El empate del Elche CF frente al Deportivo Alavés dejó una sensación amarga en el Martínez Valero. Y no solo por el resultado, sino por la enorme oportunidad perdida. El Alavés llegó a Elche a no hacer absolutamente nada. Desde el minuto uno se dedicó a perder tiempo, a cortar el ritmo del partido y a dar por bueno el empate. Era un rival resignado, sin ambición, casi invitando al Elche a ir a por el partido. Y aun así, el equipo franjiverde fue incapaz de imponerse con contundencia. Ahí es donde vuelven a aparecer, una vez más, las dudas sobre Éder Sarabia.
Nadie puede discutir el mérito del técnico en el ascenso a Primera División. Si el Elche logra salvar matemáticamente la categoría, gran parte del mérito también será suyo. Ha conseguido construir un equipo competitivo y con personalidad. Pero precisamente por eso resulta tan incomprensible que un entrenador capaz de hacer tantas cosas bien sea también capaz de perjudicar a su propio equipo con decisiones difíciles de entender.
El partido ante el Alavés fue otro ejemplo. El Elche necesitaba una victoria casi definitiva para acercarse a la permanencia y tenía delante a un rival entregado al empate. Era el día perfecto para ser valiente, para asfixiar al contrario y para mandar un mensaje de autoridad. Sin embargo, el equipo volvió a mostrarse plano, lento y sin capacidad de reacción durante demasiados minutos.
Y la sensación de gran parte de la afición es siempre la misma: Sarabia se empeña en mantener futbolistas que no están dando el nivel que exige Primera División mientras otros jugadores mucho más determinantes siguen esperando en el banquillo. El caso de Tete Morente es el más evidente. No se trata de convertirlo en un culpable, pero la realidad es que lleva demasiados partidos sin marcar diferencias. Aun así, sigue teniendo la confianza total del entrenador.
Mientras tanto, futbolistas como Josan, Diangana, Cepeda, Sangaré o Héctor Fort, algunos de ellos internacionales con su selección, siguen contando con menos minutos de los que merecen. Y cuesta entenderlo. Josan revoluciona cada partido en el que entra, desborda, centra y genera peligro constantemente. De hecho, el empate llegó precisamente gracias a una de sus acciones.
Pero el problema no es solo quién juega o quién se queda fuera. El gran problema es cuándo actúa el entrenador. Sarabia vuelve a demostrar demasiadas veces que no mide bien los tiempos de los partidos. Los cambios llegan tarde, cuando el equipo ya está atascado o cuando apenas queda tiempo para cambiar el rumbo del encuentro. Frente al Alavés volvió a ocurrir. El equipo llevaba muchísimo tiempo necesitando una sacudida, pero el técnico tardó demasiado en reaccionar. Y en Primera División eso se paga.
También preocupa la falta de contundencia competitiva que transmite el equipo en determinados momentos. El Alavés estaba cómodo perdiendo tiempo porque sabía que el Elche no terminaba de lanzarse con decisión a por el partido. Y ahí es donde se echa en falta un entrenador más agresivo, más ambicioso y valiente desde el banquillo. Porque había una oportunidad de oro para dejar prácticamente encarrilada la permanencia y el equipo la dejó escapar.
Muchos de los puntos perdidos esta temporada tienen explicación en las decisiones técnicas. Cambios tardíos, alineaciones cuestionables y falta de lectura de los encuentros. Muchísimos partidos se han perdido o empatado, por decisiones del técnico. Hay partidos que necesitan calma y otros que exigen ir con todo. Ante el Alavés tocaba lo segundo. Tocaba aprovechar el miedo del rival y convertir el Martínez Valero en una presión insoportable. Pero el Elche volvió a jugar a medio gas durante demasiados minutos.
La crítica no significa olvidar lo conseguido por Sarabia. El técnico merece reconocimiento por devolver ilusión al club y competir en Primera con dignidad. Pero también es legítimo exigirle más. Porque la sensación es que el Elche podría estar viviendo una temporada mucho más tranquila si determinadas decisiones hubieran sido más coherentes.
La afición no pide fútbol de laboratorio ni inventos constantes. Pide sentido común. Pide que jueguen los que mejor están. Pide cambios a tiempo y un entrenador capaz de interpretar lo que pide cada partido. Pide que cada jugador juegue en su sitio, donde mejor rinde, no se entienden esos cambios de posición o jugar a pierna cambiada, y, sobre todo, pide no desaprovechar oportunidades tan evidentes como la que regaló el Alavés en el Martínez Valero.



Luis Ángel Mateo


