Hoy domingo, el barrio de San Antón vive el día más esperado de sus fiestas. Desde primera hora de la mañana, el ambiente es distinto. No hace falta mirar el programa para saber que es jornada de romería: se nota en las calles, en el trasiego de vecinos, en las campanas y en esa mezcla de nervios e ilusión que solo se repite una vez al año. La romería de San Antón no es solo un acto religioso, es una cita con la memoria del barrio y con una forma de entender la fiesta que se transmite de generación en generación.
A las 08:30 horas se ha celebrado la misa en la parroquia de San Antón y, una hora después, la imagen del santo ha salido en romería rumbo a su ermita. El recorrido, que muchos conocen casi de memoria, se convierte cada año en un encuentro colectivo en el que participan vecinos de toda la vida, familias enteras y también ilicitanos de otros barrios que se suman atraídos por el carácter popular de la celebración. El santo avanza a hombros de los romeros y romeras, acompañado por música, aplausos y ese paso balanceado y casi festivo que distingue a esta romería de otras.
La romería de San Antón tiene un significado especial porque simboliza el vínculo entre el barrio y su ermita, situada a las afueras del casco urbano. Históricamente, este camino ha representado mucho más que un simple traslado de la imagen: era un punto de encuentro, de control de entrada a la ciudad y, sobre todo, un espacio compartido por una comunidad que ha sabido mantener viva su tradición desde la Edad Media. Hoy, ese mismo trayecto se recorre con un sentido renovado, pero con el mismo espíritu de unión.
Está previsto que alrededor de las 12:00 horas la imagen del santo regrese de nuevo a la parroquia, momento que marca otro de los actos más emotivos de la jornada. Tras la llegada, se celebra la tradicional bendición de animales, una escena que cada año deja imágenes entrañables y que recuerda el patronazgo de San Antonio Abad sobre los animales. Mascotas, animales de compañía y vecinos de todas las edades se congregan para participar en un rito que combina devoción y cercanía.
La romería de hoy pone el broche central a unos días de fiestas que comenzaron el pasado 9 de enero y que han llenado el barrio de actividades, pólvora y convivencia. Por la tarde, la jornada concluirá con la traca final, que despedirá unas celebraciones que, más allá del calendario, siguen teniendo un profundo significado para San Antón.
Porque esta romería no es solo caminar junto al santo. Es reencontrarse con el barrio, con sus calles y su gente; es recordar a quienes ya no están y dar la bienvenida a quienes llegan nuevos; es confirmar que, pese al paso del tiempo, San Antón sigue siendo un punto de unión y un símbolo de identidad para Elche.






Juan Sempere Albert













