Pocas historias reflejan con tanta crudeza la cara amarga del fútbol profesional como la de Carlos Gil. En el verano de 1995, en plena madurez deportiva y consolidado como el pulmón del centro del campo del Elche CF, una herida mal curada en el talón derivó en una agresiva infección ósea. El madrileño forzó hasta el límite, adaptándose el calzado entre vendajes y supuraciones para saltar al césped, sin sospechar que aquel empeño le costaría su carrera con apenas 29 años.
Tras siete pasos por el quirófano en Barcelona, la pérdida de medio calcáneo y una invalidez absoluta que frenó en seco su vida deportiva, Carlos Gil habla sin rencor. Tres décadas después de aquel abrupto final, afincado para siempre en la ciudad de las palmeras, el exfutbolista franjiverde echa la vista atrás para recordar una época de fútbol de barro, entrega desmedida y una afición por la que, asegura con orgullo, volvería a dejarse la salud en el terreno de juego.
- Carlos, nació en Madrid, ¿cómo recuerda sus primeros pasos en el fútbol hasta su debut como futbolista profesional?
Lo recuerdo con mucha nostalgia. Eran años y épocas muy diferentes a las de ahora. El fútbol era totalmente diferente y se vivía más en la calle, con los amigos. Ahí era donde empezabas a dar los primeros pelotazos. Ahora es más escuela: todo está más programado, más estudiado, más robotizado. Antes no. Antes te reunías con los amigos en la calle cuando venías del colegio, jugabas y era un poco más bonito.
- Llegó a competir en Segunda División con clubes como Salamanca, Racing de Santander o Palamós. ¿Cómo fueron esas etapas en el fútbol profesional antes de venir al Elche?
Pues la verdad es que muy bien. Debuté muy jovencito con el Rayo Vallecano. Por entonces, en mi época, existía lo que era la mili, que un poco te partía la trayectoria, tanto a nivel de estudios como de trabajo. El fútbol ya empezaba a ser un trabajo a esa edad porque me subieron muy pronto y ya estaba en la dinámica profesional. Yo estaba en el Rayo, en su cantera, y tenía bastante proyección por entonces. Entraba bastante con el primer equipo. Entonces decidí quedarme allí, en Madrid, y me tuve que ir voluntario durante 18 meses al aeródromo militar de Cuatro Vientos, en la Aviación.
Antes, en la cantera, si con 20 años ya no estabas en el primer equipo, parecía que ya eras mayor. Un jugador con 22 años en un filial era muy mayor; ya era casi el capitán y poco más. Tenías que ir hasta los 18, 19 o 20 años y tenías que estar en la dinámica del primer equipo si verdaderamente querías estar allí arriba. Todo esto ha cambiado. Ahora se tiene más paciencia, se trabaja de otra manera. Una vez que terminé la mili, al final estuve también en el Alcalá, seguido por Ramírez, un año allí en Segunda División B.
De allí me fui a Salamanca y estuve tres años maravillosos en Segunda A. De allí me fui a Santander, donde también estuve dos años geniales. Hablo con nostalgia de esas ciudades porque me trataron muy bien. Siempre he sido un jugador al que, gracias a Dios, su afición ha respetado mucho. Mi manera de jugar, mi entrega, mi predisposición… Lo haría mejor o peor, pero lo daba todo.
Siempre se me trató con mucho respeto y desde el primer momento me trataron con los brazos abiertos. Aunque los primeros meses te apetece salir de casa, con 20 años, en Salamanca, me sentí rápidamente arropado,. y de allí me fui llorando. Con eso digo todo. Después de tres temporadas, sufrí una lesión importante. Tuve un problema en el rotuliano que me dejó sin jugar, con infecciones de quirófano y tal. Pero siempre se me ayudó, siempre muy bien, y me fui muy bien. La verdad es que me fui con un recuerdo y lo guardo de maravilla. Y en Santander, pues también. Estuve un par de años. El último año se subió a Primera. Fue una experiencia maravillosa. Fue un año en el que, a pesar de no jugar mucho, lo disfruté. Y los compañeros… La verdad es que antes éramos todos una piña. El vestuario era más familiar, pienso. Ahora también es verdad que en un vestuario hay muchas culturas, hay mucha diversidad. Todo eso, por un lado, es positivo, pero por otro lado, a lo mejor es diferente. Es diferente. Ni mejor ni peor, diferente.
Allí subí a Primera y me fui luego a Palamós. A pesar de que me quería llevar el Granada, me fui a Palamós porque estaba en Segunda División. A pesar de ser un público que no tenía mucha tradición, sí que era un sitio donde el fútbol se vivía y, aparte, hacía muy buenos equipos. Estaba en una dinámica siempre de Segunda, media tabla por arriba. Incluso tuve una temporada en la que estuve a punto de subir a Primera, pero luego, como equipos que no tienen una afición tan importante, el año que no les salen las cosas bien, al final no caen una categoría, caen dos o incluso tres categorías.
