OPINIÓN

Impresiones de un pasado (LXV)


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Pepe Ruiz Torres
27 de septiembre de 2026 - 05:14


Creo recordar que fue el legislador Solón, quien en el siglo VI a.C, decidió marcharse voluntariamente de Atenas, no sin antes, encomendar que la educación y el cuidado de las instituciones quedaran en manos de los docentes. Este político y filósofo griego consideraba que los educadores eran los pilares más importantes para asegurar el futuro y la estabilidad moral de la polis.

La educación siempre ha tenido un valor trascendental en todas las sociedades, algunas quisieron controlarla y utilizarla como arma propagandística, mientras que otras prefirieron extender su poder sanador por todo el orbe.

Nelson Mandela dijo que era el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo. Aristóteles comentó que educar la mente sin educar el corazón no era educar en absoluto. El teólogo puritano inglés John Cotton dijo aquello de quién se atreve a enseñar nunca debe dejar de aprender. A colación de esta última sentencia quiero poner en valor aquella que dijo el filósofo romano Sēneca, “Docendo Discimus”, enseñando, aprendemos. Y para terminar con estas citas, quiero poner en valor la máxima de Juan Bosco, educar es cosa del corazón.

Patronos de los jóvenes, de la educación y de los docentes hay muchos, pero por su implicación y su universalidad, no puedo dejar de citar a Tomás de Aquino, José de Cupertino, Juan Bautista de La Salle y a mi querido Juan Bosco.

Nuestro Elche amado también tuvo a sus pioneros en el tema de la educación. No podemos olvidarnos de los profesores decimonónicos como José Leguey, Emerenciano Martin Salvatierra, Francisca Agulló y Francisco Pomares. En 1872 se abrió un Colegio de Segunda Enseñanza en el pueblo, esto provocó que los estudiantes ilicitanos no tuvieran que examinarse en el Instituto Jorge Juan de Alicante. Se estableció en la calle Puente Ortices, allí se daban materias tales como Geografía e Historia, Latín, Matemáticas y Francés. José María Buck, Eliodoro Vidal, Domingo Follana y Gaspar Sempere fueron los maestros y coordinadores de este centro. A estos podemos sumarle y ya a principios del siglo XX a Pedro Ibarra, Baltasar Bernabéu, Eduardo Otero y Pilar Hernando.

Las instituciones educativas tal como las conocemos hoy, empezaron a surgir más adelante. Quiero destacar el Liceo Ilicitano, el Colegio de Nuestra Señora de la Asunción( actual Mutua Ilicitana), el Colegio de las Clarisas y el de las Hermanas Carmelitas. En los años treinta se inauguró el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza, ubicado junto al convento de las Clarisas. Allí ejercieron la docencia Rafael Ramos, José Pena y Joaquín Vela.

En los años cuarenta y cincuenta aparecieron en Elche la Academia Ripollés, Levante, Lucentum y el Instituto Laboral y Técnico de Elche, ubicado en la actual Avenida Juan Carlos I ( actual Mercadona). Años después se desplazó a lo que es hoy en día el Sixto Marco.

Nuestros padres recordarán a profesores como Doña María Selva, Don Honorio, Doña Josefina Paredes, Don Lorenzo de la Rica, Don Enrique Mancheño o Don Julio Benito. Generaciones de ilicitanos pasaron por sus manos y formaron a los ilicitanos del futuro. También eran muy queridas y valoradas las hermanas carmelitas como la Hermana Dolores o la Hermana Enriqueta.

Ya en la década de los 70 y bajo el amparo de la Ley General de Educación de 1970, Elche vivió el mayor auge constructivo en cuanto a centros escolares ( colegios y guarderías) se refiere. Hablamos de un total de 23 centros educativos, estoy convencido que todos los lectores nacidos en los años setenta y ochenta, estudiaron en algunos de ellos.

Y es aquí, donde quiero hacer alusión a mi Colegio Público San Fernando, ubicado en Altabix. Una educación infantil y primaria de mucha calidad la vivida en esos años, no puedo dejar de nombrar a mis queridos profesores que hicieron de mí el hombre que soy. Doña María Dolores y María José, Doña Emilia y Doña María, Don Lucas, Don Eladio, Don José Vigo y un largo etcétera de docentes de raza que no he vuelto a ver nunca más. La mayoría están en el cielo, desde aquí este pequeño homenaje de uno de sus alumnos.

