Elche no solo es palmeral, Misteri y tradición milenaria. También es literatura. Y entre las páginas menos conocidas de nuestra historia cultural aparece el nombre de Ginés Campillo de Bayle, un presbítero y escritor del siglo XVII que nació en la villa ilicitana y que desarrolló una obra hoy casi olvidada, pero digna de ser reivindicada.
Los datos sobre su vida son escasos y proceden, en gran medida, de lo que él mismo dejó escrito. Sabemos que se declaraba natural de Elche, aunque en algunos epígrafes aparece simplemente como “valenciano”. Nada se conoce con certeza sobre su familia, y nunca figura con el tratamiento de “don”, lo que en su tiempo podía indicar que no pertenecía a la hidalguía. Pero lo que sí está claro es su profunda vinculación con la Iglesia y con su ciudad.
En 1689 se presenta como presbítero y en 1691 como beneficiado de la Iglesia parroquial de Santa María la Mayor, corazón espiritual e histórico de Elche. Pensar que hace más de tres siglos uno de sus sacerdotes era también novelista y dramaturgo añade una dimensión fascinante a nuestro patrimonio cultural.
Campillo participó en certámenes literarios de su tiempo, como el recogido por Antonio Sarabia en 1692, y dejó poemas en diversas publicaciones colectivas. Fue reconocido por autores contemporáneos, lo que demuestra que no fue una figura menor en el panorama literario de su época.
Su obra más conocida es Gustos y disgustos del lentiscar de Cartagena, publicada en Valencia en 1689. Aunque durante años se consideró novela cortesana, hoy se interpreta sobre todo como novela religiosa barroca. Narra la historia de Filomunda, una joven que, tras ingresar en un convento siendo niña, abandona temporalmente la vida religiosa para vivir un verano de diversiones, poesía y amor en Cartagena. La muerte de su enamorado la llevará de nuevo al claustro, en un relato que combina entretenimiento, reflexión moral y fervor espiritual.
En 1691 publicó además su única pieza teatral conocida, El mejor pastor descalzo San Pascual Baylón, muestra de su devoción y de su vocación literaria.
Se desconoce la fecha exacta de su muerte, aunque algunos estudiosos la sitúan a finales del siglo XVII. También aparece en el siglo XVIII otro Ginés Campillo, presbítero y autor de un atlas abreviado, sin que se haya podido confirmar si se trata del mismo ilicitano o de un homónimo.
Y quizá ahí reside parte de su encanto. Un sacerdote escritor que sirvió en Santa María, publicó en Valencia, escribió sobre Cartagena y luego se desdibujó en el tiempo, como tantas huellas antiguas de nuestra ciudad. Su nombre permanece, discreto, entre archivos y páginas barrocas, esperando a que Elche lo vuelva a pronunciar. Porque tal vez, en ese silencio de siglos, aún quede algo por descubrir.






Iván Hurtado














