El consumo de alimentos ultraprocesados tiene un impacto negativo en la flora intestinal, especialmente en personas mayores con sobrepeso u obesidad. Así lo concluye un estudio liderado por el Centro de Investigación Biomédica en Red del Instituto de Salud Carlos III y en el que ha colaborado el grupo de Epidemiología de la Nutrición (EPINUT) de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH).
Esta investigación, centrada en aspectos menos explorados como la salud intestinal, apunta a una relación directa entre la ingesta habitual de ultraprocesados y la disminución de bacterias beneficiosas en el tracto digestivo, así como de metabolitos fundamentales para transformar los nutrientes en energía.
El profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UMH y miembro del equipo investigador, Jesús Vioque, explica que los ultraprocesados se caracterizan por estar elaborados con sustancias derivadas de alimentos, aditivos y componentes como colorantes, pero con un bajo contenido nutricional y un alto aporte de grasas y azúcares.
En el estudio participaron 385 personas de entre 55 y 75 años, procedentes de centros sanitarios de Alicante, Valencia, Barcelona y Reus. Todos presentaban sobrepeso u obesidad, pero no enfermedades cardiovasculares previas, y cumplían al menos tres criterios de síndrome metabólico.
Los participantes fueron divididos en dos grupos: uno siguió su estilo de vida habitual y el otro se incorporó al programa PREDIMED-Plus, que promueve una dieta mediterránea hipocalórica, actividad física regular y apoyo conductual. Un año después, los investigadores analizaron de nuevo su microbiota intestinal mediante muestras de heces, además de entrevistas dietéticas y mediciones físicas.
Los resultados revelaron que quienes consumían más ultraprocesados tenían menor cantidad de bacterias intestinales beneficiosas y menores niveles de ácido pipecólico, un aminoácido producido por la microbiota que contribuye a regular la función inmunitaria.
Sandra González Palacios, investigadora de EPINUT, subraya que este déficit puede provocar procesos inflamatorios internos. “No hablamos de hinchazón digestiva puntual, sino de inflamación celular prolongada que puede afectar al metabolismo y la salud general”, advierte.
Aunque el ácido pipecólico no está presente en los alimentos de forma directa, sí puede generarse a partir de la lisina, un aminoácido que abunda en legumbres, frutos secos naturales, pescado azul, huevos y cereales integrales.
Desde el grupo EPINUT, que lleva años defendiendo los beneficios de la dieta mediterránea como patrón antiinflamatorio, se insiste en que los efectos positivos solo se alcanzan si se acompañan de ejercicio físico y la eliminación del tabaco y el alcohol.
Los autores del estudio recuerdan que los resultados deben interpretarse con cautela debido a la naturaleza observacional de la investigación, y reclaman nuevas intervenciones controladas que confirmen estos hallazgos y clarifiquen el vínculo entre los ultraprocesados y la salud intestinal.






Iván Hurtado












