ESTUDIO

Un estudio de la UMH destaca la eficacia de los juegos tradicionales para fortalecer la musculatura del tronco

Un estudio de la Universidad Miguel Hernández de Elche concluye que estas actividades activan la musculatura del tronco y generan menos aburrimiento entre los adolescentes, aumentando sus ganas de repetirlas.
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Francisco José Pérez
14 de octubre de 2026 - 18:12

Juegos tradicionales como la carretilla, el hula-hoop, el tentetieso o la pelea de gallinas pueden convertirse en una alternativa eficaz a los ejercicios convencionales para fortalecer la musculatura del tronco. Así lo concluye una investigación de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), que ha comprobado que algunas de estas actividades alcanzan niveles de activación muscular similares o incluso superiores a los abdominales clásicos y la plancha lateral.

El estudio, desarrollado en el Instituto Universitario de Investigación Centro de Investigación del Deporte (CID) de la UMH y publicado en la revista científica Psychology of Sport and Exercise, también destaca el potencial de los juegos para mejorar la motivación durante la actividad física. Una intervención de seis semanas con 76 adolescentes de un instituto de Educación Secundaria mostró que quienes participaron en un programa basado en juegos tradicionales experimentaron menos aburrimiento y manifestaron una mayor intención de volver a practicarlos.

El entrenamiento de la musculatura del tronco, conocido como core training, es habitual en los programas de ejercicio físico destinados a mejorar el rendimiento deportivo, favorecer la salud y prevenir o rehabilitar lesiones, especialmente las relacionadas con el dolor lumbar. Durante la adolescencia, además, contribuye al control postural y a la condición física general. Sin embargo, la repetición de ejercicios convencionales puede resultar monótona y reducir el interés por la práctica, especialmente en las clases de Educación Física.

Ante esta situación, los investigadores se propusieron comprobar si determinados juegos motores podían ofrecer un estímulo muscular comparable al de los ejercicios habituales y, al mismo tiempo, proporcionar una experiencia más atractiva para quienes los realizan.

“Queríamos comprobar si algunos juegos que implican de manera natural la musculatura del tronco podían proporcionar un estímulo comparable al de los ejercicios que se utilizan habitualmente para entrenarla, pero con una experiencia diferente para quien los practica”, explica Francisco José Vera García, catedrático del Departamento de Ciencias del Deporte de la UMH y primer autor del trabajo.

La investigación se dividió en dos estudios. En el primero participaron 20 adultos jóvenes, que realizaron dos ejercicios convencionales, el crunch o abdominal clásico y la plancha lateral, junto a cuatro juegos motores: la carretilla, el hula-hoop, el tentetieso y la pelea de gallinas. Para medir la actividad muscular, el equipo utilizó electromiografía de superficie, una técnica que registra mediante electrodos colocados sobre la piel la actividad eléctrica generada por los músculos durante la contracción.

Los resultados mostraron que los juegos podían alcanzar niveles de activación similares o superiores a los ejercicios convencionales, especialmente en los músculos oblicuos del abdomen, implicados en los movimientos de flexión, inclinación lateral y rotación del tronco.

Entre las actividades analizadas, la carretilla destacó por la exigencia que supone para la musculatura abdominal de la persona que avanza apoyándose en las manos mientras otra le sostiene las piernas. La pelea de gallinas, basada en el empuje lateral entre dos participantes, sobresalió por la activación de los oblicuos. Por su parte, el hula-hoop generó una activación más moderada, pero distribuida de manera más homogénea entre los distintos músculos del tronco.

El tentetieso registró una activación relativamente baja durante las pruebas de laboratorio. Los investigadores explican que esto se debe, en parte, a que los movimientos propios del juego tuvieron que limitarse y estandarizarse para poder medirlos con precisión.

Vera García señala que analizar la actividad muscular durante un juego plantea dificultades porque los movimientos reales son variables e impredecibles. Por ello, el equipo seleccionó acciones representativas y las reprodujo en condiciones controladas. Aunque este procedimiento permite obtener mediciones fiables, también limita la intensidad y la velocidad de algunos movimientos que se producen durante el juego espontáneo.

Los investigadores subrayan así que no todos los juegos trabajan la musculatura del tronco de la misma manera. Su elección debe depender de los objetivos del entrenamiento y de las características de las personas que participan.

El segundo estudio se centró en la experiencia de los adolescentes. Un total de 76 estudiantes se distribuyeron en tres grupos: uno siguió un programa de entrenamiento basado en juegos tradicionales, otro realizó ejercicios convencionales para fortalecer el tronco y un tercero actuó como grupo de control, sin participar en ninguna de las dos intervenciones.

Durante seis semanas, los investigadores evaluaron mediante cuestionarios el aburrimiento, el disfrute y la intención de repetir las actividades. Los resultados mostraron que los adolescentes que practicaron juegos tradicionales manifestaron menos aburrimiento y más ganas de volver a realizarlos que quienes siguieron el programa de ejercicios convencionales.

Para Vera García, estos resultados amplían las opciones disponibles para trabajar la musculatura del tronco, aunque no implican que los juegos deban sustituir por completo a los ejercicios tradicionales. La clave está en elegir actividades que combinen una demanda muscular adecuada con una experiencia atractiva para cada grupo.

El disfrute puede desempeñar un papel importante a la hora de mantener el hábito de hacer ejercicio. Eduardo Cervelló, catedrático del Departamento de Ciencias del Deporte de la UMH e integrante del Grupo de Investigación en Comportamiento Motor del CID, recuerda que un ejercicio puede estar bien diseñado desde el punto de vista fisiológico y biomecánico, pero perder eficacia si quienes lo practican se aburren y terminan abandonándolo.

Incorporar juegos a las sesiones de Educación Física puede ayudar, por tanto, a combinar el trabajo físico con la motivación, especialmente durante la adolescencia. No obstante, el equipo investigador apunta que será necesario estudiar si la mayor intención de repetir estas actividades se traduce realmente en una práctica más constante a largo plazo.

Además de Vera García y Cervelló, firman el trabajo los investigadores del CID de la UMH José Luis López Elvira y Amaya Prat Luri; la profesora de Educación Física del IES Mar Menor de San Javier, en Murcia, Belén Flores Parodi; y el investigador de la Universidad de Murcia José Ignacio Alonso Roque.

La investigación ha recibido financiación pública del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y de la Agencia Estatal de Investigación, así como del Fondo Europeo de Desarrollo Regional de la Unión Europea.

 

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