HISTORIA

Elche, tierra de olivos: cuando el aceite era oro líquido y el jabón, una industria esencial

Más allá de las palmeras, una historia enraizada en la tierra
FacebookTwitterWhatsApp
Iván Hurtado
06 de abril de 2025 - 00:00
Museo de Puçol

Elche siempre ha estado íntimamente ligada a la imagen de la palmera. Sus huertos, reconocidos por su singular belleza, han sido durante siglos una parte inseparable de su identidad. Sin embargo, entre tanta palmera también crece otra especie con una historia rica y profunda: el olivo. Este árbol, menos visible pero igualmente importante, ha formado parte del paisaje, la economía y la vida cotidiana ilicitana desde hace siglos.

Durante el siglo XVIII, la presencia del olivo en Elche alcanzó un nivel notable. Según relata el Museo de Puçol, el botánico Antonio José Cavanilles describía en 1791 los alrededores del municipio como un bosque extenso de olivos. Por aquel entonces, este cultivo rodeaba el núcleo urbano y era esencial para muchas familias, no solo por el fruto que ofrecía, sino también por las posibilidades económicas que brindaba a través de la producción de aceite.

Un trabajo compartido que unía a generaciones

La recolección de la aceituna se vivía como un momento importante del año. Era una tarea marcada por el esfuerzo y la colaboración entre todos los miembros de la familia. En los meses de otoño, hombres, mujeres y niños se unían en los campos para recoger el fruto con técnicas tradicionales, muchas de las cuales han sobrevivido hasta hoy. Cada aceituna recogida representaba una parte del sustento familiar y un eslabón más en una cadena que culminaba en las almazaras.

Allí, el proceso para convertir las olivas en aceite se desarrollaba de forma completamente artesanal. Tras la limpieza de los frutos, eran molidos mediante grandes piedras movidas por animales. El jugo que se extraía se recogía cuidadosamente en balsas, donde el aceite, al ser más ligero que el agua, se separaba de manera natural. El producto que se obtenía era aceite de oliva virgen, un alimento básico y valioso, utilizado no solo en la cocina, sino también como remedio casero, fuente de energía y base para otros productos.

Cuando el aceite también limpiaba

La importancia del aceite no terminaba en la mesa. En Elche existió una floreciente industria jabonera que aprovechaba el aceite como ingrediente principal para la elaboración de jabón. Esta actividad, que alcanzó su auge en los siglos XVIII y XIX, producía grandes cantidades de jabón tanto duro como blando, necesarios para la higiene diaria en una época en la que los productos industriales aún no habían llegado.

La fabricación del jabón era todo un arte que combinaba saberes tradicionales y aprovechamiento de recursos locales. Además del aceite, se utilizaba sebo animal y una sustancia clave: la sosa cáustica. Esta no se compraba ni se traía de fuera. Se obtenía quemando plantas barrilleras, que crecían en suelos muy salinos, como los que abundaban en la zona de la actual Vereda de Cendres. De estas cenizas se extraía la sosa que, mezclada con el aceite, daba lugar a un jabón natural, suave y aromático, que formaba parte del día a día de los hogares ilicitanos.

Una tradición que aún resiste al paso del tiempo

Aunque el paisaje de Elche ha cambiado y la modernización ha transformado muchas prácticas agrícolas, el vínculo con el olivo sigue vivo. Hoy en día, las almazaras son pocas, pero continúan activas y mantienen ese legado. Entre ellas destacan almazaras como El Tendré, con una historia familiar que mira al futuro sin perder sus raíces; Candela, que combina tradición e innovación para obtener un aceite de gran calidad; o El Envero, centrada en producir aceite ecológico con un profundo respeto por el entorno.

Cada año, miles de kilos de aceitunas pasan por estas almazaras, gracias a familias ilicitanas que, generación tras generación, siguen cultivando sus olivos y participando en la recolección. Aunque hoy se cuente con maquinaria moderna, el espíritu sigue siendo el mismo: un profundo respeto por la tierra y por lo que ofrece.

La historia del olivo en Elche es, en realidad, la historia de una comunidad que ha sabido vivir de lo que la naturaleza le brindaba. Es el testimonio de un saber compartido, de una economía construida con esfuerzo y de un modo de vida que, a pesar del paso del tiempo, se niega a desaparecer. En sus raíces, aún firmemente clavadas en la tierra, el olivo sigue contando la historia de un Elche que no olvida de dónde viene.

Fuente: Museo de Puçol

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Nuevo banner Pepe Ruiz Torres