Elche, 1706. Imaginemos la ciudad hace más de tres siglos. No hay tráfico, ni teléfonos, ni noticias en tiempo real. Solo caminos de tierra, soldados, caballos y rumores que avanzan de pueblo en pueblo. En España se libra una guerra por la Corona y, de repente, el conflicto llega hasta las puertas de Elche.
La escena tiene dos protagonistas. Por un lado, Felipe de Anjou, el candidato borbónico. Por otro, el Archiduque Carlos de Austria, respaldado por una alianza internacional. La Guerra de Sucesión ha convertido buena parte de Europa en un enorme tablero de ajedrez. Y el Reino de Valencia es una de las piezas que ambos bandos quieren controlar.
En Elche, la tensión ya estaba dentro de la propia ciudad. Las autoridades y buena parte de las élites locales se inclinaban por Felipe V, mientras que el austracismo encontraba apoyos entre sectores populares y campesinos. Había además un profundo malestar con el régimen señorial. Cuando las tropas del Archiduque Carlos avanzaron por el territorio valenciano, esas divisiones cobraron una nueva dimensión.
Verano de 1706. Las tropas austracistas entran en Elche. Durante unos meses cambia la obediencia de la ciudad. La bandera política ha cambiado de lado y la villa pasa a formar parte de la retaguardia de una operación militar que tiene un objetivo inmediato: Alicante.
Elche empieza a funcionar como un punto de apoyo para las tropas. Hombres, animales y suministros se ponen al servicio de la campaña. Y aquí aparece uno de esos documentos que permiten reconstruir la historia como si fuera una escena congelada en el tiempo: 1 de agosto de 1706. Desde Elche salen 72 mulas y varios hombres para colaborar en el desembarco de piezas de artillería de la armada inglesa, fondeada en la bahía de Alicante. El ejército austracista prepara el cerco.
Mientras tanto, Alicante resiste. Las tropas partidarias del Archiduque Carlos estrechan el asedio y la ciudad terminará cayendo en sus manos en septiembre. Pero la película cambia de escenario rápidamente. El contraataque borbónico avanza y el 21 de octubre de 1706 las tropas del duque de Berwick, con el apoyo del cardenal Belluga, entran en Elche. Se acabó el breve capítulo austracista. La ciudad vuelve al bando borbónico.
Aquellos meses desaparecerían después entre las consecuencias de una guerra que todavía estaba lejos de terminar. La batalla de Almansa, el 25 de abril de 1707, marcaría otro punto decisivo y la victoria de Felipe V acabaría consolidando el dominio borbónico sobre el Reino de Valencia. Pero el verano de 1706 había dejado una historia mucho más pequeña y, precisamente por eso, fascinante: durante unos meses, Elche cambió de bando y sus calles quedaron conectadas directamente con una guerra que enfrentaba a las grandes potencias europeas.
La reconstrucción de este episodio parte de la publicación del grupo Elche y su Historia de Brufal y de la documentación histórica estudiada por Pedro José Saura Gil, de la Universidad de Alicante, en su trabajo sobre Elche durante la Guerra de Sucesión Española. Entre los documentos conservados destaca precisamente el fechado el 1 de agosto de 1706, una pequeña pieza de papel que permite asomarse, más de tres siglos después, a aquel verano en el que la guerra llegó a Elche.
Fuentes: Elche y su Historia de Brufal; Pedro José Saura Gil, Elche durante la Guerra de Sucesión Española, Universidad de Alicante.






Iván Hurtado




