Me tiré dos años y, a mitad de temporada, fue cuando me fichó el Elche. Aquí había cuatro o cinco compañeros míos que hablaron de mí y tal. Vine y no me lo pensé dos veces, la verdad. Por un lado, Palamós era precioso, todo muy bonito, pero yo quería jugar con gente, con afición. Eran seis o siete mil personas todos los domingos, ocho mil personas en el estadio. Eso, a pesar de que bajas de categoría, te tiraba mucho. Y con el historial y la afición que teníamos aquí, en el Elche, no me lo pensé dos veces y me vine para acá.
- Llegó al Elche CF en 1994 tras haber sido una pieza importante la pasada campaña en el Palamós. ¿Qué le sedujo del proyecto del Elche en Segunda B y con qué ambiente se encontró en el club?
Aquel año, aunque yo no llegué hasta el presente, fue el año del Gran Teatro. Entonces aquí había una directiva muy fuerte. Los grandes empresarios del Elche estaban todos, una gran parte, en la directiva. Te puedo nombrar con nostalgia desde mi exsuegro Diego Quíles, a Paco Borja, a Andrés Navarro, Antón Blasco, Pepe, José…
Aquí se hizo un equipo con prácticamente todos jugadores de Primera, mínimo de Segunda. Para estar en Segunda B se trajo lo mejor de lo mejor. Lo que pasa es que, a mitad de temporada, el equipo no arrancó bien, porque era una categoría desconocida. Segunda B por entonces era complicada. Uno de mis compañeros que estaba aquí, Quique Hernández, que era por entonces el entrenador, me dijo que necesitábamos gente de la categoría.
Entonces me llamaron y no me lo pensé, porque yo sabía que esto era un proyecto importante y que, como se dieran las circunstancias y ese año se subiera, aquí iba a ser una locura. Yo creo que aquí el Elche lo mejor que tiene, o el mayor patrimonio que tiene, es la afición. La afición es la que a un jugador le seduce. Al fin y al cabo, el resto es lo que puede ser. Igual es similar a otros clubes. Santander, Salamanca, eran clubes muy históricos. Pero la afición del Elche es jugar con una cantidad de espectadores los domingos tremenda.
- ¿Le llegó a salpicar la mala situación económica que atravesaba el club en aquel momento?
No, por entonces no. Yo vine ya con la directiva importante hecha y ya se parte casi de cero. Con un proyecto y con una ambición terrible. Había una directiva muy importante a todos los niveles, a nivel económico y también con experiencia de haber subido al Elche a Primera División y a mí no me pilló. En ese aspecto, por entonces, estas personas remaban muy bien y la verdad es que lo hicieron bastante bien.
- ¿Cómo recuerda su debut con la camiseta franjiverde y su primer partido en el Martínez Valero?
Me hacen jugar muy rápido. Me tiene que llevar mi padre; no me dejan aterrizar, me llevan al Huerto del Cura. Sin apenas entrenamientos, Quique Hernández quiere que vaya a Levante y yo debuto allí.
Y el partido luego en casa, pues la verdad es que me dejó el sabor de boca que yo esperaba. Una afición, vivir el fútbol, una manera de sentir que te hace integrarte rápidamente tanto en la dinámica del equipo como en la dinámica de la ciudad y en la dinámica del club. Todo muy rápidamente.
- ¿Cómo recuerda aquella temporada, tanto a nivel colectivo como individual, en la que algunos le recuerdan como uno de los mejores jugadores de esa plantilla?
Con mucho cariño, porque yo tengo la circunstancia de que, cuando llego, el míster confía mucho en mí y me ponía de pivote por el centro del campo, por el centro. Y Quique Hernández era una persona que cambiaba mucho de sistema. Pasaba de un 3-4-3 a un 4-4-2 o un 5-3-2. Me dio mucha importancia. Y la verdad es que me sentí muy involucrado dentro del equipo. El equipo reacciona, empieza a ganar. Incluso nos metemos, cuando yo llego, no sé si íbamos de 20 o 22 equipos, los decimosextos o por ahí, y nos metemos en tercera posición.
Hay un partido que recuerdo que fue contra el filial del Valencia. Estábamos metidos ganando 0-2, luego un penalti a favor, que no sé si se falla. Pero al final, en los cinco últimos minutos, del minuto 88 al 94, nos metieron tres goles, de locos. Y aquello la plantilla no sé por qué no lo encajó bien. Al final nos quedamos quintos y no nos metemos en playoff.
