Todo el mundo que me conoce sabe que pese a mi armoniosa juventud y a no oler a ropero viejo, soy un “enamorado” de los autores del siglo de oro, y en espacial y por supuesto que, sin desmerecer al resto, de D. Pedro Calderón de la Barca, y es de este autor, con una lírica magnifica en todas sus facetas literarias, de quien hoy, presto aquí, ante ustedes, venga a recomendarles esa dama duende que, de entre todas sus obras, posiblemente no sea la que más le “consagre”, pero que a mí por lo menos sí, me agradó mucho.
Doña Ángela es el alma protagonista con la que arranca todo, viuda muy joven y envuelta en diversas deudas contraídas por su difunto esposo, y, de mal en peor, o ahí, ahí, termina viviendo con sus hermanos, cuál más temeroso del honor familiar, y para mayor inri, enamorados de la misma mujer, una prima que a la vez es amiga cercana de su acogida hermana. Por otro lado, un amigo de ellos y su criado, que estando de paso, les dejan dormir en casa, pero ojo, que no se cruce con la hermana, que está de luto y… ojo con el qué podrán decir, pero la hermana le echa el ojo, ahora lo llaman, tener curiosidad, y cuando ni invitado ni criado andan por allí, se cuela, registra, y lo deja todo patas para arriba. Y claro, como todos pensaríamos, aquello, sólo pudo ser cosa de un duende.
Y hasta aquí, les puedo leer, el resto ya es cosas suya y sólo suya.





