La productora Bowfinger International Pictures ha presentado la película La Infiltrada en los Premios Goya. Dirigida por María Luisa Gutiérrez y Santiago Segura, ha recibido el premio al mejor film. Una gala en la que siempre nos han mostrado banderas de Palestina, de Cuba, del No a la Guerra que les interesa pero otras sí, que han criticado los gobiernos de Aznar y de Rajoy y han politizado unos premios del cine español que pagamos cada uno con nuestros impuestos. Unas películas, la mayoría, con poco interés para el ciudadano, así lo atestiguan las taquillas. Todo son pérdidas y películas progres, de poco contenido y un gran posicionamiento ideológico. Bueno, todo no, hay grandes guionistas , directores y actores que no pertenecen al gremio de La Ceja. Y este es el caso de La infiltrada, que narra la historia real de una agente de policía que se infiltró en la banda terrorista ETA. La ganadora,María Luisa Gutiérrez, al recibir el merecido premio, dijo que “la memoria histórica también está para la historia reciente de este país”. Fue ovacionada por el público asistente ya que el personal pensaría en los cerca de mil muertos que pesan sobre las espaldas de los bilduetarras, también se acordó de Gregorio Ordóñez. Esa mal llamada Memoria Histórica que engendró el amigo del tirano venezolano, ahora está de celebración, recordando con más de cien actos el fallecimiento de Francisco Franco. Una España que perdonó y que se reconcilió durante la Transición, esa España está volviendo a desenterrar a sus muertos y a hablar más de su pasado que de su prometedor y esperanzador futuro. Y eso no debe ser bueno, ni para unos ni para otros, al menos eso creo yo.
Y ya que hablamos más de la guerra civil de nuestros antepasados y de la dictadura que de los problemas que afectan al ciudadano ( empleo, vivienda, inestabilidad política,concesiones al separatismo y un largo etcétera), quiero recordar hoy en esta sección el LXXXIX aniversario de la quema( que no el incendio) de la basílica de Santa María de Elche. La persecución religiosa ha existido desde que existen las religiones, centrándonos en la cristiana se podría decir que desde el imperio romano (Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano) se ha perseguido a los seguidores de Jesús de Nazaret. Durante la Revolución Francesa ya se prohibió el culto, se cambió el calendario e incluso los días de la semana, que pasaron a ser diez para que nadie supiera cuándo era domingo. En el siglo pasado y a partir de la Revolución Rusa, se experimentó una verdadera persecución contra la iglesia ortodoxa, sus popes y patriarcas. Lenin y Stalin, dictadores comunistas, propugnaron su ateísmo militante y su clara iconoclastia al rechazar el culto a las imágenes sagradas. Karl Marx llegó a decir que la religión era como el opio para el pueblo, lo expuso años antes que saliera a la luz su Manifiesto Comunista.
Durante la Semana Trágica de Barcelona(1909) se incendiaron cerca de cien edificios religiosos, pocas semanas después de proclamarse la II República Española( 1931)hubo otra oleada revolucionaria y se vio por las calles una gran violencia anticlerical. Se fue fraguando a fuego lento un odio desmedido a todo lo que oliera a incienso, a sotana y a sacristía. Se hacían comentarios maliciosos acerca de los hábitos y costumbres de los sacerdotes y de las monjas, hasta el punto de decir que contaminaban las aguas de las fuentes y daban a los jóvenes caramelos envenenados. Incluso se hablaba de los Frailes Trabucaires que se subían a las azoteas de las iglesias y a sus campanarios y disparaban a la gente durante la guerra civil. Y antes de llegar a la fatídica fecha del 20 de febrero de 1936, también me gustaría recordar que durante la Revolución de Octubre en Asturias se ejecutó a treinta y cuatro miembros del clero. En ese golpe de estado perpetrado por el PSOE y su sindicato UGT, hubo más de mil víctimas, hay varios historiadores que lo catalogan como la antesala de la Guerra Civil Española o incluso el inicio de la misma.
Como bien saben, las elecciones del 16 de febrero de 1936 dieron el triunfo al Frente Popular, una coalición de partidos de izquierdas y republicanos, en el que algunos de ellos eran separatistas, estalinistas y muchos de ellos anticlericales. Cuatro días después, en nuestra población fueron asaltadas y quemadas las iglesias de Santa María, San Juan y El Salvador, el convento de las Hermanas Clarisas, el Casino, la Acción Cívica de la Mujer, el Círculo Agrario Español, el Juzgado Municipal, la sede del partido Derecha Ilicitana y el Centro Juventud de Acción Popular (JAP). En Elche se declara el Estado de Guerra y el bando fue leído por el capitán del ejército Antonio García Rodríguez. Esa Noche Triste no se hizo absolutamente nada por evitarlo,el odio visceral, las rencillas y el fanatismo encendieron la mecha. Que si fue gente de fuera de la población,que si eran conocidos ilicitanos, el caso es que ocurrió lo que nunca debió pasar. Ver arder Elche debió ser algo estremecedor, algunos se alegraron de ver cómo las imágenes religiosas se reducían a cenizas mientras que otros, apenados, rezaron y buscaron un perdón que no llegaron a encontrar. Un pueblo que había sido cívico mostró su máxima barbarie, la sociedad se polarizó aún más e hizo visible lo peor del ser humano, la guerra entre iguales, una fratricida guerra civil que nos llevó a la ruina y a la cloacas de la inmundicia.
Tal dejación de funciones a la hora de poner freno a la quema de Santa María y a la imagen de nuestra patrona la Virgen de la Asunción,cabe interpretarla como mera venganza por los encarcelamientos de octubre de 1934, por los sucesos de Cataluña y Asturias y el progresivo envenenamiento de la vida política. Basta recurrir a los dos semanarios más dispares de la población durante esos días; El Obrero, de carácter socialista y El Eco, de la derecha ilicitana. Son tales las soflamas que se vertían unos a otros que nos sirven para medir el clima de tensión que se vivía en la población recién instaurado el nuevo régimen. El más importante intelectual del socialismo ilicitano y diputado a Cortes, Ginés Ganga Tremiño, llegó a decir el 8 de marzo de 1936 que “la vida de dos hombres y la sangre de seis heridos vale más que las iglesias incendiadas. El 20 de febrero será fecha histórica en Elche. Hubieron muchos incendios que se olvidarán con el tiempo del recuerdo de las gentes. Han cremat la Mare de Déu d’Elch. Bonito tema literario. Perico Ibarra hubiese derramado unas lágrimas”.
Debió ser muy duro para muchos ilicitanos ver convertida la iglesia en un garaje, observar cómo juntaban los bancos como si fuera una pira funeraria y ver lanzar entre lágrimas y desde el Camarín, a su Mare de Déu, a la que tanto rezaban y pedían para el pueblo de Elche, ese pueblo que durante unas horas había cometido un acto sacrílego de gran envergadura. Unas mujeres valientes, que tendrían unos dieciocho años, conociendo el riesgo que suponía, entraron a la basílica y pudieron rescatar para el recuerdo y sus familiares, parte del manto de esa imagen que era de madera y articulada. Un trozo de ese manto, un recuerdo de ese dies horribilis, permanece en mi casa custodiado con el mayor celo y la máxima veneración.
Si olvidamos y perdonamos, o lo hacemos todos o siempre estaremos lanzando improperios como el famoso cuadro de Goya Duelo a Garrotazos. Porque memoria tenemos todos y no solo la ganadora del busto del maño más universal.