Lo recuerdo muy bien porque renuevan solamente a dos jugadores; y uno de ellos era yo. Renové por un año, aunque me quería el Málaga que me ofrecía dos años, pero unas circunstancias personales me hicieron quedarme y renové por un año.
Y la verdad es que lo recuerdo de maravilla. Incluso la Peña Ifema me dio el trofeo Paco La Huerta en el 95, a la regularidad, y me trataron muy bien.
- ¿Cómo se produce su salida del club?
Sufrí una lesión, una infección en el calcáneo, en la pretemporada de mi segundo año. Yo fuerzo porque se hacen fichajes importantes y quiero entrar en el equipo desde el primer momento. Pero la herida se me estaba infectando. Yo sigo jugando toda la pretemporada. Incluso juego el primer partido estando lesionado. Voy a Melilla y allí ya no puedo ni jugar ni nada.
Con la infección, rápidamente los médicos me dicen que me tengo que ir a Barcelona porque la infección había llegado al hueso. Ahí se acabó todo.
Lo recuerdo con nostalgia porque, sin querer, pero parece como que te ibas retirando y tú no te estabas dando cuenta. Se complicó, me fui a Barcelona, me empezaron a operar, no daban con ello. El virus me seguía comiendo, me volvían a operar, me hacían lavado de talón, de pie… No había forma. Hasta seis o siete operaciones. Al final no pude volver a jugar. De hecho, me concedieron la invalidez y ya no pude volver a jugar al fútbol.
Hasta el último momento lo di todo. Jugué hasta lesionado, infectado. Me tenía que hacer los calcetines y, por detrás, en el talón, ponerme una especie de protección para que no me rozara, porque en cuanto me tocaba la bota, la parte de atrás me rozaba, me supuraba todo el rato líquido. No pude volver a jugar durante el año. Y después de alrededor doce meses y después de seis o siete operaciones me dijeron que no volviera a jugar, que no merecía ya la pena, que no había forma. Y, de hecho solo tengo medio calcáneo, no tengo el calcáneo entero.
- No me imagino lo que debe de ser eso para un futbolista.
Una locura. Además yo estaba fuerte. Era una edad muy bonita, porque yo tenía 29 años por entonces y eras joven y, a la vez, veterano. Es decir, que en el vestuario eras respetado y luego físicamente andabas con un avión. Entonces dejar el fútbol, que para mí había sido mi pasión, mi vida, mi profesión, todo, la verdad es que al principio me costó muchísimo aceptarlo.
De hecho, lo recuerdo ahora con rabia y lo siento con una nostalgia, con una impotencia terrible. Pero las cosas se hacen. No me arrepiento de nada, por supuesto.
¿Que lo hubiera hecho ahora? Si hubiera sabido que iba a quedar lesionado no. Pero sí que es verdad que yo te voy a decir una cosa: a lo mejor, por un club, me lo hubiera pensado; por una afición, lo hubiera hecho igual. La gente me quería, la gente me demostraba su cariño y todavía, después de llevar 30 años en Elche, me recuerdan con mucho cariño. Y yo, por esta afición, sí que hubiera jugado lesionado. La afición te recuerda como si fuera ayer la lesión. Y eso es agradecer y eso es lo que te llena: un pescadero, el frutero, una persona por la calle, en cualquier comercio, en cualquier sitio. Y la verdad es que aquí, en el Elche, en ese aspecto sí que puedo decir que es una afición, vamos, de Champions.
- Para los más jóvenes que no le vieron jugar, ¿cómo era Carlos Gil en el campo?
Yo tenía una manera de pensar que era darlo todo. Es decir, era muy apasionado, muy físico, siempre he sido fuerte, en el buen sentido. Me he cuidado muchísimo, lo he vivido mucho y lo vivía con mucho carácter. Lo llevaba, como se dice, en vena. Para mí, perder no entraba dentro de mi cabeza. Entonces era una persona de entrega. Lo llevaba todo hasta el último momento. Me pusieran en el puesto que me pusieran, por encima de mí siempre pensé en el equipo.
Y bueno, creo que me faltó, a lo mejor, un poco ser dirigido. Pero por aquel entonces no estaban los adelantos de ahora en todos los sentidos. Al final uno comete circunstancias. Hay jugadores a los que hay que frenar y a otros a los que les tienes que apretar. A mí, a lo mejor, me tenías que frenar. Y al final lo pagas con lo que más te gustaba en tu vida y con tu profesión, que era el fútbol.
- ¿Qué es de su vida actualmente y a qué se dedica?
