Si uno se sentara a escribir un guion ambientado en el Elche del siglo XIX y buscara un protagonista con carácter, conflictos, ascenso social, momentos históricos y legado duradero, el nombre aparecería pronto en los archivos: Joaquín Sempere García, el primer “Tendre”.
Nacido en 1818 o 1819, probablemente en el barrio del Raval y bautizado en la Parroquia de San Juan Bautista, su historia arranca en un entorno humilde, sin títulos ni tratamientos nobiliarios. Se casó con María Dolores Ferrández Díez, hija de un hortelano y aceitero de Porta Tafulles, y ese matrimonio marcaría el primer gran giro de su vida.
El 20 de abril de 1839 fundó su almazara en el Raval, heredando y ampliando la actividad aceitera de su suegro. Aquella iniciativa empresarial sería el origen de la actual Almazara El Tendre, que más de 185 años después sigue activa en manos de la sexta generación. Pocas empresas pueden presumir de una continuidad semejante. En 1873 trasladó la almazara a Alzabares Alto, al entonces llamado Hort de Llofríu, consolidando un enclave agrícola e industrial que se convertiría en símbolo familiar.
Pero si su faceta empresarial da para una película de época sobre emprendimiento y tradición, su dimensión pública eleva aún más el relato.
En 1868 participó en los acontecimientos locales ligados a la revolución conocida como La Gloriosa. Formó parte del grupo que tomó el Ayuntamiento de Elche y se integró en la junta constituida tras el derrocamiento de Isabel II. Años después ejercería como secretario municipal, consolidando su presencia en la vida pública.
La escena culminante llega en febrero de 1873. Tras la abdicación de Amadeo I de Saboya, se proclama la Primera República Española. Joaquín Sempere García fue uno de los dos ilicitanos que trajeron desde Alicante la noticia oficial. Las crónicas describen el repique general de campanas, la bandera en el balcón del Ayuntamiento y el entusiasmo popular. Es una secuencia histórica en la que su nombre queda inscrito con claridad.
Lejos de limitarse a la política coyuntural, también estuvo en la fundación del Casino de Elche en 1873, foro cultural y social clave en la ciudad. Y en 1886 figura entre los fundadores de la primera Caja de Ahorros y Monte de Piedad ilicitana. A ello se suman sus inversiones agrícolas en Alzabares, El Molar y otras zonas del término, que lo consolidaron como hacendado.
Incluso su biografía guarda un elemento de misterio: la existencia —según tradición familiar— de una fotografía hoy perdida en la que aparecía apoyado en una columna, símbolo que algunos interpretaron como posible vinculación masónica.
La fecha exacta de su muerte no se conoce, aunque se sitúa a finales del siglo XIX. Y quizá ese detalle impreciso añade un último matiz cinematográfico: un personaje que entra con fuerza en la historia local, protagoniza episodios decisivos, funda instituciones, levanta una empresa que sobrevive más de dos siglos… y después se difumina en el tiempo.






Iván Hurtado














