VIVIENDA

La vivienda tiene solución: todo pasa por un gran pacto de Estado

Una propuesta para facilitar el acceso a la vivienda mediante más construcción, incentivos fiscales, garantías para los propietarios, alquileres asequibles, aprovechamiento del suelo y regeneración de los barrios
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Iván Hurtado
12 de octubre de 2026 - 08:09

El acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones de muchas familias españolas, especialmente de los jóvenes y de quienes tienen ingresos medios y bajos. Comprar una vivienda resulta cada vez más difícil y encontrar un alquiler a un precio asumible supone un esfuerzo económico considerable.

Para afrontar esta situación es necesario actuar desde distintos frentes: aumentar la oferta de vivienda, facilitar el acceso a la compra y al alquiler, ofrecer seguridad a los propietarios, aprovechar mejor el suelo disponible y regenerar los barrios que necesitan nuevas inversiones. Todo ello requiere la colaboración de las administraciones y un gran pacto de Estado que permita mantener medidas eficaces a largo plazo.

1. Una oficina pública de alquiler que garantice el cobro al propietario

Una de las medidas propuestas es crear oficinas públicas de alquiler, financiadas por el Estado y gestionadas por los ayuntamientos en coordinación con las comunidades autónomas.

El objetivo sería animar a los propietarios a poner sus viviendas en alquiler a precios asumibles, ofreciéndoles una garantía pública de cobro de la renta pactada. Quienes se acogieran voluntariamente al programa tendrían garantizado el cobro durante el periodo cubierto, incluso si se produjeran impagos, hasta que pudieran recuperar la vivienda conforme al procedimiento legal establecido.

A cambio de esta protección, los propietarios se comprometerían a alquilar sus viviendas a un precio asequible, dentro de los límites fijados por el programa para cada municipio.

Las oficinas podrían encargarse de la gestión y el seguimiento de los contratos, ofrecer asesoramiento jurídico y administrativo y coordinar las actuaciones necesarias ante incumplimientos o situaciones de ocupación ilegal.

De esta manera, la Administración asumiría parte del riesgo económico que actualmente puede disuadir a muchos propietarios de alquilar sus viviendas. El propósito sería movilizar más inmuebles hacia el mercado del alquiler asequible, aumentar la oferta y proporcionar tranquilidad a los propietarios, sin dejar de proteger los derechos de los inquilinos.

2. Una respuesta rápida frente a la ocupación ilegal

También es necesario establecer mecanismos eficaces para recuperar las viviendas cuando se acredite una ocupación ilegal, con procedimientos ágiles y garantías judiciales.

La propuesta plantea que, una vez acreditada la ocupación ilegal, se pueda proceder al desalojo con rapidez, evitando demoras innecesarias. Para ello, sería preciso contar con procedimientos claros, una respuesta jurídica eficaz y una coordinación adecuada entre las autoridades competentes.

Esta medida debe distinguirse de los conflictos derivados de contratos de alquiler, los impagos o las situaciones en las que existan derechos legítimos de los ocupantes, que requieren el procedimiento legal correspondiente.

La finalidad sería proteger a los propietarios frente a la ocupación ilegal y ofrecer seguridad a quienes decidan poner sus viviendas en alquiler, sin menoscabar las garantías legales ni la atención social que puedan necesitar las personas vulnerables.

3. Aprovechar el suelo municipal para construir vivienda protegida

Los ayuntamientos deberían estudiar el suelo de titularidad municipal disponible y valorar dónde sería posible promover nuevas viviendas protegidas, tanto para la compra como para el alquiler asequible.

Mediante la colaboración entre las administraciones públicas y el sector privado se podrían impulsar promociones que aumentaran la oferta en plazos razonables, con precios regulados y criterios de acceso transparentes.

Estas viviendas deberían dirigirse especialmente a jóvenes, familias con ingresos medios y bajos y personas que, pese a disponer de ingresos, no pueden acceder a los precios actuales del mercado.