Ya cuando dejé el fútbol, tuve una invalidez. Me he retirado y ahora intento mantenerme haciendo ejercicio y eso, pero más por salud que por otra cosa. Sigo amando el deporte, en el buen sentido. Hago mis clases de ejercicio de fuerza, monto en bicicleta… Todo también muy pensado en la lesión que tuve, que me limita mucho los esfuerzos. Pero bueno, dentro de esas limitaciones intento hacer mucho deporte y un poco disfrutar ya del retiro, como se dice.
- ¿Sigue la actualidad del club?
Sí, más o menos un poco sí. No soy de los que van al campo, pero sí que soy de los que, lógicamente, me gusta ver lo que ha hecho mi equipo el domingo.
Pero, por supuesto, todo lo que conlleve no solamente al Elche, sino a los equipos en los que he jugado, me agrada muchísimo. Lo vivo mucho en el Elche, porque llevo 30 años allí y fue donde me retiré, donde me dejé mi última bota de fútbol, aquí, con esta camiseta, y siempre es un cariño especial, está claro. Pero bueno, lo sigo a nivel de resultados, siempre deseando que los equipos a los que he pertenecido con mucho orgullo estén lo más arriba posible.
- ¿Mantiene relación con antiguos compañeros del Elche?
Sí, los veo. Con Rodri, por ejemplo. He hablado por teléfono con Patxi Iru, con Manolo, con Lico, Marcial, con toda la gente que se ha quedado en el Elche. Entre nosotros siempre hay un cariño especial. Yo los veo y siempre que los veo es con un cariño, con una mirada que nos decimos bastante. Sabemos lo que hemos sido, lo que se vive en el fútbol, lo que es el fútbol, que es nobleza. Al final, en un vestuario, una vez que te duchas, te quedas con lo bueno y te quedas con lo positivo. Y al final todas estas personas te dan un magnífico recuerdo, un maravilloso recuerdo.
- ¿Quién fue el mejor jugador con el que compartió vestuario en el Elche CF?
Yo creo que guardo un cariño muy especial de todos. No me decidiría por ninguno en concreto, pero creo que todos, por unas cosas o por otras, siempre han aportado al menos un granito de arena. Con menos técnica, con menos físico, pero creo que eran chavales magníficos y, sobre todo, maravillosas personas.
- ¿Y a nivel general, con quién has coincidido en un terreno de juego, no solo en el Elche, como compañero o como rival?
Como compañero, a lo mejor, a nivel de calidad y eso, Quique Setién era un jugador de clase. Se le veía con una jerarquía tremenda, se le veía técnicamente, físicamente, como un jugador diferente.
También coincidí poco, porque con él fue solamente una pretemporada: Laurie Cunningham, aquel jugador inglés del Real Madrid, que hizo la pretemporada muy jovencito con el Rayo Vallecano. Y, sobre todo, era una bellísima persona. Se estrelló con el coche. Fue el fichaje más nombrado del Real Madrid en ese momento, fue una bestialidad, como ahora puede ser Mbappé en el Real Madrid. Laurie Cunningham, del West Bromwich inglés, no tuvo suerte en Madrid. Se tiró tres o cuatro años. Fue la final aquella contra el Liverpool y luego, ya de retirada, se fue, creo que también a Gijón, y luego se fue al Rayo Vallecano. Saliendo en la carretera de la Colina tuvo un accidente y se mató. Estaba jugando, siendo jugador, y solamente hice una pretemporada con él. Yo era un crío, era juvenil, y subí y jugué diez partidos. Y la verdad es que era una bellísima persona y un grandísimo jugador también.
- ¿Qué valoración hace de su etapa en el Elche CF y que ha significado para usted vestir la camiseta franjiverde?
No sé qué palabra utilizar, porque son tantos los sentimientos que me recorren…
De hecho, aquí me quedé. He tenido dos hijos, llevo 30 años, una afición que me ha querido y los recuerdos desde el primer día… Aquí dejo mi profesión. Son maravillosos. Guardo un recuerdo genial.
A lo mejor me hubiera gustado haberme retirado de otra manera, porque, como se dice, no me pude quedar ni con una camiseta. Todo se complicó, me tuve que ir a Barcelona, ya no pude ni incorporarme al día a día.
Pero creo que fue un acierto total fichar por el Elche y la verdad es que estoy orgulloso de vestir esta camiseta y de haber sudado estos sentimientos por todos los campos. Además, por entonces eran duros. Con orgullo.
- Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría mandar a la afición del Elche CF y cómo le gustaría ser recordado por los aficionados?
Como un jugador honrado, que lo di todo. Como la historia lo dice, hasta el último minuto lo di todo. Me dejé lo que más quería en mi vida, que era el fútbol, y lo dejé por defender estos colores. Y no me arrepiento en absoluto. Por toda la afición, por ellos lo volvería a hacer.




Iván Hurtado



















