ENTREVISTA CAPITAL | JUAN MANUEL CARTAGENA TRAVESEDO, EXFUTBOLISTA

Juan Cartagena: “Mi experiencia con el Elche fue fantástica y estoy muy orgulloso de mis tres años allí, éramos un equipo campeón”

El exlíbero y excapitán franjiverde recuerda su etapa en la ciudad de las palmeras y su ascenso a Primera. Además, compara su etapa en el eterno rival ilicitano, asegurando que “en el Hércules jugábamos a no perder fuera de casa y a ganar en nuestro campo; en el Elche éramos un equipo campeón”
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Iván Hurtado
16 de octubre de 2026 - 14:41

El Elche guarda un lugar muy especial en la memoria de Juan Cartagena. A finales de los años 80, el defensa oriolano llegó al club franjiverde para convertirse en capitán, líder de la zaga y una de las piezas clave en el inolvidable ascenso a Primera División. Tres temporadas intensas en el Martínez Valero que todavía hoy recuerda con un orgullo enorme y la insignia de oro y brillantes en su vitrina.

En esta entrevista, Cartagena echa la vista atrás con total sinceridad. Habla sin pelos en la lengua sobre la mentalidad ganadora de aquel equipo, compara su etapa ilicitana con los siete años que pasó en el eterno rival, el Hércules, y repasa cómo se vivía el fútbol de antes, los secretos que se esconden dentro de un vestuario y el precio físico que tuvo que pagar para jugar en la élite.

  • Nació en Orihuela y se formó en la provincia antes de consolidarse en la élite, ¿cómo recuerda sus primeros pasos en el fútbol de la Vega Baja y aquel salto a Primera División con el Hércules a finales de los años 70?

Bueno, primero, el colegio. El colegio era primordial, porque en aquella época había competiciones entre colegios. Formaba parte del equipo y después jugué en un equipillo de Orihuela, la OJE de aquella época. 

Después de eso me fui a Madrid, al equipo juvenil, y estuve dos años allí. Ahí es donde quizás la formación fue más profesional. Ya se entrenaba todos los días, ya se viajaba en avión y se daban baños y masajes. Fue algo espectacular aquellos dos años que estuve allí.

Después me fui al Imperial, en Murcia, y luego al Orihuela Deportiva. De ahí pasé al Hércules, ya en Primera División, donde estuve cuatro años con mi primer contrato.

Te diría que mi formación fue, sobre todo, en el juvenil del Madrid. Jugábamos contra los mejores de España y ahí es donde te das cuenta del nivel del fútbol.

  • Pasó siete temporadas en el Hércules y luego militó en el Cádiz en Primera. ¿Con qué bagaje y experiencia personal llegó al Elche tras tantos años compitiendo contra los mejores atacantes del país?

En aquella época, los 28 años eran una cifra, una edad a la que parecía que uno se hacía mayor en el fútbol. Ahora, como ves, con 18 años ya son campeones del mundo.

Entonces, con 28, a punto de cumplir los 29, y en un sitio donde me querían. Yo tenía dos años más de contrato con el Cádiz. Allí estaba bien y todavía estábamos en Primera División, pero había cambiado el entrenador y ya no era lo mismo.

Me dijeron que Felipe me quería, y yo siempre intentaba ir donde me querían. En aquella época, cuando Felipe entrenaba al Murcia o al Cartagena y yo estaba en el Hércules, jugué muchos partidos contra él, de Copa del Rey, amistosos y demás. Me lo pidió, me lo pidió, y me fui donde me querían. Llegué y enseguida conecté bien con el presidente, por supuesto con Felipe y, por supuestísimo, con Lico. Era gente con la que hablábamos el mismo idioma. 

El otro día leí una revista antigua en la que me hicieron una entrevista y decía que íbamos a subir sí o sí. Fui un poco atrevido, pero, para mí, subir de Segunda División es algo extraordinario. Yo he ascendido dos veces, con el Hércules y con el Elche, y es como ganar la Copa de Europa. Entonces, aquella temporada en el Elche fue fantástica.

  • Tras jugar en el Cádiz en primera, ¿por qué decide bajar de categoría para firmar por el Elche en Segunda?

Felipe me llamó para preguntar por Sánchez, que era un chaval jovencísimo que estaba allí en Cádiz, y me preguntó si era buen jugador. Le contesté que era muy buen jugador, aunque no había jugado mucho, porque estaba Juan José en el Cádiz, y Juan José era mucha tela. Por eso había jugado poco.

