Jesús Cánovas, una de las figuras más queridas y reconocidas del calzado español, ha fallecido a los 81 años, dejando un legado imborrable en Elche, ciudad a la que llegó para quedarse y desde donde construyó un imperio basado en la pasión, el estilo y la autenticidad. Su energía, su cercanía y su fe inquebrantable en el poder de una buena idea lo convirtieron en mucho más que un diseñador: fue un símbolo del talento ilicitano.
Aunque sus comienzos poco tenían que ver con la moda —vendía material de construcción, perfumes y maquinaria—, fue en nuestra ciudad, en plena ebullición zapatera de los años 70, donde descubrió su vocación. La fábrica de su suegro fue su escuela, y más tarde, tras su cierre, nació el auténtico Cánovas creador: el que diseñaba no solo para vender, sino para marcar diferencia.
La gran explosión llegó cuando Julio Iglesias, de paso por Madrid, vio en un escaparate uno de sus modelos: un zapato de cuero sin calcetines, atrevido para la época y rechazado por muchos empresarios. Iglesias, sin dudarlo, encargó todos los pares disponibles de su número. Aquel gesto fue decisivo. A partir de ahí, su marca se proyectó a nivel internacional. Cánovas siempre recordaba ese momento como el impulso que lo lanzó a las grandes ligas: “Fue mi catapulta”, solía decir.
Después vinieron muchos más: el príncipe Felipe, George Clooney, Michelle Obama, Antonio Banderas, Sarah Jessica Parker… Pero su taller siempre estuvo aquí, en Elche, convertido en un espacio lleno de historia, de diseños únicos, y de recuerdos que contaban su trayectoria.
Jesús nunca perdió su esencia. “Todo está por hacer”, repetía con convicción, mientras acariciaba con mimo un trozo de piel exótica o colocaba cristales en sus célebres zapatos joya. Creó desde la emoción, desde la inquietud y desde el compromiso con la calidad. Su mirada estaba siempre en lo que venía, sin olvidar de dónde partía.
Elche, no olvidará a un hombre que supo llevar el nombre de nuestra ciudad más allá de las pasarelas, con clase, con carisma y con mucho corazón.
Gracias, Jesús, por tu arte, por tu ejemplo y por haber hecho historia desde casa.






Daniel Ruiz Perona












