TURISMO

Qué ver en La Alcudia: un viaje por los orígenes de Elche

Murallas, casas, termas y objetos arqueológicos que permiten recorrer más de dos mil años de historia en un paseo fascinante
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Juan Sempere Albert
08 de febrero de 2026 - 00:51

Si quieres asomarte a los orígenes de Elche, La Alcudia es un lugar que no puedes perderte. Este yacimiento arqueológico, que ocupa unas 11 hectáreas, ha sido testigo de la transformación de la ciudad desde su asentamiento ibero hasta la época visigoda. Durante siglos, sus tierras sirvieron como huerta y cantera, y a finales del siglo XIX, con la llegada del regadío, salieron a la luz restos sorprendentes, entre ellos la famosa Dama de Elche, que hoy se conserva en Madrid.

Al entrar, el Centro de Interpretación da la bienvenida. Aquí puedes ver un audiovisual que resume la historia de Ilici y pasearte por salas que muestran cómo vivían los iberos, los romanos y los visigodos. Los objetos no solo impresionan por su antigüedad, sino también por la manera en que cuentan la historia: grandes cerámicas, restos de utensilios cotidianos y, por supuesto, piezas que evocan la vida en estas tierras hace miles de años.

Desde el centro, los restos de la muralla romana te recuerdan que aquí hubo una ciudad organizada y protegida. A pocos pasos, las termas occidentales se revelan con su natatio, esa gran piscina que servía a los romanos para refrescarse, y con los restos de otras salas donde se calentaban, se vestían o se relajaban. Pasear por la plaza central es como retroceder en el tiempo: los limoneros, almendros, granados, higueras y palmeras nos devuelven la sensación de la vida mediterránea de antaño.

Siguiendo el recorrido, llegas a las casas ibéricas, estructuras superpuestas que muestran cómo evolucionaron las viviendas a lo largo de los siglos. Y un poco más allá, las domus romanas del Impluvium y del Sailacos sorprenden con patios porticados, estanques y habitaciones decoradas con mosaicos y pinturas que evocan el lujo y la planificación de la vida doméstica romana. Bajo estas estructuras, los arqueólogos encontraron niveles más antiguos con grandes vasos cerámicos y, encima, restos visigodos retirados para dejar a la vista lo romano, una especie de “sándwich de historia”.

Mientras avanzas hacia el museo, te cruzas con vestigios de excavaciones antiguas y viviendas tardoantiguas donde se descubrió un tesoro de monedas de oro y joyas. El camino te lleva al espacio central, con restos que alguna vez se pensó que pertenecían al foro de la ciudad, pero que hoy sabemos que eran calles romanas con prensas, hornos y talleres domésticos. A lo largo del recorrido se han colocado reproducciones de inscripciones romanas, como la dedicada a Tito Estatilio Tauro, fundador de la colonia.

El Museo Monográfico concentra la mayor parte de los hallazgos y organiza la colección en tres salas principales: Iberia, Hispania y Spania, abarcando desde la cultura ibérica hasta la Antigüedad Tardía. Incluye espacios interactivos donde se puede ver cómo trabajan los arqueólogos y restauradores, y un vestíbulo dedicado a la Dama de Elche.

Entre los rincones más curiosos del yacimiento está el aljibe llamado “de Venus”, un depósito subterráneo de gran tamaño que abastecía agua a una vivienda romana y donde se halló una pequeña estatua de Venus. Las termas orientales, construidas en el siglo I, muestran su natatio, vestuarios, letrinas y salas calefactadas, revelando la complejidad de la vida romana en Ilici.

Más hacia el sur se encuentra el monumento que conmemora el hallazgo de la Dama de Elche y restos de la muralla meridional. También se puede visitar la zona denominada “casa del culto a la cabeza cortada”, con viviendas romanas, cisternas y restos tardo-republicanos e ibéricos, sobre los que se asentó una necrópolis visigoda. Por último, se llega a la recreación del templo ibérico y a la basílica cristiana, con mosaicos polícromos e inscripciones en griego, pertenecientes a la sede episcopal de Ilici.

Visitar La Alcudia es mucho más que ver piedras antiguas: es recorrer más de dos mil años de historia, descubrir cómo vivían, trabajaban y se organizaban sus habitantes, y conectar con un pasado que sigue muy presente en la identidad de Elche.

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