Después me llamó Antonio y me preguntó si me vendría a Elche, porque el líbero me quería. Y entonces fue cuando empecé a planteármelo.

Aun así, te digo que durante ese tiempo firmé con el Málaga. Llegué a tener un precontrato firmado con el Málaga, donde estaba Kubala, y pasaron ciertas cosas que en otro momento se podrían comentar, porque son muy graciosas y muy propias del fútbol.

Después me llamó Sánchez Riquelme y me dijo: «Vienes mañana y firmas o no firmas». Y, bueno, fui y firmé. Pero, ya digo, fue porque noté que me querían. Felipe me puso de titular en todos los partidos. Solo me perdí alguno por tarjetas, o por alguna lesión, aunque en Segunda División no tuve lesiones. El equipo en Segunda estaba hecho para subir y todo fue muy bien.

  • Firmar por el Elche CF tras haber sido un referente defensivo del Hércules durante tantos años no era habitual. ¿Cómo le recibió la afición franjiverde y la del Hércules?

Cuando jugué con el Elche en el Rico Pérez, había una peña y estuvieron desde el primer minuto metiéndose conmigo. Me decían de todo. Y yo pensaba: «He estado aquí siete años, he sido capitán de este equipo». Porque he tenido la suerte de ser capitán en todos los equipos en los que he estado. 

Y yo lo viví en primera persona: jugar con el Elche y tener a la afición del Hércules diciéndote de todo, y al contrario. Creo que, como futbolista, no lo notas tanto, porque lo que de verdad percibes es el cariño que te da la directiva y cómo te tratan en determinados momentos. Y, probablemente, si consigues ascender a Primera División, todavía más.

Yo estoy orgullosísimo del Elche. Tengo la insignia de oro y brillantes del club por haber ascendido. Hay cosas que no te puede quitar nadie. Si alguien te dice: «Oye, este ha jugado en el Hércules», yo puedo responder: «Yo he jugado en el Elche, no en el Hércules». Bueno, ese es un problema de los demás.

Como he vivido las dos experiencias, puedo hablar de ambos clubes. En el Hércules, hasta que se fue Rico Pérez, todo fue bien; después, las cosas empezaron a estropearse. En cambio, Sánchez Riquelme me trató fenomenal, y toda la directiva del Elche se portó muy bien conmigo. Incluso cuando las cosas se torcieron, descendimos y empezaron los problemas, se comportaron bastante bien.

Yo de Elche solo tengo amigos. Para mí, es un club fantástico, tanto como pueden serlo aquellos siete años en el Hércules. Sobre todo, recuerdo el año del ascenso. Después, las cosas se estropearon un poco en nuestra primera temporada en Primera División. Empiezas a perder partidos, la gente se pone nerviosa, echan a Felipe y se genera un poco de lío. Pero mi experiencia con el Elche fue fantástica.

  • ¿Cómo recuerda su debut con la camiseta franjiverde y en el Martínez Valero?

Soy muy malo para la memoria. No me acuerdo de casi nada. En este momento, no sabría decirte cuándo fue mi debut. Ni siquiera recuerdo los partidos importantes. Sí sé que me perdí el ascenso por una tarjeta. Eso sí lo recuerdo. Debía de haberme ido, pero me lo perdí. Habíamos conseguido el ascenso gracias al gol de Robi en Granada. Y estaba en Orihuela y no fui a la llegada porque pensaba que la fiesta iba a ser al día siguiente. La idea era subir al autobús, ir a casa a dormir y después marcharme a organizar la fiesta y la celebración de aquella noche en Elche. Pero me lo perdí.

Aun así, después la celebración fue fantástica. Estuvimos en unos balcones y había un ambiente de fiesta extraordinario. Lo pasé muy bien.

Pero, ya digo, no tengo ningún recuerdo especialmente concreto de aquel momento. También venía con una edad en la que veía el fútbol de otra manera.

  • ¿Qué recuerdos guarda de su primer año en el club y el ascenso a Primera División?

Recuerdo, sobre todo, el ascenso, el autobús, a Claudio, a Miguel Recio y al resto de compañeros. Teníamos una plantilla con una edad muy adecuada para hacer lo que hicimos. En aquel momento, hacía mucho tiempo que el Elche no ascendía. Por eso, aunque no recuerde mi debut ni el resultado, sí me acuerdo de todo lo que rodeó al ascenso. Fui capitán del Elche. Y aquel año tenía la sensación de que, fuéramos donde fuéramos, íbamos a ganar.