El otro día leí un artículo en El Debate llamado “PISA y la crisis de la civilización”. Está claro que llevamos años viendo que el sistema no funciona y que ha colapsado. Demasiadas leyes educativas para tan pocos ministros de cultura preparados y preocupados en esto que se llama educación. Igual de mal para el Partido Popular que para el Sanchismo. Este artículo venía a decir que la escuela es la pizarra donde quedan escritas las consecuencias del pasado( temario), se hace visible el presente (desmotivación en las aulas y metodologías de chichinabo) y se anticipa el futuro de una sociedad( fracaso y crisis cultural ). Estamos en un sistema educativo que hace aguas por todos lados, en donde “la promoción sustituye al aprendizaje; la innovación, a la eficacia; la burocracia al buen maestro; y la ideología, a la verdad”.

Siempre se ha dicho que la educación empieza en casa, es por ello que la familia debería ser la institución educativa primaria. Pero estas familias ya no son como antes, al igual que los profesores ya no son los mismos, ni el respeto, el esfuerzo, el sacrificio y el compañerismo. La familia actúa antes que la escuela, crea los primeros vínculos de autoridad, y enseña a aplazar la gratificación, perseverar y dar valor al conocimiento.

Josep Miró comenta que la crisis educativa comienza cuando una civilización ya no sabe qué debe transmitir, qué virtudes necesita ni qué tipo de persona merece la pena formar.

Condorcet y Voltaire hablaron de la fe en el progreso pero estamos en el 2026, los datos son cada vez menos halagüeños y no ayudan a ver un panorama mejor.

Las pantallas en el aula( pizarras digitales y tablets), las nuevas metodologías, el trabajar por competencias y el aprendizaje práctico y cooperativo, el hacer un proyecto, el aula invertida (Flipped Classroom), un Kahoot o Genially, son las nuevas herramientas del profesorado para un alumnado cada vez con menos conocimientos y con más…. La verdad es que no sabría decir con más qué.

Si a esto le añadimos la llamada Generación de Cristal o Generación Z, está claro que el problema se hace cada vez más grande ante tanta supuesta fragilidad emocional extrema. No se debe mandar trabajos para casa por el tema de no desgastar el vínculo familiar, se desatiende al alumno que se esfuerza y saca nota y se presta más atención y se dedica más tiempo a aquel que tiene mal comportamiento y apatía o a otros que tengan alguna necesidad educativa especial, diagnosticada o no. Donde el castigo, sanción o consecuencia, apenas se aprecia en el aula y el alumnado ha pasado de tener obligaciones a tener deberes. Donde el repetir curso apenas se plantea porque puede herir la sensibilidad del alumno y de las familias y provocarle una ansiedad crónica. Una sociedad en la que el docente pierde autoridad y donde el alumno sabe que en connivencia con sus padres puede conseguir el aprobado en los despachos o en los tribunales cuando no ha sido capaz de obtenerlo en el aula. Donde se promociona de curso con un elevado número de asignaturas ( ahora llamadas materias ) suspendidas, donde el 4,5 se transforma en 5 por el famoso redondeo de muchos centros escolares.

En definitiva, y tras los últimos datos PISA, nuestros alumnos, el futuro de la Nación, ha demostrado tener serios problemas en las tres competencias evaluadas: lectura, matemáticas y ciencias. Nuestros alumnos tienen una baja comprensión lectora, no entienden lo que les preguntamos en las pruebas, no tienen capacidad crítica ni la suficiente madurez intelectual como para afrontar una prueba escrita.

Se aprecia falta de hábitos lectores y utilizan un vocabulario muy pobre. Algunos pedagogos y educadores lo achacan a la distracción digital y al abuso de la IA como un “atajo” en las tareas escolares.

El alumnado cada vez llega peor preparado a las siguientes etapas. Un 1° de Bachillerato se ha convertido en un 5º de Secundaria y los profesores universitarios comentan que los estudiantes llegan cada vez con menos madurez, sentido de la responsabilidad y con unos conocimientos básicos cada vez de menor calidad.

Y esta es la realidad que muchos no se atreven a ver, que otros prefieren ignorar y que unos pocos son los que intentan solucionar.

¿Y cuál es la solución? ¿Cambiar otra vez la ley, volver a la EGB, recuperar la autoridad del profesor, eliminar la digitalización de los centros y volver al papel y a las pruebas de siempre? ¿ Hacer un serio debate educativo, blindar la Educación con los dos grandes partidos políticos? Como docente la desconozco pero está claro que nuestros abuelos conocían la lista de los Reyes Godos, nosotros los países y capitales del mundo y los músculos y huesos del cuerpo humano, mientras que nuestros alumnos no son capaces de memorizar apenas una estrofa o un párrafo de un texto.

Las aulas son el reflejo de la sociedad y esta sociedad nuestra, aparte de estar polarizada, es una sociedad sin valores, sin la cultura del esfuerzo y sin un espíritu crítico que les haga crecer y prosperar.

Al final, créanme, lo innovador en las aulas, será no innovar.

A todos aquellos docentes y alumnos ilicitanos que supieron aprovecharse de la educación para construir un mundo mejor.

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