Elche, tercera ciudad más poblada de la Comunidad Valenciana tras Valencia y Alicante, ha sido durante las últimas seis décadas un testimonio vivo del fenómeno migratorio en España. Desde el éxodo rural del interior del país en los años 60, hasta las nuevas formas de movilidad humana de hoy, marcadas por la globalización, los conflictos internacionales y las migraciones climáticas, Elche ha cambiado en fondo y forma.
Años 60-70: Éxodo rural y crecimiento industrial
Durante el desarrollismo franquista, España vivió una de las mayores transformaciones económicas del siglo XX. Las zonas rurales, empobrecidas y carentes de oportunidades, vieron partir a miles de personas hacia los nuevos polos industriales del país. Elche, con su floreciente industria del calzado y su cercanía a Alicante y Murcia, se convirtió en un destino atractivo.
Las oleadas de trabajadores procedentes de Almería, Granada, Jaén, Murcia y Castilla-La Mancha se establecieron en barrios en expansión como Carrús, El Toscar y San Antón. Muchos de ellos vivían en condiciones precarias: sin luz, sin agua corriente, compartiendo habitaciones con otras familias.
Antonio Marín, historiador local, destaca: «La ciudad se transformó en cuestión de pocos años. Se construyeron escuelas, iglesias y pequeños comercios para atender a una población que creció rápidamente y que aportó un fuerte dinamismo económico.»
A pesar de las dificultades, estos migrantes nacionales se integraron rápidamente, en parte por compartir lengua, costumbres y relación con el catolicismo, aunque también sufrieron discriminación como «forasteros».
Años 80-90: Nuevos horizontes migratorios
Con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea en 1986 y la consolidación de la democracia, Elche entró en una nueva etapa. Aunque la inmigración interior continuaba, comenzaron a llegar personas procedentes del extranjero, especialmente del norte de África y de América Latina.
Los primeros inmigrantes marroquíes llegaron para trabajar en la agricultura del campo de Elche y en tareas de construcción. En los 90, comenzaron a establecerse también ecuatorianos, colombianos y dominicanos, atraídos por el crecimiento del sector servicios y las cadenas migratorias.
Este fue un momento de choque cultural: el islam comenzó a hacerse visible, las primeras mezquitas se establecieron en pisos particulares y empezaron a proliferar tiendas con productos árabes y latinoamericanos.
Fátima El Hassani, que llegó a Elche desde Tánger en 1992, recuerda: «Había mucha soledad al principio. No hablábamos bien el idioma y la mayoría éramos hombres. Las mujeres marroquíes apenas estaban presentes hasta finales de los 90».
A finales de los 90, las asociaciones vecinales y ONGs como Cáritas o CEPAIM empezaron a organizar programas de alfabetización, inserción laboral e integración, ante una administración pública todavía poco preparada.
Años 2000-2010: Multiculturalidad y consolidación
La primera década del siglo XXI fue testigo de la consolidación de la inmigración en Elche. En 2005, se aprobó una regularización masiva de inmigrantes que permitió a miles de personas obtener papeles, acceder a la sanidad, escolarizar a sus hijos y comenzar a planificar una vida a largo plazo.
Los datos del INE señalan que en 2010, Elche tenía más de 40.000 extranjeros empadronados, cerca del 17% de la población total. Las comunidades más numerosas eran la marroquí, la ecuatoriana, la rumana, la colombiana y la argelina.
La presencia de inmigrantes también transformó la educación: aulas con alumnos de hasta 10 nacionalidades distintas, necesidad de profesores de apoyo en idiomas, y aparición de nuevas festividades y tradiciones en las escuelas.
A nivel económico, el inmigrante fue esencial para mantener sectores clave. En palabras del empresario zapatero Jesús Martínez: «Sin ellos, habríamos tenido que cerrar muchas fábricas. Hacían los trabajos que muchos españoles ya no querían hacer.»
Pero no todo fue integración armónica. Surgieron también problemas de convivencia, estigmatización de algunos barrios, y discursos xenófobos que empezaban a tener eco en ciertos sectores de la opinión pública.
Años 2010-2025: Crisis, resiliencia y nuevos perfiles
La crisis financiera de 2008 tuvo un impacto brutal en Elche. La construcción se paralizó, muchas fábricas cerraron y el desempleo superó el 30% en algunos barrios. Muchos inmigrantes se vieron obligados a regresar a sus países o a buscar nuevos horizontes en el norte de Europa.
Pero también fue un periodo de afianzamiento. Muchas familias regularizadas compraron viviendas, crearon pequeños negocios y accedieron a la nacionalidad española. Sus hijos, nacidos o criados en Elche, pasaron a ser la «segunda generación».
Desde 2015, nuevas olas migratorias han llegado a la ciudad. Refugiados sirios, venezolanos huyendo de la crisis política, subsaharianos atravesando el Mediterráneo, y desde 2022, ucranianos escapando de la guerra.
Hoy, según cifras del padrón municipal de 2024, Elche supera los 230.000 habitantes, de los cuales más de 46.000 son de nacionalidad extranjera. Las nacionalidades predominantes siguen siendo la marroquí, la rumana y la colombiana, pero hay presencia de hasta 120 países distintos.
La ciudad ha desarrollado diversas políticas de integración: mediadores interculturales en los centros de salud y colegios, programas como «Elx Conviu», actividades interculturales en la Biblioteca Pedro Ibarra, y colaboraciones con universidades para investigar la realidad migratoria local.
Hind El Amrani, marroquí afincada en Elche desde 1998, cuenta que cuando llegó «apenas había mujeres con hiyab. Hoy mis hijas estudian en la Universidad Miguel Hernández, hablan valenciano y participan en la vida social como cualquier joven.»
Oksana Yaremchuk, refugiada ucraniana llegada en 2022, destaca la solidaridad local: «Nos ayudaron desde el primer día. Mis hijos van al colegio, y aunque el idioma es difícil, nos sentimos bienvenidos.»
A pesar de los avances, la inmigración en Elche enfrenta todavía importantes desafíos:
- Segregación residencial en barrios como Carrús, que concentran población migrante y pobreza.
- Desigualdad en el acceso a empleo digno, especialmente para mujeres inmigrantes.
- Discriminación y prejuicios, especialmente hacia los jóvenes racializados.
- Falta de representación política de las comunidades migrantes.
Elche ha pasado de ser un receptor de migrantes del campo español a convertirse en una ciudad global. La inmigración ha sido motor de crecimiento, fuente de tensiones, y semilla de nuevas identidades.
Hoy, cuando se habla de inmigración, no se habla de «otros». Se habla de los compañeros de colegio de nuestros hijos, de los vecinos del edificio, de los comerciantes del barrio y de los nuevos ilicitanos que forman parte esencial del presente y el futuro de la ciudad.
La historia migratoria de Elche no es una historia paralela, es la historia de la ciudad misma.







Daniel Ruiz Perona




