  • En Primera, ¿cómo vivió aquella fatídica temporada en la que el equipo apenas logró 4 victorias y usted apenas contó con minutos al inicio de temporada?

Me fastidié el ligamento. Además, a alguien se le ocurrió la brillante idea de jugar con dos centrales y un líbero. En aquella época existía esa figura, y el líbero era yo. Bueno, a partir de ahí, todo empezó a ir mal. Hoy mismo lo comentaba con mi nieto: jugar en Primera División no tiene nada que ver con jugar en Segunda. En Segunda División yo veía el pase y lo cortaba. En Primera División, muchas veces ni veía el pase ni llegaba a interceptarlo. Te explico: todo iba tres o cuatro veces más rápido. Para competir ahí tienes que tener mucho nivel.

Cuando juegas contra futbolistas que acumulan 700 u 800 partidos, no es por casualidad. Han llegado a ese nivel por algo. Yo lo compararía un poco con el juego de Bordalás y el del Barcelona. Si no juegas como Bordalás, teniendo los jugadores que él tiene en Primera División, te pueden meter un 0-4 o un 5-0.

Y nosotros intentamos jugar de otra forma. No sé por qué, pero lo hicimos. Ahí nos equivocamos un poco y, a partir de entonces, todo empezó a complicarse. No es que no puedas recuperarte de una derrota, pero, si el domingo juegas en casa contra un equipo de Madrid, al domingo siguiente tienes que ir a jugar contra el Barcelona. No tienes margen para recuperarte.

La Segunda División tiene nivel, y un buen nivel, pero para jugar en Primera División hace falta mucho más.

  • A diferencia de otros compañeros que salieron tras el descenso, usted permaneció en el Elche un curso más en Segunda. ¿Cómo fue la tarea de recomponer el vestuario tras el golpe del descenso?

La gente se equivoca con el vestuario. Tanto en el Hércules como en el Elche, los vestuarios siempre están convulsos. Eso de que un vestuario está perfectamente unido no existe. Los periodistas pueden decir lo que quieran y los directivos pueden pretender lo que quieran, pero un vestuario nunca está al cien por cien. Te lo dice alguien que ha sido capitán.

Siempre hay dos, tres o cuatro jugadores que están bien, y luego está el quinto, que da el follón; el otro que no quiere entrenar; el que quiere marcharse; el que se pregunta por qué juega uno y no juega él. Siempre hay algo que la plantilla tiene que resolver. Yo siempre he dicho que un vestuario es un ente vivo, independiente. El entrenador que diga que domina un vestuario es un mentiroso. Y el presidente que crea que domina un vestuario es un ingenuo. No sabe de qué va la cosa.

Yo lo decía en Alicante: el año que ascendimos con el Hércules nos llevábamos bastante mal. Teníamos problemas gordos, de verdad. Y no eran problemas puntuales, sino que los había a diario, en los entrenamientos y en los comportamientos. Sin embargo, ascendimos. ¿Por qué? Porque, una vez que salíamos al campo, íbamos todos a una.

En el Elche también había buena gente, bastante buena gente, y eso permitía controlar la situación. Pero pasaban cosas. Te podría contar más de dos y de tres bastante graves. Son problemas que se resuelven y que, si los resultados acompañan, permiten que todo funcione.

Por eso digo que mi experiencia me dice que no hay ningún vestuario en el mundo en el que todo el mundo se lleve perfectamente bien, por mucho que después digan que sí, que eran todos muy amigos y que había un ambiente extraordinario.

  • ¿Cómo se produce su salida del club y su retirada?

El principio de mi retirada comenzó en el Cádiz, llegó Milosevic y esa es otra de las cuestiones de las que hablo mucho: los preparadores físicos. Teniendo en cuenta que, cuando estaba en el Madrid juvenil, tuvimos a Paredes como preparador físico, un campeón de Europa. Jesús se dedicaba al juvenil y a otro equipo. Era la primera promoción de INEF. Estoy hablando de los años 1974 y 1975, si no me equivoco. Bueno, pues yo también he estado en equipos sin preparador físico. En el Hércules, por ejemplo, tuvimos a un amigo del entrenador, a un compañero suyo, haciendo de preparador físico. Y no sé si el masajista era también el médico. La organización era muy diferente.

