Cada 12 de octubre, España celebra su Fiesta Nacional con actos oficiales, desfiles, homenajes y muestras de orgullo por la historia y los símbolos del país. Es una fecha que invita a mirar al pasado, pero también a reconocer todo aquello que España representa hoy: una cultura diversa, una lengua que conecta continentes y un patrimonio que despierta interés y admiración mucho más allá de nuestras fronteras.
Para muchos ciudadanos, la jornada es una oportunidad para expresar su sentimiento de pertenencia, recordar las tradiciones que han pasado de generación en generación y celebrar los logros de un país que ha evolucionado profundamente a lo largo de los siglos. Para otros, constituye también un momento para reflexionar sobre determinados episodios históricos. Ambas miradas forman parte de una conversación que continúa abierta, pero el 12 de octubre ofrece, además, una ocasión para poner en valor aquello que une y que permite mirar al futuro con ilusión.
La historia de esta celebración se remonta a finales del siglo XIX. En 1892, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo, se impulsó la conmemoración del cuarto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América. La decisión quedó recogida en la Gaceta de Madrid el 25 de septiembre de aquel año y dio lugar a una primera celebración oficial con actos públicos, desfiles escolares, bandas de música y una ofrenda floral ante la estatua de Colón.
Aquella jornada marcó el comienzo de una tradición que, con el paso del tiempo, fue adquiriendo un significado cada vez más amplio. La fecha comenzó a conocerse como el Día de la Raza, una denominación que reflejaba la voluntad de destacar los vínculos históricos y culturales entre España y los países hispanoamericanos. En 1918, durante el reinado de Alfonso XIII, la celebración adquirió carácter de fiesta nacional.
Años después se extendió el término Día de la Hispanidad, asociado al reconocimiento de una comunidad cultural y lingüística que comparte una parte importante de su historia. La denominación fue impulsada por el sacerdote Zacarías de Vizcarra y difundida posteriormente por el escritor y diplomático Ramiro de Maeztu. El 12 de octubre coincidía, además, con la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de Zaragoza y de gran importancia en la tradición religiosa española.
La denominación oficial de la jornada fue cambiando con el tiempo, reflejando también la evolución política del país. En 1958 se estableció oficialmente el Día de la Hispanidad y, tras la llegada de la democracia, la celebración continuó adaptándose a una nueva realidad social e institucional. En 1981 se mantuvo el nombre de Fiesta Nacional de España en la normativa correspondiente y, en 1987, la Ley 18/1987 consolidó la denominación actual: Fiesta Nacional de España.
La fecha recuerda un acontecimiento que transformó la historia mundial y abrió una etapa de intensos intercambios entre Europa y América. A partir de aquel encuentro circularon lenguas, conocimientos, alimentos, expresiones artísticas, costumbres y formas de entender la vida que, con el paso de los siglos, contribuyeron a configurar sociedades y culturas de enorme riqueza. También fue el inicio de procesos de conquista y colonización que provocaron violencia, profundas desigualdades y consecuencias duraderas para los pueblos indígenas. Comprender esa historia en toda su complejidad permite valorar el legado cultural sin olvidar las experiencias de quienes también la protagonizaron.
Precisamente, uno de los mayores motivos para celebrar esta jornada se encuentra en la herencia cultural que ha trascendido las fronteras. La lengua española es uno de los ejemplos más evidentes. Hablada por cientos de millones de personas, constituye un patrimonio compartido que conecta países, generaciones y comunidades muy diferentes. Es la lengua de grandes escritores y poetas, de canciones que se escuchan en todo el mundo, de películas que emocionan a públicos internacionales y de historias que siguen encontrando nuevos lectores.
El español no pertenece únicamente a España. Es una lengua viva, enriquecida por los distintos países y comunidades que la hablan, por sus acentos, sus expresiones y sus maneras particulares de contar el mundo. Esa diversidad es precisamente una de sus grandes fortalezas: permite reconocernos en unas palabras comunes y, al mismo tiempo, descubrir todo lo que nos hace diferentes. Cada novela, canción, película o conversación contribuye a mantener vivo ese vínculo cultural que atraviesa el Atlántico y llega mucho más lejos.
España también puede sentirse orgullosa de la riqueza de su patrimonio histórico y artístico, de su arquitectura, de sus museos, de su gastronomía y de sus tradiciones populares. Desde los monumentos que forman parte de la memoria colectiva hasta las fiestas que llenan de vida pueblos y ciudades, el país conserva un legado que continúa inspirando a quienes lo visitan y a quienes lo viven cada día. A ello se suma la creatividad de sus artistas, deportistas, investigadores y profesionales, que contribuyen a proyectar una imagen de España moderna, abierta y capaz de renovarse sin perder sus raíces.
En Elche, como en tantos otros municipios, el sentimiento de pertenencia también se construye a través de la historia local, las celebraciones, las costumbres y el patrimonio que pasan de una generación a otra. La identidad nacional no tiene por qué borrar las particularidades de cada territorio: puede enriquecerse precisamente gracias a ellas. La diversidad de España es parte de su carácter y una de las razones por las que su cultura resulta tan variada y reconocible.
Hay momentos en los que ese sentimiento compartido se hace especialmente visible. Ocurre, por ejemplo, cuando la selección española disputa un Mundial de fútbol y millones de personas se reúnen frente al televisor, en las calles o en las plazas para animar al mismo equipo. Durante esos encuentros, ciudadanos con ideas, orígenes y maneras de vivir diferentes encuentran una ilusión común. Las celebraciones por una victoria o la emoción de un partido decisivo recuerdan que existen espacios capaces de reunirnos y de hacernos sentir parte de algo compartido.
España es, naturalmente, mucho más que el fútbol. Pero esa emoción colectiva sirve como ejemplo de cómo una afición, una tradición o un símbolo pueden convertirse en un punto de encuentro. Lo mismo sucede con la lengua, la música, la gastronomía y tantas otras expresiones culturales que despiertan recuerdos, generan vínculos y permiten celebrar aquello que tenemos en común.
El 12 de octubre puede entenderse, por tanto, como una oportunidad para mirar a España con orgullo y también con confianza en el futuro. Una jornada para reconocer la riqueza de su historia, valorar la diversidad de sus territorios y celebrar una cultura que ha sabido viajar, transformarse y conectar a millones de personas. No es necesario pensar igual en todo para compartir el aprecio por la lengua española, por el patrimonio cultural o por los logros que contribuyen a dar a conocer el país en el mundo.
Porque una nación no se define únicamente por su pasado, sino también por lo que construye cada día y por aquello que ofrece a los demás. La historia de España contiene episodios de los que aprender, pero también siglos de creación artística, literatura, avances, tradiciones y encuentros culturales que forman parte de un legado extraordinario.
Más de 130 años después de sus primeras celebraciones oficiales, el 12 de octubre sigue siendo una fecha para recordar de dónde venimos y pensar hacia dónde queremos ir. Y, sobre todo, para celebrar que una lengua, una cultura y una historia compartida pueden tender puentes entre personas muy distintas. En esa capacidad de unir, enriquecer y mirar al futuro también hay motivos para sentirse orgulloso de España.







Iván Hurtado




















