La crisis hídrica ha generado graves consecuencias económicas y sociales, agravadas por la devastadora plaga de Xylella fastidiosa. Esta bacteria ha destruido el 99% de los almendros en Elche, afectando no solo la producción agrícola, sino también el tejido económico y social de la región. A esta situación se suma la persistente falta de precipitaciones, que ha reducido drásticamente los recursos hídricos y ha puesto en jaque la subsistencia de los agricultores, quienes dependen del almendro, un cultivo de gran importancia en los mercados internacionales. Ante este panorama, la Generalitat Valenciana ha anunciado un paquete de ayudas directas de hasta 4.500 euros para los agricultores afectados, con el fin de mitigar las pérdidas y ofrecer un apoyo temporal al sector.
El almendro ha sido durante generaciones un pilar de la agricultura y un símbolo del paisaje mediterráneo. Sin embargo, el avance de la sequía, unido a las crecientes temperaturas y la falta de recursos hídricos, pone en jaque su cultivo. La sequía ha alterado los ciclos de floración de los almendros, reduciendo el tamaño de los frutos y afectando la calidad de la cosecha. Además, la falta de agua ha incrementado la vulnerabilidad de los árboles a enfermedades y plagas, como la avispilla, que ha causado daños significativos.
La voz de los agricultores
José Vicente, agricultor de almendros, mira con desazón lo que antes era un paisaje de flores blancas. La sequía ha reducido a cenizas vivas lo que su abuelo comenzó hace más de 70 años. Ahora, tras perder 50 hectáreas, José lucha por encontrar futuro en un campo donde la tierra parece haber perdido su voz.
Con más de 70 años de tradición familiar en el cultivo del almendro, José Vicente narra cómo las sequías han transformado radicalmente su vida. «En los últimos diez años, hemos visto cómo miles de árboles han muerto debido a la falta de agua y el incremento de las temperaturas», afirma. Desde 2013, una de las peores sequías registradas, hasta 2024, los efectos han sido devastadores.
Los almendros no solo enfrentan la falta de lluvia, sino también la escasez de horas frío necesarias para una producción adecuada. Esto ha llevado a José Vicente a diversificar su producción hacia cultivos más rentables, como los cítricos ecológicos. «Este año he abandonado 50 hectáreas de almendro porque simplemente ya no es viable», confiesa. Vicente, quien ya diversificó su cultivo hacia cítricos ecológicos hace 25 años, asegura que «la agricultura de secano ya no es rentable». Esto se debe, en gran parte, a la competencia de países con un clima más favorable, como California, donde la rentabilidad de los almendros es más alta.
Para Alfredo, hijo de agricultores y agricultor de frutos secos, la agricultura no es solo una profesión, sino una tradición profundamente arraigada. Sin embargo, la sequía le ha obligado a tomar medidas drásticas. «Hemos recurrido a podas severas para que los árboles resistan, pero no es suficiente» ,explica. A pesar de recibir algunas ayudas gubernamentales, considera que estas son insuficientes para mitigar las pérdidas.
La economía de Alfredo también se ha visto afectada por los bajos precios del mercado, lo que lo ha empujado a reducir gastos y apostar por una agricultura ecológica. «Lo más complicado es que las sequías no afectan solo una campaña, sino varios años consecutivos», lamenta.
Ramón Sola empezó a cultivar almendros en 2006. Desde entonces, ha visto cómo el clima ha cambiado drásticamente. «El año pasado no llovió nada y los árboles no tuvieron ni siquiera el descanso necesario en invierno. Fue un desastre total” ,explica. En dos de los últimos cuatro años, su producción ha sido nula, lo que lo ha llevado a considerar abandonar el cultivo del almendro.En 2024, no recogió ni una sola almendra en sus 60 hectáreas de cultivo. «El año pasado, el árbol ni siquiera descansó en invierno. Cuando no llueve, los almendros no pueden producir», relata. A pesar de sus esfuerzos por encontrar agua mediante pozos, las condiciones son cada vez más adversas.
La realidad para muchos agricultores es que el almendro está perdiendo relevancia. «El almendro ya es un cultivo de segunda», lamenta José Vicente, y la situación no parece mejorar.
La sequía no solo está dejando campos vacíos, sino también erosionando las bases de una tradición que ha definido la identidad de la ciudad. Frente a este panorama, los agricultores luchan por adaptarse, pero el futuro del almendro en Elche sigue siendo incierto.






Iván Hurtado