Cuando llegué al Cádiz, Milosevic llegó y empezó a hacer unos entrenamientos que, para mí, eran una auténtica barbaridad. Antes de salir a entrenar, todo el mundo tenía que hacer saltos llevando las rodillas al pecho, con las botas puestas y sobre un terreno duro. Yo ya tenía 28 años. Entonces se me produjo una fascitis. Míchel, el del Madrid, tuvo una lesión de ese tipo. 

Ahora esos ejercicios se hacen con zapatillas y con una superficie acolchada debajo para amortiguar los saltos. Pero en aquella época no era así. A mí se me produjo una lesión que me causaba muchísimo dolor. Empezaron a infiltrarme. Yo les decía que no podía ni andar, que aquello me dolía muchísimo y que no entendía qué me estaba pasando. Pero me decían que aguantara.

Después, David Vidal se hizo cargo del equipo, que estaba luchando por mantenerse en Primera División con el Cádiz. No es que me obligara a jugar, porque yo ya era mayor y sabía lo que hacía, pero me infiltré para poder seguir. Me infiltraron por la parte inferior del pie, que es una barbaridad, y me pusieron cortisona y demás.

Después, aquella lesión se me reprodujo en el Elche. La fascitis había mejorado y pude jugar durante toda la primera temporada, aunque en alguna ocasión tuve que volver a infiltrarme. Conseguimos el ascenso a Primera División, pero después, con los entrenamientos, la edad y mil factores más, la lesión volvió a aparecer.

Al final, fue una fascitis la que me retiró del fútbol. Aquello me perjudicó mucho. De hecho, todavía hoy no puedo estar de pie durante demasiado tiempo.

Aun así, guardo una anécdota preciosa. Una de las mejores cosas que me han dicho en mi vida fue algo que ocurrió antes de un partido. Yo le había dicho a Lico que durante toda la semana no podía entrenar y que tenía que infiltrarme para poder jugar. Él me contestó que fuera de todas formas. Entonces, en la caseta, antes de salir al campo, se dirigió a mis compañeros y les dijo algo así como: «Sabéis que está infiltrado y que no puede ni andar. Cuando se le pase el efecto, hay que cambiarlo». Después les dijo que solo quería que me escucharan. 

Aquello me impactó muchísimo. Son cosas que se te quedan grabadas. Benito Sánchez también me decía algo parecido: «Háblame, Juan, háblame». Desde mi posición de líbero veía el fútbol de otra manera. Hay aspectos del juego que, desde el centro del campo o desde la delantera, quizá no se aprecian tanto. Desde atrás puedes ver la jugada completa.

Así que mi retirada se produjo porque la fascitis no me dejaba entrenar y, después, empezaron las dudas sobre mi estado físico. Finalmente, se acabó el contrato. Además, no me pagaron lo que me debían y tuve que denunciar al club al año siguiente. En aquella época, la AFE era una asociación de futbolistas de verdad, un sindicato que defendía a los jugadores. Había que tener los contratos firmados y cumplir una serie de requisitos.

De todas formas, guardo buenos recuerdos y tengo buenos amigos allí. No estaba en la misma posición que los directivos, y el Elche tampoco era un club con una gran solvencia económica. Había que pelear mucho para cobrar. Al final, tuvieron que pagarme a través de la AFE.

Pero yo quiero quedarme con los buenos recuerdos. Como te he dicho antes, tengo la insignia del Elche y, cuando he ido a actos de reconocimiento, he recibido muchísimo cariño. He sido jugador del Elche durante tres años y estoy muy orgulloso de ello.

  • Para quienes no le vieron jugar, ¿cuáles diría que eran sus mayores virtudes dentro del terreno de juego para haber sumado más de 140 partidos en la élite?

La intuición. Yo intuía lo que iba a pasar. Muchas veces entendía la jugada un segundo antes que los demás. Después estaba mi lentitud, porque yo era muy lento y, por eso, a veces no llegaba. Pero entender el partido, lo entendía.

El líbero era una posición bastante incómoda. Al principio jugué en el centro del campo y después como interior izquierdo. Y, macho, para jugar en el centro del campo hay que sufrir como un cerdo. En defensa también hay que saber marcar y tener condiciones para ello. La colocación también era importante, aunque hoy quizá cueste entenderlo. Yo jugaba de líbero y tenía que ayudar en todas las jugadas y a todos mis compañeros. Ahora los centrales tienen otras responsabilidades y se les exige marcar de una manera diferente.

