OPINIÓN

Ruz, el victimismo y la memoria selectiva

18 de octubre de 2026 - 11:43
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Pablo Ruz quiere acabar con la crispación. Lo dijo después de que alguien llamara “payaso” al portavoz socialista en un pleno. Y estoy de acuerdo: ya tenemos bastantes problemas en Elche como para convertir el Ayuntamiento en un circo. Aunque, viendo la facilidad con la que nuestro alcalde pasa de protagonista a víctima, alguno podría pensar que lo que le molesta no es el espectáculo, sino no controlar el guion.

La Agencia Española de Protección de Datos ha archivado la denuncia que Ruz presentó contra Patricia Macià por la supuesta difusión de su domicilio. El alcalde anuncia que recurrirá. Está en su derecho, por supuesto. Pero hay una pregunta que no desaparece por mucho que se recurra: ¿y ahora qué hacemos con la reprobación de Patricia Macià que aprobaron PP y Vox en el pleno?

Para señalar a la concejala hubo votos, discursos y solemnidad institucional. Ahora que la denuncia está archivada, ¿habrá rectificación? ¿Pedirán disculpas? ¿O la memoria política funciona como los presupuestos municipales: se modifica según convenga?

Porque reprobar primero y explicar después tiene una ventaja extraordinaria: permite organizar el espectáculo antes de conocer el desenlace. Lo malo es que la política no debería funcionar como un juicio popular con sentencia escrita de antemano.

Y conviene ser precisos: el archivo de la Agencia no equivale a una declaración judicial de inocencia ni impide que el alcalde recurra. Pero sí obliga a preguntarse si quienes convirtieron aquella denuncia en munición política están dispuestos ahora a revisar sus propias conclusiones.

Ruz llegó incluso a responsabilizar a Patricia Macià de lo que pudiera sucederle a él o a su familia. Una afirmación de enorme gravedad. La seguridad de cualquier familia merece respeto, pero atribuir anticipadamente a una adversaria política la responsabilidad por un daño hipotético es jugar con palabras demasiado serias. Ahora estaría bien que el alcalde explicara si mantiene aquella acusación con la misma contundencia con la que la formuló.

Y mientras todos miraban hacia la denuncia, seguía pendiente el asunto que verdaderamente merece una explicación pública: la licencia de obras de la vivienda del alcalde.

Según los datos denunciados por el PSOE, se concedió en aproximadamente dos meses, frente a una media cercana a los ocho meses para este tipo de permisos. ¿Eso demuestra que hubo trato de favor? No. Una diferencia de plazos no basta para afirmarlo. ¿Justifica pedir explicaciones, conocer los expedientes comparables y saber qué circunstancias permitieron esa tramitación? Por supuesto.

Porque hay vecinos que esperan meses, pagan profesionales y ven cómo sus proyectos se retrasan. Y cuando conocen una diferencia semejante, tienen todo el derecho a preguntar.

Imaginemos a una vecina que lleva meses esperando una licencia. Llama al Ayuntamiento y le dicen que tenga paciencia, que los procedimientos llevan su tiempo. Mientras tanto, descubre que el expediente del alcalde avanzó bastante más deprisa. Es fácil imaginar la conversación: “¿Y yo qué tengo que hacer para que mi licencia corra? ¿Pedir cita con el alcalde o ponerle su nombre a la obra?”.

La Administración no puede tener un servicio ordinario para los ciudadanos y una modalidad exprés cuya explicación nadie termina de aclarar. El Ayuntamiento no es una plataforma de reparto: no debería haber prioridad por ocupar el despacho de Alcaldía.

Señor Ruz, si de verdad quiere rebajar la crispación, puede empezar por algo revolucionario: responder a las preguntas sin convertir a quien las formula en enemigo público.

Porque pedir calma después de echar gasolina tiene mérito; pedirla mientras uno sostiene la manguera, bastante menos.

Y no, Elche no es su cortijo. La Alcaldía no es un trono, la oposición no es una comparsa y los ciudadanos no somos espectadores que hemos pagado una entrada para contemplar sus disputas personales.

Menos victimismo, menos humo y más explicaciones.

Que el problema de Elche no es que falten cortinas. Es que, detrás de algunas, seguimos esperando respuestas.

Y si el alcalde quiere dejar atrás la crispación, que empiece por demostrarlo. Porque gobernar no consiste en conseguir que todos hablen de uno; consiste en dar motivos para que hablen bien de la gestión.

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