sin embargo, cuando fichas por el Elche para jugar en División de Honor juvenil y te enfrentas a los mejores equipos de un único grupo, pasan tres, cuatro o cinco años y ves que muchos de aquellos jugadores están en Primera División, te das cuenta de dónde has llegado. Piensas: «¿Dónde he jugado?».
Después tienes la suerte de que, dos o tres años más tarde, ya estás en el fútbol profesional. Para mí fue una alegría enorme, especialmente por estar cerca de casa y en un club al que siempre había querido.
El Elche me dio la oportunidad de volver a engancharme al fútbol profesional y de vivir del fútbol, jugando al fútbol como profesión durante casi 15 años. Después también me ha dado la oportunidad de seguir trabajando en otras funciones y no descarto continuar vinculado al club o al fútbol, siempre que pueda compatibilizarlo con mi trabajo actual, porque soy funcionario.
- Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría mandar a la afición del Elche CF y cómo le gustaría ser recordado por los aficionados?
Por desgracia, creo que no somos jugadores especialmente recordados. Varios compañeros a los que también habéis entrevistado lo hemos comentado, porque muchos de nosotros vivimos una época muy mala para el Elche, que la gente recuerda con mal sabor de boca por el descenso y por los problemas económicos que llegaron después.
Hubo un momento en el que incluso nos quedamos sin campos para entrenar y nos pusimos en huelga. El otro día lo comentaba también Capón en vuestra entrevista: llegamos a estar en huelga. Después vinieron más dificultades y continuaron los problemas económicos. Es una etapa que la gente no recuerda como una época deportivamente buena del Elche, sino como un periodo de dificultades.
Cuando vas por la calle o acudes a cualquier acto del club, te das cuenta de que no somos jugadores especialmente recordados ni estamos tan presentes en la memoria de los aficionados. Es comprensible, porque aquella fue una época mala. Aun así, la mayoría guardamos un gran recuerdo de nuestro paso por el club. Estuvimos allí, defendimos esa camiseta y formamos parte de su historia. Entiendo que, para los aficionados, aquella etapa haya quedado un poco relegada por las dificultades que se vivieron.




Iván Hurtado



















