Corría el año 1964 cuando el músico español Carlos Castellano Gómez compuso la copla La Luna y el Toro. En una de sus estrofas venía a decir aquello de “abanicos de colores parecen sus patas”, es el abanico un complemento muy español. Fue en la antigua China cuando se creó, pasando por Japón y haciéndolos plegables con los famosos sensu. En el siglo XVI comerciantes portugueses lo introdujeron en Europa, en aquel entonces era un producto refinado y para las clases más pudientes. En el siglo XIX, y ya en plena industrialización, fueron elementos más accesibles para la clase media. Con la entrada del siglo XX su uso empezó a decaer y aparece en algunas fiestas populares, con publicidad incluida en los mismos abanicos. Hoy en día vemos tal cantidad de elementos tecnológicos para paliar la canicula estival, que basta callejear por las calles y darse cuenta que algo ha cambiado.
Bueno, salvo en nuestro querido Elche. Aquí seguimos fieles a la tradición y llevamos con orgullo este distintivo tan español, que además es elegante y viste como complemento en los días de verano.
Los llevamos en nuestras fiestas, en las representaciones del Misteri, en los distintos pasacalles u ofrendas florales. Hacemos uso de ellos en plenas mascletàs a las dos de la tarde y en algún que otro concierto a altas horas de la madrugada. Forman parte de nuestro día a día durante gran parte del año.
En nuestra población existía una familia muy conocida, los Javaloyes López. Uno de ellos se llamaba Juan Bautista, llegó a representar a San Juan en el Misteri en el año 1910, siendo Mestre de Ceremonies en 1932. Fue Beneficiado de la Catedral de Cádiz. Un día no muy lejano, hablaremos de él en esta Impresión del Pasado.
Hoy quería hablarles, de una forma más extendida, de su hermano Alfredo. Bien sabemos que junto a Santa María, tenemos rotulada una calle a su nombre. ¿ Quién era este señor y que relación tiene todo esto con los abanicos anteriormente citados?
El bueno de Don Alfredo quiso ser violinista pero un accidente se lo imposibilitó, se puso a estudiar música y con muchos empeño y gracias a su maestro Felipe Pedrell, opositó para Director de músicas militares. Estuvo en Cartagena, Barbastro y varias localidades más. Cuando se retiró de su vida castrense volvió a su Elche querido y aquí llegó a ser el Director de la Banda Municipal. También fue Mestre de Capella del Misterio en distintas etapas.
El Mestre Javaloyes es muy conocido por componer el Himno a Elche, un himno con una música y una letra preciosa, que pocos saben tararear y muy pocos cantar. Una lástima, yo obligaría a que todo ilicitano se supiera la letra de su himno, bajo pena de deportación. Es más, estaría bien que los niños en su etapa escolar la aprendieran a cantar y a tocar con la flauta o el órgano.
Alfredo Javaloyes compuso la zarzuela La Perla y varias marchas procesionales para la Semana Santa de Elche y de Cartagena.
Es, en esta última ciudad, donde compuso su obra cumbre. Era el año 1910, allí y en una cafetería que tenía las mesas en forma de abanico, escribió el pasodoble El Abanico. Una pieza que no solo se convirtió en un símbolo para los ilicitanos, recordemos que se interpreta cuando los cantores del Misteri se desplazan desde la Ermita de San Sebastián hasta la puerta mayor de Santa María durante el primer acto, conocido como La Vespra. Siempre recuerdo el tararearla cuando era joven, era una melodía que me cautivaba. La pieza tiene algo que te atrae y te envuelve hasta lo más profundo de tu ser. La obra va mucho más allá de nuestras fronteras, suena en los desfiles militares de medio mundo, la escuchamos el día de las Fuerzas Armadas e incluso en el desfile del 12 de octubre en Madrid.
Pero creo que el motivo que la hace la pieza más universal es, que durante el cambio de guardia en el Palacio de Buckingham, suena esta pieza tan Ilicitana. Y sí, es para sentirse muy orgulloso por la repercusión internacional que ello conlleva. El 18 de julio la Capella y la Escolanía del Misterio de Elche pasearon por las calles de Londres en una visita guiada, el asunto de la pieza musical fue comentado a la guía y esta desconocía que la pieza que sonaba todos los días en dicho palacio, había sido compuesta por un ilicitano.
Volviendo al inicio del presente artículo, me gustaría comentarles la relación existente entre el tradicional abanico y el Misteri d’Elx. Supongo que son conocedores que nuestras fiestas patronales son en agosto, y ya sean negacionistas o defensores del cambio climático, el caso es que en Elche hace y hacía un calor de mil demonios en esas fechas. Imagínense con las puertas cerradas de nuestra basílica menor un 13 de agosto a las 17:30h. Y ahora imaginen que el templo está abarrotado y que los actores de La Festa llevan unos trajes de varias capas, barbas y pelucas postizas. Comprenderán por qué llevan un sudario bajo sus trajes. Para no empaparlos y poder usarlos el día siguiente.
Pues sí, creo el Misteri se creó para ser visto con abanico y una botella de agua. Y durante los dias 11,12,13,14 y 15 de agosto, con un calor abrasador y dentro de la basílica. Porque las representaciones de octubre son otra cosa, sí, es Misteri, pero es otra cosa.
Y es ahí donde entra en escena nuestro famoso abanico. Según el archivero y diácono Joan Castaño, el Ayuntamiento de Elche hacía abanicos para los regidores e invitados a las representaciones del drama sacro ya en el siglo XIX. El Patronato ha comenzado a hacerlos de forma ininterrumpida desde los años noventa del siglo XX.
Y ya se ha convertido en una tradición más, la ansiada presentación del abanico o del paipai en el Salón de Plenos de nuestra Casa Consistorial.
Distintos autores han dejado su huella en estos famosos abanicos, algunos son más prácticos, otros más abstractos e incluso los ha habido con formas bastante heterogéneas. Pero todos cumplen una triple misión; perpetuar una tradición, recordar una exquisita pieza musical y aliviar las altas temperaturas cuando presenciamos La Vespra y La Festa.
Disfruten de estas fiestas en honor a María Santísima de la Asunción y espero que no abandonen esta tradición, tan bonita y tan ilicitana, de llevar un abanico en sus manos. Nos vemos por Santa María. Viva la Mare de Déu.




Pepe Ruiz Torres