Aprovechar adecuadamente el patrimonio público permitiría aumentar la oferta de vivienda sin depender exclusivamente de la iniciativa privada y facilitaría el desarrollo de promociones adaptadas a las necesidades de cada municipio.

4. Regenerar barrios mediante nuevas promociones de vivienda

La construcción de viviendas también puede servir para impulsar la renovación urbana y mejorar barrios que necesitan inversiones en sus calles, plazas, zonas verdes y equipamientos públicos.

En Elche, el barrio de San Antón constituye un ejemplo de regeneración urbana que puede servir para estudiar cómo mejorar las condiciones residenciales y el entorno de una zona. Conviene señalar que este proceso no supuso un aumento de la edificabilidad, por lo que no debe confundirse con otras fórmulas de desarrollo que podrían estudiarse en diferentes áreas.

En barrios como Carrús y en otras zonas de Elche donde resulte urbanística y técnicamente viable, se podría analizar la posibilidad de aumentar la edificabilidad en determinados ámbitos para desarrollar nuevas promociones de vivienda asequible.

La propuesta consistiría en estudiar si parte del valor generado por estas nuevas actuaciones puede contribuir a financiar la renovación de calles, plazas, espacios verdes y equipamientos públicos. Para ello sería necesario analizar la viabilidad urbanística, económica y de infraestructuras de cada zona.

Estas intervenciones deberían planificarse con participación vecinal, procurando que los residentes actuales también se beneficien de las mejoras y evitando que la regeneración se traduzca en su desplazamiento por el aumento de los precios.

5. Estudiar nuevas posibilidades de construcción en suelo no protegido

Otra línea de actuación sería estudiar si determinados terrenos rurales no protegidos podrían destinarse, cuando la legislación urbanística y medioambiental lo permita, a viviendas destinadas exclusivamente a residencia habitual.

No se trataría de urbanizar indiscriminadamente el suelo rural, sino de analizar casos concretos en los que fuera legalmente posible, existieran infraestructuras y servicios adecuados y se garantizara la protección del entorno.

Como condición para acogerse a esta fórmula, se podría establecer la obligación de destinar la vivienda a residencia habitual durante un mínimo de 30 años, mediante mecanismos legales de control y obligaciones registrales cuando proceda. También deberían definirse las consecuencias del incumplimiento y las excepciones justificadas.

El objetivo sería evitar que estas viviendas se destinaran a la especulación o a usos distintos de los previstos, y ampliar las opciones residenciales allí donde exista una necesidad real y resulte compatible con la normativa.

6. Una fiscalidad que premie la vivienda a precios asequibles

La política fiscal debería convertirse en una herramienta para aumentar la oferta de vivienda a precios asumibles, incentivando tanto a quienes venden como a quienes compran o alquilan una vivienda destinada a residencia habitual.

En primer lugar, se propone establecer deducciones o bonificaciones fiscales para los propietarios que vendan sus viviendas a un precio máximo previamente fijado para cada municipio, teniendo en cuenta las características del mercado inmobiliario y la capacidad económica de la población. El objetivo sería animar a los propietarios a ofrecer inmuebles a precios razonables y facilitar que más compradores puedan acceder a una vivienda.

En segundo lugar, deberían estudiarse deducciones fiscales para la adquisición de la vivienda habitual, especialmente para quienes compren su primera vivienda y para los jóvenes y las familias con ingresos medios y bajos. Estas ayudas podrían contribuir a reducir el esfuerzo económico inicial y facilitar el acceso a la propiedad a quienes tienen dificultades para reunir los recursos necesarios.

También se propone establecer deducciones por el alquiler de la vivienda habitual, con especial atención a los jóvenes y a las personas con ingresos medios y bajos. De esta manera, la política fiscal apoyaría tanto a quienes desean comprar como a quienes necesitan alquilar.