Ayer estuve hablando con Javi y comentábamos que marcadores como él ya no hay. El otro día, además, mi nieto, que tiene diez años, me decía que salía en la televisión con el Cádiz y que habíamos ganado el Trofeo Carranza. También me encontré por la calle con un antiguo compañero del que fui entrenador, y me dijo: «Míster, ¡cómo te lo pasabas!».

Yo creo que no era mal jugador, pero mi mayor virtud era entender el juego. Eso era lo que me diferenciaba.

Creo que los dos años en el Madrid juvenil fueron fundamentales. Yo venía de jugar en un equipo pequeño y, durante los dos o tres primeros entrenamientos con el Madrid juvenil, acababa vomitando. El ritmo era tremendo. De todos los jugadores que estaban conmigo en el Madrid, casi todos llegaron a jugar en Primera División, salvo algunos de los mejores, que no llegaron porque sus carreras se torcieron por diferentes motivos.

  • ¿Qué es de su vida actualmente y sigue la actualidad del club?

Cuando me vine de Cádiz, me puse con una pastelería. La llevé durante bastante tiempo, pero cuando llegó el cierre por la pandemia, la cerré y punto. Ahora me dedico a ser abuelo de mis cinco nietos. También hago algo de bricolaje, de vez en cuando. 

Pero es que el fútbol ya no tiene memoria. Ir a ver al Hércules y tener que pedir una entrada por favor, o ir a ver al Elche y tener que hacer lo mismo, no lo hago. No es que me aburra el fútbol, pero sí me aburre el circo del fútbol. 

Por eso no hago nada relacionado con el fútbol. Fui entrenador, pero cogí a un equipo que estaba décimo y lo puse primero. Tuvimos unas discusiones con la gente de arriba, les dije de todo y al día siguiente me echaron.

Yo he tenido problemas en todos los equipos. Siempre he tenido conflictos porque no he permitido que determinadas cosas entraran en el terreno de juego. He intentado evitarlo; unas veces lo he conseguido y otras no. Pero he sido polémico no por dar problemas, sino precisamente por lo contrario: por intentar que el vestuario no se contaminara con determinadas cuestiones. Y de esa faceta estoy orgulloso.

  • ¿Mantiene relación con antiguos compañeros del Elche y quién fue el mejor jugador con el que compartió vestuario en el Elche CF?

En el Elche, indudablemente, para mí era Claudio. Era un jugador que estaba empezando, que se dejaba llevar, que aprendía continuamente, hora tras hora. Su evolución me causó una impresión brutal. Y también estaba Javi, mi central, que era un futbolista que jugaba con una sencillez y una naturalidad que asustaban. Tenía unas condiciones físicas extraordinarias. Pero éramos un equipo en el que había muchos buenos jugadores. Bracun era un buen futbolista. Benito Sánchez se mataba a correr, obedecía mucho y aprendía muchísimo.

Había muchos jugadores, como Cepeda y otros compañeros. Éramos un equipo muy disciplinado. No podría destacar a nadie como imprescindible, porque cualquiera podía jugar. Incluso cuando yo no jugaba, lo hacía Javi y rendía fenomenal. El equipo era muy bueno. Aun así, creo que Claudio estaba por encima de todos. Después llegó a ser internacional. Hacía cosas con el cuerpo, se doblaba como una culebra y tenía una capacidad extraordinaria para moverse. Insisto en que marcaba goles de cualquier manera.

  • Vivió los mejores años del Hércules en Primera y devolvió al Elche a la élite, si tuviera que elegir un momento o un escudo, ¿con cuál se quedaría?

Desde el punto de vista deportivo, los dos ascensos fueron momentos extraordinarios.

Todo el mundo nos invitaba y aquello fue una locura. En Elche ocurrió algo parecido. La ciudad estaba llena de gente, y la afición rodeaba el autobús, que iba de un lado a otro. Había tanta gente que hasta nos daba miedo bajar. Hubo que organizar la situación y tomar decisiones sobre cómo hacerlo. Fue tremendo, espectacular.

Desde el punto de vista deportivo, diría que en el Hércules jugábamos a no perder fuera de casa y a ganar en nuestro campo. Mientras que en el Elche éramos un equipo campeón. Se respiraba la sensación de que podíamos ganar cualquier partido.

