Un equipo de investigación liderado por el Área de Ecología y el Área de Edafología y Química Orgánica de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) ha participado en el estudio “Dime quién muere y te diré cómo cambia el suelo”, que pone de manifiesto que no todas las carroñas tienen el mismo efecto sobre los suelos de los ecosistemas mediterráneos.
El trabajo, desarrollado en el Parque Regional de Sierra Espuña (Murcia) y publicado en la revista científica Journal of Animal Ecology, concluye que la identidad del animal muerto condiciona la huella química que deja en el suelo y, por tanto, su contribución a la fertilidad del ecosistema. En la investigación también han colaborado científicos del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante (UA).
Para analizar cómo se recicla la materia orgánica en este entorno natural, el equipo monitorizó 39 carroñas pertenecientes a dos especies muy distintas: 20 zorros rojos, considerados mesocarnívoros, y 19 arruís, grandes herbívoros. Mediante cámaras de fototrampeo y análisis de laboratorio, se evaluó tanto la actividad de los animales carroñeros como los cambios en propiedades del suelo como el pH, la concentración de nutrientes o la actividad microbiana.
El investigador predoctoral y autor principal del estudio, Adrián Colino, ha señalado que, aunque inicialmente podría pensarse que todas las muertes generan un efecto similar, los resultados muestran diferencias significativas. La presencia de carroña incrementó la actividad microbiana y elevó la concentración de fósforo en el suelo, un nutriente clave para el crecimiento vegetal. Sin embargo, según ha explicado, “quién muere importa”, ya que las carroñas de carnívoros y herbívoros producen efectos distintos en el tiempo y en la intensidad de los cambios bioquímicos.
Uno de los hallazgos más destacados del estudio es que, pese a que los arruís aportan mayor cantidad de biomasa por su tamaño, su impacto en el suelo resulta más breve. Esto se debe a que los carroñeros consumen con mayor rapidez los cadáveres de herbívoros, reduciendo el tiempo de interacción con el suelo. Por el contrario, las carroñas de zorro, aunque más pequeñas, permanecen durante más tiempo en el entorno al ser consumidas más lentamente, prolongando así su influencia sobre la dinámica del suelo.
El estudio subraya además el papel determinante de los carroñeros como reguladores de procesos ecológicos que afectan incluso a la química del suelo. Según los investigadores, los carnívoros pueden ejercer una influencia desproporcionada en el ecosistema, incluso tras su muerte, al modificar la dinámica de nutrientes y la actividad biológica subterránea.
La investigación aporta nuevas evidencias sobre la complejidad de los procesos de reciclaje de materia orgánica en ecosistemas mediterráneos y abre nuevas vías para comprender cómo la fauna influye en la fertilidad y el funcionamiento de los suelos.






Iván Hurtado