Una medida especialmente relevante sería establecer una exención total o una reducción muy significativa de la tributación de los ingresos procedentes del alquiler para los propietarios que incorporen sus viviendas a programas públicos de alquiler asequible, gestionados por oficinas municipales de vivienda u otros organismos públicos habilitados.

Para beneficiarse de este incentivo, los propietarios tendrían que aceptar una renta reducida, ajustada a los límites establecidos para cada municipio, y mantener la vivienda destinada a residencia habitual durante el periodo comprometido. A cambio, podrían obtener una ventaja fiscal clara y contar, además, con la garantía pública de cobro del alquiler hasta recuperar la vivienda conforme a los procedimientos legales.

Esta combinación de incentivos permitiría ofrecer dos garantías complementarias: seguridad económica para el propietario y un precio de alquiler más asequible para el inquilino.

Los beneficios fiscales deberían estar condicionados a la formalización del contrato, la declaración de los ingresos, el cumplimiento de los límites de renta y la permanencia en el programa. También tendrían que establecerse mecanismos de control y consecuencias para los casos de incumplimiento.

Finalmente, se podría estudiar una reducción del IVA aplicable a determinadas compras de vivienda nueva y del impuesto sobre transmisiones patrimoniales en la adquisición de vivienda usada, dentro del marco legal y competencial correspondiente. Asimismo, cabría contemplar incentivos para quienes reinviertan las ganancias obtenidas por la venta de su vivienda habitual en la compra de otra destinada al mismo uso.

Todas estas medidas deberían evaluarse para comprobar que el ahorro fiscal beneficia realmente a compradores e inquilinos y no termina trasladándose, total o parcialmente, a un incremento de los precios.

La finalidad es que el sistema tributario favorezca a quienes contribuyan de manera efectiva a ofrecer viviendas a precios asequibles, en lugar de tratar del mismo modo todas las operaciones, con independencia de su aportación al acceso a la vivienda.

7. Un pacto de Estado con objetivos concretos

La dimensión del problema exige coordinación entre el Gobierno central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Las competencias en vivienda están repartidas entre distintas administraciones, por lo que la falta de coordinación puede dificultar que las medidas tengan continuidad y resultados.

Un gran pacto de Estado debería establecer objetivos concretos para aumentar la oferta de vivienda protegida, promover el alquiler asequible, facilitar la compra de la primera vivienda, ofrecer garantías a los propietarios que se incorporen a los programas públicos y mejorar los barrios que necesitan regeneración urbana.

También debería contar con financiación estable, plazos definidos, mecanismos de evaluación y transparencia sobre los resultados. Las medidas fiscales, urbanísticas y de protección del alquiler tendrían que diseñarse de forma coordinada, teniendo en cuenta las necesidades específicas de cada territorio y respetando las competencias de cada Administración.

Facilitar el acceso a una vivienda digna

La solución al problema de la vivienda no depende de una única medida. Es necesario combinar más construcción, mejor aprovechamiento del suelo público, regeneración urbana, incentivos fiscales y mecanismos que aporten seguridad a quienes ofrecen sus viviendas en alquiler.

Garantizar al propietario el cobro de la renta a cambio de un precio asequible, agilizar la respuesta ante la ocupación ilegal, promover vivienda protegida, incentivar fiscalmente la venta a precios limitados y favorecer el alquiler asequible son propuestas que podrían formar parte de una estrategia común.

Construir más, facilitar la compra y el alquiler, proteger al propietario frente a los impagos y la ocupación ilegal, aprovechar el suelo público, premiar fiscalmente la oferta a precios asequibles y regenerar los barrios deben ser objetivos complementarios de una política de vivienda con visión de futuro.

El propósito final debe ser que más personas puedan acceder a una vivienda digna a un precio asumible, con independencia de su edad o de su nivel de ingresos, y que las administraciones trabajen juntas para ofrecer soluciones estables y sostenibles.

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