Sin embargo, los recuerdos de tristeza también pesan mucho. Recuerdo estar lesionado, escuchar la radio y oír cómo el Hércules descendía a Segunda División. Se te saltan las lágrimas. Y con el Elche ocurre lo mismo. Cuando ves que todo se hunde, que las cosas que funcionaban el año anterior dejan de funcionar, que cada uno va por su lado y que la situación acaba pasándote factura, es muy duro. Quizá esos recuerdos negativos terminan pesando más que los buenos, aunque los ascensos fueran una alegría enorme. A veces la sensación de fracaso se te queda dentro durante más tiempo.

También recuerdo algún partido destacado, como el gol que le marcó el Barcelona al Hércules, aunque, para mí, lo que más sobresale es el espíritu de aquellos equipos. En el Elche tengo fotografías en las que se ve que hasta teníamos aspecto de ganadores. Le dieras la pelota a quien le dieras, la quería. Era una mentalidad de ir siempre hacia delante. Y, cuando surgía una adversidad, el vestuario se enfrentaba al problema y lo solucionaba.

El ascenso del Elche fue, para mí, mucho más gratificante que el del Hércules, que fue bastante más sufrido. Con el Hércules jugábamos partidos que terminaban 0-0 fuera de casa. Nos lanzaban dos mil pelotazos y todo el mundo se metía atrás. Poníamos el autobús, mandábamos el balón hacia delante.

En el Elche era diferente. El equipo llegaba, encontraba el gol y seguía insistiendo. Íbamos hacia delante una y otra vez. Por eso estoy muy, muy, muy contento de haber jugado en el Elche.

Estoy orgulloso de mi trayectoria y, especialmente, del Elche. Lo que más me queda es el recuerdo del trato que recibí. A mí me trataron especialmente bien, aunque no puedo decir que todos recibieran el mismo trato. Ser jugador del Elche es algo que llevo con orgullo.  Fíjate: estuve siete años en el Hércules y no tengo la insignia de oro y brillantes del club. Sí tengo el trofeo al mejor jugador del año del ascenso, que también es un reconocimiento importante.

Ahora mi nieto es quien se fija en estas cosas. Se da cuenta de que tengo el trofeo al mejor jugador del Hércules y que, en cambio, del Elche tengo la insignia de oro y brillantes. También ve cómo se comportó el Elche conmigo y la alegría que vivió toda la ciudad cuando el equipo consiguió el ascenso después de tantos años.

  • ¿Qué valoración hace de su etapa en el Elche CF y qué ha significado para usted vestir la camiseta franjiverde y ser capitán?

Para mí, ha sido un orgullo. Lo digo sinceramente: estoy muy orgulloso, sobre todo por el trato que recibimos. En aquella época se intentaba que el Elche fuera un club cada vez más profesional, y nosotros también lo pedíamos.

¿Qué recuerdo del Elche? Sobre todo, cómo me trataron durante aquella temporada del ascenso, cuando éramos un equipo campeón. Éramos los mejores jugadores de Segunda. Salías en los periódicos y leías titulares sobre la elegancia de uno, los goles de otro o la manera de jugar de aquel compañero. Aquella semana yo no podía estar más feliz.

También recuerdo las amistades que hice, especialmente la que tuve con Lico y Marcial son fútbol en estado puro. Estar un rato con ellos era una maravilla. En el Hércules también conocí a gente estupenda, pero del Elche solo puedo hablar bien.

Y, respecto a la insignia de oro y brillantes, lo importante para mí no es la insignia en sí, sino haber ascendido con el Elche. Eso no me lo puede quitar nadie. Que le guste o no al aficionado del Hércules, al del Murcia o a quien sea, yo ascendí con el Elche. No recuerdo exactamente el año, pero he jugado en Primera y en Segunda División, he disputado casi trescientos partidos, he marcado goles en propia puerta y también le he marcado al Barcelona. Esa es mi historia.

Estoy muy orgulloso de haber jugado en el Elche porque soy de esta zona. He jugado con la camiseta del Elche y con la del Hércules, y también he disputado partidos contra equipos como el Cartagena y el Torrevieja. Entre el Hércules y el Elche pasé diez años aquí. No voy a hablar mal del Hércules en Elche ni mal del Elche en Alicante. Para mí, haber estado diez años entre ambos clubes es un honor. Si hubiera pasado un año más en Orihuela, habrían sido once años en esta zona.

