No hubo que decir mucho para entenderlo. Bastó mirar los ojos vidriosos de las Reinas y Damas salientes, esos gestos que no se ensayan, para comprobar lo que ha significado para ellas este año de entrega absoluta. La Plaça de Baix, imponente y viva, se convirtió anoche en el corazón de una ciudad que late con fuerza cuando su gente se viste de fiesta.
Claudia Porta e Irene Quesada cerraron su ciclo con palabras nacidas del pecho. “Elche se clava como la luz entre las palmas”, dijo Claudia, con la voz quebrada. A su lado, las cinco compañeras con las que ha compartido cada paso sostenían las lágrimas con la misma entereza con la que han sostenido la responsabilidad de representar a un pueblo entero. La Reina Infantil, Irene, también se despidió entre aplausos sinceros, dejando claro que hay emociones que no entienden de edad.
Todo comenzó en el antiguo convento de las Clarisas, donde las delegaciones invitadas de otros municipios fueron recibidas con la solemnidad que merece una noche así. El desfile posterior por el centro histórico, el montaje majestuoso, las flores coronando la fachada del Ayuntamiento… Elche estaba preparada para volver a escribir su ritual.
El Camp d’Elx, que ha luchado por hacerse ver y sentir, estuvo presente como nunca. Sus 14 comisiones arroparon el momento clave, cuando la Reina Mayor de 2025, Nuria Tejero, pisó el escenario con la determinación de quien sabe lo que representa. Le siguió Carla García como Reina Infantil, ambas vestidas con creaciones de alta costura firmadas por Jorge Fabuel, que convirtieron el instante en un auténtico pase de historia hecha moda.
El alcalde, Pablo Ruz, y la concejala de Festejos, Inma Mora, fueron los encargados de imponer las bandas, sellando el inicio de un reinado que será observado con atención y, sobre todo, con cariño. Andrés Coves, presidente de la UFECE, respiró tranquilo: este año, su gente no solo está presente, está en lo más alto.
La música lo dijo todo. La Banda Sinfónica de Elche puso la emoción en clave de pasodoble con el estreno de “Cridà a la Festa”, una pieza que nace con vocación de himno y que anoche se convirtió en banda sonora compartida. Porque hay melodías que no se olvidan, igual que hay noches que se quedan para siempre.
Un pequeño apagón justo al comienzo fue lo único que se desvió del guión, pero incluso eso pareció poético: una pausa, una respiración antes del estallido de luz, sonido y emoción que marcó el resto de la velada. Como si la ciudad entera hiciera un último suspiro antes de entregarse, de nuevo, a su fiesta.
Y cuando el cielo se llenó de fuegos artificiales y los abanicos dejaron de girar, todos caminaron hacia el Hort de Baix para el tradicional sopar del cabasset. La fiesta cambió de tono, pero no de espíritu. Porque en Elche, cuando termina un acto, lo que empieza es la convivencia, la risa, el pan compartido.
Anoche, Elche no solo proclamó a sus nuevas Reinas. Anoche, Elche recordó quién es, de dónde viene y por qué sigue emocionándose como el primer día.






Daniel Ruiz Perona