Hace poco cené con Sarabia en un acto relacionado con el ciclismo. Le dije que su padre era un «rompehuevos» y se echó a reír. Le comenté que era un pesado, porque aquel regate era suyo: pisaba la pelota y se la llevaba con el otro pie. Sí, era muy bueno, pero también era un rompehuevos.

  • Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría mandar a la afición del Elche CF y cómo le gustaría ser recordado por los aficionados?

La memoria es muy frágil y la gente acaba olvidándose de los grandes jugadores. Si estuviste tres años en un equipo, quizá no recuerden tu nombre. Pero haber vivido aquello con esa gente es algo que no se olvida. Tengo una fotografía preciosa del partido posterior al ascenso, cuando ya estábamos en Primera, con el campo rebosante. Fue una alegría enorme para toda la ciudad de Elche. Puede que la gente no recuerde mi nombre en concreto, pero todavía hay quienes vivieron aquello. El otro día, por ejemplo, alguien me contó que su padre me había reconocido por mi etapa en el Elche. Él no me conocía personalmente, pero su padre sí había vivido aquel ascenso y se acordaba.

A la afición le diría que esté con el equipo. La afición es muy importante. El futbolista escucha cosas que quizá en otro momento pasan desapercibidas. Cuando hay murmullos en el campo, se notan. Que la afición esté con el equipo es básico.

Creo que el propietario argentino del Elche lo está haciendo muy bien, porque está construyendo un club y haciendo partícipe a la gente. Yo veo que el campo suele tener una entrada fantástica. Y Elche, con esa ciudad y ese estadio, tiene muchísimo potencial. En mi época había gente que guardaba dinero debajo de la cama, pero el club no funcionaba como una entidad bien organizada. Ahora sí. Por eso le pediría a la afición que esté con el club, que la camiseta del Elche sea la primera y que entienda que apoyando al equipo es como se consiguen las cosas. Se lo pediría a la afición, pero también a todo el mundo.

Una vez hablé con un periodista de Alicante que ya ha fallecido, víctima del cáncer. Le pregunté por qué no apoyaba al equipo de forma incondicional. Él me respondió: «¿Tú quieres que yo mienta?». Y yo le dije que no le estaba pidiendo que mintiera, sino que, si quería ser un periodista de primera división, tenía que conectar con la gente. Si solo conectas el día del Madrid o del Barça, no basta. No le estaba pidiendo que fuera un pelota, sino que entendiera que se puede informar y, al mismo tiempo, ayudar a construir un club.

Hay una frase que me gusta mucho, de una conversación sobre política. Uno le pide al otro un informe sobre Cartagena y le pregunta si lo quiere bueno o malo. El otro le responde que puede hacer un informe favorable o uno demoledor. Pues en el fútbol pasa algo parecido: no hay que mentir, pero sí hay que poner en valor las cosas que están bien, llamar por teléfono para decir las que están mal y buscar soluciones, en lugar de repetir constantemente que todo va mal. Así se construye un club.

Eso es lo que tuvimos durante el año en Segunda: íbamos todos a una, todos juntos, hasta la prensa. En el segundo año, ya en Primera, empezamos a encajar goles y a fallar, y todo se vino abajo. Éramos prácticamente los mismos. Por eso, quiero felicitar a la afición y a la gente que está al frente del club. El Elche lleva unos años fantásticos y no se puede pretender mucho más, salvo que se produjera un giro radical y llegara el Manchester City a invertir miles y miles de millones, incluso para perder dinero. Eso no va a pasar.

Lamento que el propietario sea argentino, y te lo digo sinceramente. Me da pena porque creo que en Elche hay gente capacitada para llevar el club de manera extraordinaria. Pero, si es argentino, árabe o de donde sea, lo importante es que el equipo esté ahí. Por supuesto, hay que felicitarlo por lo que está consiguiendo. He ido a partidos y se ve buen fútbol. El campo está fenomenal y los accesos han mejorado muchísimo, aunque podrían haberse hecho mejor. En definitiva, felicito al Elche por su trayectoria reciente.

Estoy muy orgulloso de haber pertenecido al club, y de alguna manera sigo sintiéndome parte de él. Nadie me puede quitar haber estado allí, haber salido al campo por aquel túnel y haber vivido esos tres años.

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